Nada más verte.
Ganas me entraron;
de coger tu cara entre mis manos, y...
despacito saborear tus enzimas.
Tú en la silla baja,
yo sobre la mesita.
Ellos diciendo ¡niña acuérdate!
De Flor de Loto
Culpable me sentí,
un salto pegué.
Ella me tenia mordido el labio
Era menos dolor;
que romper el bamburoso hogar,
de tan joven nelumbita.
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