AUSENCIA
Algún día me iré.
Sí, me iré,
y sentirás el aire de mi ausencia
Algún día me iré.
Sí, me iré
y sólo me podrás tener
en algún rincón
escondido de tu conciencia.
Entenderás mi forma de amar
cuando no estés conmigo.
Sentirás todo lo que quedó por decir
y todo lo bello que no pudimos compartir.
Sentirás, como yo siento ahora,
cómo duele el abandono
y cómo duele la ausencia.
Las flores se secaron
esperando tu vuelta
y yo me sequé con ellas
de soledad, sí, de soledad
Lloraremos los dos,
pero ya será tarde.
Querrás buscarme en las estrellas,
en lo desconocido,
en otros planos de existencia…
Pero, yo, me habré ido para siempre
y…no dejaré pistas.
No, no dejaré pistas.
Sólo dejaré mi ausencia
Para ti, mi niño
En tus preguntas, niño,
viajan las semillas y el germen
de la sabia respuesta.
Con tus preguntas, niño,
vas dando pistas y enseñando al adulto
la Maestría que traes al mundo
para ser rescatada y apreciada por los mayores.
Tu tierno corazón, que no entiende de engaños ni falsedades,
se abre como un tesoro para aquél que no es ciego en su ignorancia.
Tu mirada, niño, da las respuestas a los grandes misterios de la vida.
Tú sabes enseñar al que sabe leer entre líneas.
Tú eres respetado
por los que aceptan que no saben responder
a tus sabias preguntas.
Si una respuesta
te es dada desde el pozo del olvido,
de la desesperanza, o de la impaciencia,
tú sabes perdonar, con inocente gracia ,
las fútiles palabras
que nunca responden
a los anhelos de tu esencia.
A ti,
niño de África, de América, de Europa,
de países cercanos o lejanos...
A ti, que olvidas con un juguete todo el dolor
que el adulto te causa,.
A ti, mi niño,
que con tu abrazo
derrites el hielo de mi corazón .
A ti,
con torpes palabras , quiero darte un altar
para depositar tus gracias y ofrecerte flores blancas
para que las llenes con tu suave perfume.
A ti, mi niño,
te amo.
Y por ti,
sé que el Amor existe
Las tristezas de mi alma
El verbo expresar no puede
las tristezas de mi alma.
Y yo muero sin saber
por qué el corazón no canta.
Canta la boca que ríe
al alba de la mañana.
Cantan los ojos alegres
de la niña en la ventana.
Cantan las suaves cascadas
que de salto en salto vagan.
Cantan las espumas blancas
de las olas de la playa.
La madre canta a su hijo
en edad tierna y temprana.
Y yo muero sin saber
por qué el corazón no canta.
Busco por nobles senderos
rescatar la luz tan blanca
que iluminaba mi vida
y daba calor al alma.
Me pierdo en las emociones,
me traicionan,
me amedrentan,
y me giro a todos lados
dando vueltas en la trampa,
buscando a la presa herida,
más no puedo liberarla.
Y yo muero por saber
por qué el corazón no canta.
Tú si tienes la respuesta.
Dámela con alas blancas
para poder llegar pronto
al pico de la montaña
donde albergas el secreto
que sé que para mí guardas
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