Lunes, 18 de febrero de 2008


Lydia



A Lydia, desde que era bien pequeña, le enseñaron a estar bonita. Siempre estaba elegante y con una profunda sonrisa. Su madre era una mujer bella y presumida. Su abuela estaba cansada y vieja, pero con la misma belleza que cuando era joven. Todas ellas tan bonitas y tan señoras. Y Lydia, que no sabía nada de la vida, no encontraba ninguna razón para estar todo el día pendiente de su imagen.
Un día su abuela se puso enferma. Todas las noches su abuela le llamaba desde su habitación para que le ayudara a peinarla. Se soltaba el pelo y Lydia se lo cepillaba de arriba hacia abajo. Tenía el pelo gris, pero fino, largo hasta las rodillas. La nieta se sorprendió al ver que su abuela, se lavaba la cara en su tocador, pero luego se echaba un poco de polvos en las mejillas, aunque no muchos como durante el día.
- Abuela... ¿Por qué hay que estar siempre guapa?
- La verdad, es que yo a tu edad tampoco lo entendía muy bien, pero con los años lo voy sabiendo todo mejor. Mira, - - ¿Te acuerdas de tu tía jazmín?
- Sí, bueno, no mucho... Se fue lejos cuando yo era pequeña.
Ella murió, la muerte se la llevó una noche de primavera
- ¿Que me quieres decir con esto abuela?
- Que has de estar guapa para cuando llegue la muerte. Nunca sabemos cuando llegará, por eso siempre, pase lo que pase, has de estar bonita.
- Pero, ¿Por qué? ¿Si eres atractiva vas a un sitio mejor? - - - No lo entiendo abuela.
- No, vas al mismo sitio que todos los demás, pero todos te recuerdan como la más bella y elegante.
- Y eso que más da. Lo importante es que te recuerden los que te quieren. Yo te recordare por ser mi abuela, no por ser bonita y elegante.
Semanas más tarde, su abuela murió. Y años más tarde su madre. Las dos, guapas y elegantes hasta el ultimo día. Pero ella seguía sin entender el porque, aunque ahora ya era una adulta. Y aunque no entendía el motivo, ella seguía siempre tan elegante y bonita como le habían enseñado.
Pasaron los años y ya era vieja. Y una noche de otoño le llego el momento.
Alguien vio que su cuerpo elegante y bello se quedaba en la cama donde se había dormido esa misma noche. Y ella solo era un alma, sin elegancia, sin rostro.

 


Tags: ANA SÁNCHEZ SERRANO

Publicado por gala2 @ 20:54  | RELATANDO
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