Anela,
yo soy tu ya-vé.
Soy el que lavastes tú.
Con el sedoso,
fuerte como crin.
Ahora yo te digo,
ven a mí.
Al amor de tú vida.
Tuyo seré.
Por siempre.
Comencemos ahora,
deseosa Anela.
Como tú digas;
entre la oreja y el meñique.
Mi jazmín te embeodará.
AMADEA III
¡Qué hermosa estás!
Dentro de esa piel,
que ni es fina o tersa,
su mérito es, la tuya és.
En ese lugar de blanco-dolor.
Hilvanas con amor.
En la seguridad,
disfrutará Flor de Loto.
Tú cantarinidad no cede con el paso del tiempo.
Siempre serás la misma,
de aquel día de viento.
Sonrosada falda y muslos,
tus anheladas manos la bajaba y...
Por siempre quedé embebido.
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