Jueves, 14 de febrero de 2008

Romance encadenado, con un acróstico interno que forma un ovillejo



“Como una  Hoja”


Al Padre José Aurelio Fernández


Un recuerdo (Nov.de 1971)


 


Tornaba sus pasos tras el Hno. Francisco el Bueno,


¿Triste?,  ¡No! ,  iba llorando, pero era de alegría


-como desprendida  hoja cae al peso del sereno-,


 


pues Francisco , le llevara con Cristo y María


¿Quién se opone a lo que en su mente se taladre?


¡Padre! no tengáis congoja, os dejo el alma mía.


 


Antes seminarista.  Enferma,  pero  descubre…


¿Será otra hoja –de vida- desprendida  y  yo no se?


José acepto lo incomprensible,  él,  eso lo cubre.


 


Como buen predicador, decíase, no fracasé


daba gusto escucharle con su acento y leísmo


saboreando  la  pobreza,  estrecheza, decíase


 


Dentro del  remanso  impasible del cristianismo


¿Qué sería no  vivir en la vida el  evangelio?


Aurelio aceptó,   su paso manda  al Catecismo.


 


Cristo, María, Francisco, que Sagrado  misterio


bifurcaciones  que acepta y toma mansamente


hasta que se resulte  impregnado en su concilio


 


 perdonaba faltas y miserias sabiamente


con juventud seráfica, piadoso rezara,


cerramos la hoja del libro, con rostro doliente.


 


Era hijo de Fernández, que así se apedillara


Y de Socorro, mujer de mucha fe y pasión


él,  José Ma. Que el padre González bautizara


 


Siempre  “para todo uso” presenta una oración


el frailecito que siempre esboza una sonrisa


sobre  su siempre, grueso  gabán,  un medallón


 


En la iglesia se celebraba su última misa,


 las campanas lloraban como un ultimo ruego


porque ven que la parca se acerca muy aprisa



 


No le decimos adiós, yo le digo hasta luego


Pues  quizás por tanto calor se lo comió el clima


Pero  el Padre José Aurelio vivirá en mi ego.


 



                                           Ovillejo:


¿Quién se opone a lo que en su mente se taladre?


Padre


 


¿Será otra hoja –de vida-  desprendida,  y  yo no se?


José


 


¿Qué seria no  vivir en la vida el  evangelio?


Aurelio


 


Tornaba sus pasos tras el Hno.  Francisco el Bueno,


Dentro del  remanso  impasible del cristianismo


-como Desprendida hoja cae al peso del sereno-,


El Padre José Aurelio


 


 


  


Poema Épico


"Tecum Umán"


 


El ave de plumas verde-esmeralda


vuela sobre el Señor de Utatlán,


dice, de San Martín Zapotitlán


que con Xetulul, doblaron su espalda.


 --


Ensordecedor es el llanto de Tun,


lluvia de gritos, o cantos del timbal,


en Xelajúj Noj, despierta al quetzal;


diez jefes, eligen guía común.


 --


Un adalid quiché, fiero capitán


que blindará con arrojo y valentía


desde la cuesta de Santa María;


a  quienes vienen de Totonicapán. --


Con sus bestias entraron por Xelajú


miles de hombres de armas, caballo,


un sujeto con su rubio cabello...


es Pedro de Alvarado, es Tonatiú.


 --


Es lluvia de truenos, en suelo frío


resuenan tambores con grito fiero,


muy dispar batalla, grande guerrero


Sangrienta batalla, dispar poderío.


--


Soberbio Rey quiché, Tecum Umán,


con su pueblo y solamente una lanza;


6 días de furia libró con pujanza


frenando jacas, parando al caimán.


 --


Fue un infausto veinte de febrero


del año mil quinientos veinte y cuatro,


de cuando en la cumbre se formo un teatro...


cuando su Nahual de verde plumero,


 --


agotado por tan cruenta batalla


vio a Tecum Umán, morir de un disparo


de flecha, certero, y en  su desamparo;


vio el cielo, héroe, cómo el ataque falla.


 --


Lentamente, en sangre, cayo el pedernal.


 --


La casa Ixquin Nehaib, quedó de luto,


Shelajúj Noj pasará a la historia


llano del Pinal; Urbina; Santa Lucía;


Sak´Kahal, todo quedara escrita.


-- 


Hoy la marimba la vida acrisola


y juramos los Cavék; Tzutuhiles;


Mames; los orgullos Kakchiqueles...


"La cruz de Pakaj, nunca dejar sola"


 


  


Triduo Pascual


 


 


Se abre el Triduo Pascual,


 el pórtico misterioso,


Eucaristía y sacrificio,


festejo, venida anual.


 


Tu, mi maestro de servicio.


Tu mi ejemplo de caridad.


Tu “El que Sirve” de verdad,


Mi “Edicto nuevo”, mi vicio.


 


Eres mi cuerpo, mi sangre,


mi huerto de los Olivos,


sangre y cuerpo, mis suspiros,


mi pasión, amor en grande.


 


Sirvo a tu cruz Padre mío,


a la oración universal


Misterio Místico real,


victoria al pecado mío.


 


Tu amor siento, toco y miro,


la salvación así avanza,


amor, entrega, esperanza,


tus lecciones… mi suspiro.


 


Veo al pié de la cruz a María,


OH, Jesús crucificado


una llaga en tu costado


que te sangra aun hoy día.


 


Hoy se ha apagado la música,


he quitado los adornos,


hay silencio en los contornos


hora de la liturgia mística.


 


Como Luz es su palabra,


un cirio blanco se enciende,


es el agua que se entiende


nuestro bautisterio hoy abra.


 


¡Qué dolor el de la Madre!


“Su hijo en el sepulcro frío”


-tres días y estará vacío-


“Regresará, nuestro Padre”


 


 


 


    El  Quetzal


 


Sobrevuela coronando el Quiché


bañándolo con lluvia de esmeraldas,


no envidia la belleza de guirnaldas


ni realeza de campos de café.


 


Esta ave, joya, de apariencia exótica


que presume multicolor plumaje


como símbolo contra el vasallaje,


surca sobre la espesa gleba atlántica.


 


Pequeño trógono de enormes colas


que en la selva tiene hogar hermético,


Tags: RAFAEL MÉRIDA

Publicado por gala2 @ 19:13  | POEMAS
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