Romance encadenado, con un acróstico interno que forma un ovillejo
“Como una Hoja”
Al Padre José Aurelio Fernández
Un recuerdo (Nov.de 1971)
Tornaba sus pasos tras el Hno. Francisco el Bueno,
¿Triste?, ¡No! , iba llorando, pero era de alegría
-como desprendida hoja cae al peso del sereno-,
pues Francisco , le llevara con Cristo y María
¿Quién se opone a lo que en su mente se taladre?
¡Padre! no tengáis congoja, os dejo el alma mía.
Antes seminarista. Enferma, pero descubre…
¿Será otra hoja –de vida- desprendida y yo no se?
José acepto lo incomprensible, él, eso lo cubre.
Como buen predicador, decíase, no fracasé
daba gusto escucharle con su acento y leísmo
saboreando la pobreza, estrecheza, decíase
Dentro del remanso impasible del cristianismo
¿Qué sería no vivir en la vida el evangelio?
Aurelio aceptó, su paso manda al Catecismo.
Cristo, María, Francisco, que Sagrado misterio
bifurcaciones que acepta y toma mansamente
hasta que se resulte impregnado en su concilio
perdonaba faltas y miserias sabiamente
con juventud seráfica, piadoso rezara,
cerramos la hoja del libro, con rostro doliente.
Era hijo de Fernández, que así se apedillara
Y de Socorro, mujer de mucha fe y pasión
él, José Ma. Que el padre González bautizara
Siempre “para todo uso” presenta una oración
el frailecito que siempre esboza una sonrisa
sobre su siempre, grueso gabán, un medallón
En la iglesia se celebraba su última misa,
las campanas lloraban como un ultimo ruego
porque ven que la parca se acerca muy aprisa
No le decimos adiós, yo le digo hasta luego
Pues quizás por tanto calor se lo comió el clima
Pero el Padre José Aurelio vivirá en mi ego.
Ovillejo:
¿Quién se opone a lo que en su mente se taladre?
Padre
¿Será otra hoja –de vida- desprendida, y yo no se?
José
¿Qué seria no vivir en la vida el evangelio?
Aurelio
Tornaba sus pasos tras el Hno. Francisco el Bueno,
Dentro del remanso impasible del cristianismo
-como Desprendida hoja cae al peso del sereno-,
El Padre José Aurelio
Poema Épico
"Tecum Umán"
El ave de plumas verde-esmeralda
vuela sobre el Señor de Utatlán,
dice, de San Martín Zapotitlán
que con Xetulul, doblaron su espalda.
--
Ensordecedor es el llanto de Tun,
lluvia de gritos, o cantos del timbal,
en Xelajúj Noj, despierta al quetzal;
diez jefes, eligen guía común.
--
Un adalid quiché, fiero capitán
que blindará con arrojo y valentía
desde la cuesta de Santa María;
a quienes vienen de Totonicapán. --
Con sus bestias entraron por Xelajú
miles de hombres de armas, caballo,
un sujeto con su rubio cabello...
es Pedro de Alvarado, es Tonatiú.
--
Es lluvia de truenos, en suelo frío
resuenan tambores con grito fiero,
muy dispar batalla, grande guerrero
Sangrienta batalla, dispar poderío.
--
Soberbio Rey quiché, Tecum Umán,
con su pueblo y solamente una lanza;
6 días de furia libró con pujanza
frenando jacas, parando al caimán.
--
Fue un infausto veinte de febrero
del año mil quinientos veinte y cuatro,
de cuando en la cumbre se formo un teatro...
cuando su Nahual de verde plumero,
--
agotado por tan cruenta batalla
vio a Tecum Umán, morir de un disparo
de flecha, certero, y en su desamparo;
vio el cielo, héroe, cómo el ataque falla.
--
Lentamente, en sangre, cayo el pedernal.
--
La casa Ixquin Nehaib, quedó de luto,
Shelajúj Noj pasará a la historia
llano del Pinal; Urbina; Santa Lucía;
Sak´Kahal, todo quedara escrita.
--
Hoy la marimba la vida acrisola
y juramos los Cavék; Tzutuhiles;
Mames; los orgullos Kakchiqueles...
"La cruz de Pakaj, nunca dejar sola"
Triduo Pascual
Se abre el Triduo Pascual,
el pórtico misterioso,
Eucaristía y sacrificio,
festejo, venida anual.
Tu, mi maestro de servicio.
Tu mi ejemplo de caridad.
Tu “El que Sirve” de verdad,
Mi “Edicto nuevo”, mi vicio.
Eres mi cuerpo, mi sangre,
mi huerto de los Olivos,
sangre y cuerpo, mis suspiros,
mi pasión, amor en grande.
Sirvo a tu cruz Padre mío,
a la oración universal
Misterio Místico real,
victoria al pecado mío.
Tu amor siento, toco y miro,
la salvación así avanza,
amor, entrega, esperanza,
tus lecciones… mi suspiro.
Veo al pié de la cruz a María,
OH, Jesús crucificado
una llaga en tu costado
que te sangra aun hoy día.
Hoy se ha apagado la música,
he quitado los adornos,
hay silencio en los contornos
hora de la liturgia mística.
Como Luz es su palabra,
un cirio blanco se enciende,
es el agua que se entiende
nuestro bautisterio hoy abra.
¡Qué dolor el de la Madre!
“Su hijo en el sepulcro frío”
-tres días y estará vacío-
“Regresará, nuestro Padre”
El Quetzal
Sobrevuela coronando el Quiché
bañándolo con lluvia de esmeraldas,
no envidia la belleza de guirnaldas
ni realeza de campos de café.
Esta ave, joya, de apariencia exótica
que presume multicolor plumaje
como símbolo contra el vasallaje,
surca sobre la espesa gleba atlántica.
Pequeño trógono de enormes colas
que en la selva tiene hogar hermético,
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