AMORES AZUFRADOS
En esa soleada tarde del domingo
de la tercera semana de abril,
- de aquel año festivo y caluroso –
ella se encontraba sentada
(quieta como mármol)
observando el juego de los perros.
Entre tanto,
el viento con sus largos brazos
mecía el follaje de los árboles
de aquel jardín de trazos puntillosos.
Hojas muertas
se desprendían de las ramas y volaban
formando un gran otoño de trópico.
Los niños jugaban en vestido de baño
corrían detrás de una mariposa;
saltaban brincaban y alegres se tiraban
–los unos a los otros-
papeles y pelotas de caucho.
Luego, se sumergieron en la piscina
en tremendo alboroto.
Un pájaro de tricolores plumas,
desde la catleya,
entonó una brillante melodía
iluminando todo el entorno
con aires de calidez eterna.
El Sol estaba cansado, más que de costumbre
y, de vez en cuando replegaba sus rayos.
Pronto, todo quedó bajo el concierto
de los peculiares insectos.
La Luna tenue y misteriosa,
acarició las sombras
de la recién despierta noche.
Ella continuó sentada y quieta
–como la mujer de Lot-
sin la menor expresión de nada.
Sólo su alma se rebullía
en un paisaje de velos,
de vapores fantasiosos,
de aves gigantescas
residentes de los infiernos.
Más allá de las ventanas de su casa,
más allá del río, lejos del bosquecillo
y, de la llanura de la villa,
una persona su halo contemplaba.
Era para él un susurro de cometa
que atravesaba el firmamento
regando a su paso,
copos de nieve, escarcha de mil colores
que llenaban el vacío de este mundo
de vanas esperanzas.
Cuánto deseaba en ese momento
tenerla entre sus brazos.
Ella, por su parte,
había insistido en lo imposible de aquel encuentro.
Cómo recordaba la última vez
en que se amaron juntos.
Él, nunca antes había sentido
placer tan profundo. Era algo endemoniado.
La noche despreocupada
consumía la Tierra en su instante más hondo
mientras miraba a la Luna plácida y blanca.
Finalmente,
- la mujer inmóvil - subió a su alcoba
se recostó en la cama,
frente a un grande y labrado espejo,
rociando con perfume
y llenando de encajes su cuerpo desnudo.
Acarició, lascivamente,
sus pezones y sus muslos...
entre tanto, impaciente,
al otro lado del espejo,
con respiración agitada
y aliento azufroso...,
era el Diablo quien la esperaba.
SENDERO DE LA VIDA
Al emerger de las profundidades de la
materia
nos ubicamos por fuerza de necesidad
frente a la Rosa de los Vectores...,
y ya antes de nacer, nuestro único destino
es inquebrantablemente caminar.
Todo empieza al desplazarnos en cojín de
agua
por las entrañas femeninas de la vida.
Más, ¿dónde encontrar la brújula de la vida?
¿Dónde localizar los puntos de la dicha y de
la amargura?
¿Dónde establecer las tierras del Edén?
Y, ¿cómo buscar el agua y las fuentes de la
vida?
¿Cómo emprender tu lucha? ¡Cómo hallarte
sentido?
Caminos mil policromados tiene la vida,
más un único vector de certidumbre...
la muerte.
¡Oh muerte gloriosa que te sabes segura de ti
misma!
Tú, que como la vida eres un camino...
camino que liberas de la materia;
y tú vida... ¿de cuántas cosas nos liberas?...
ADORO TENERTE CERCA
Adoro tenerte cerca
porque tu aliento perfumado me toca,
porque me deleito con tu cintura de espiga
y me encanta tu risa loca.
Adoro tenerte cerca
porque me cuentas tu vida buena,
porque me invitas a leer tu mano
y me contagias de tus alegrías
y de tu gracia de bailarina.
Adoro tenerte cerca
porque escuchas mis fantasías
y mi canto de poesía,
y me contagias con tu esperanza lírica
a amar la vida entera.
Porque hueles a rocío en las mañanas
y a pintura fresca cuando cae el día.
eres como almendro
adornada con mil hojas
y el canto de las chicharras,
y tus dientes son como cristal de roca
en el espacio enamorado de tu boca.
Adoro tenerte cerca
porque tu alma es como farola lila en tinieblas,
tu cuerpo es lluvia de trópico
con sabor a hierba,
tus caricias son como tarde de verano y
tu amor es franja matizada rojo-anaranjado
sobre el fondo azul del alba.
ENTELEQUIA A MEDIAS
¡Terminemos de una vez por todas
E inconclusa la prosa quede...!
El circo se ha marchado.
Allá a lo lejos
Se ven girar las pesadas ruedas
De sus carruajes de metal
Y el polvo se confunde con la niebla.
Allá a la distancia
La gente es devorada
Por las sombras de la noche,
Pues las luces con el circo se han ido
Y con él también
La alegría y los sueños dorados.
La brisa azota mi rostro
Papeles viejos y hojas lleva,
La Luna se oculta y la llovizna se desploma
Humedeciendo los huesos de mi ser.
Ahora llueve, permanezco inmóvil
Y pienso
En aquellos momentos
Que tanto adoro,
Pero la brisa pasa y se los lleva...
Camino bajo la lluvia
Cual vagabundo fuera
Pues ya nada me importa
Ya nada queda...
Uno que otro transeúnte pasa
Pero para mí no queda nadie ni nada,
Son sólo sombras que se desplazan
Y la tierra se traga...
La lluvia cae más fuerte sobre mí
Y con ella me desvaneceré
Así como los castillos de arena,
En las playas,
Son borrados por las olas del mar...!
CLARO NOCTURNO
Mujer de oro
que bajo las aguas del río Ariari
escuchas el burbujeante sonido:
silencio titilante orinocense.
Su piel fluorescente
su cuerpo semidesnudo de serranía
de ademanes acuosos,
pedregosa luna enamorada.
Mujer de oro
de extraviada poesía
que entre fuegos artificiales
de llanero festival, saltas
por geométrica estética Piapoco.
Beso de germinación
rociado con perfume a sexo,
sentimientos seda
regados por el firmamento.
Flechas del amor bajo la cama.
CIELO AZUL
Azul cielo intenso de llano verde
lámpara de luz amarilla encendida
anima a contemplación enseguida.
Optimismo, ímpetu vital desprende.
Reflejos espectrales noche prende
bella ilusión de amor sobrecogida
llena pulmones de ansiedad temida
demostrando la grandeza que esconde.
Cielo azul de praderas de ganado
en follaje multicolor de ánimas.
Un azul sin fronteras sin pasado
donde lo divino toca las almas.
Sensación viva de ser abrazado
con calidez. Regocijo de llamas.Tags: Ariel Charry Mirales