Domingo, 02 de septiembre de 2007

De Autonom?a del Deseo



La luz de precio incalculable
Luis Cernuda





Auroras indolentes.
Amargas, delirantes criaturas,
escorias de los sue?os deslizadas
por los resquicios
de la sutil y et?rea duermevela.
D?ctiles sombras escapando
hacia la luz de precio incalculable.
Alas para cernerse al sol, j?bilo, danza,
esperanza de insinuantes mirlos.
Basta la imagen deseada,
y la realidad invisible se organiza
a espaldas de miradas
que son ciegas
inmersas en quehaceres cotidianos.
Hay que rodar sobre patines
moviendo la cadera y con vaivenes
bailar con los deseos que te envuelven,
acariciar el aire que respiras
repleto de part?culas despiertas,
salidas de los sue?os.
Y estrecharlas,
en un infinito y rojo abrazo.
E impregnarte del caro aroma oculto
de la s?bita, explosiva, primavera.
Esa aparente vastedad desierta,
toma tintes de espl?ndida riqueza.





De Esporas de Cordura


Aquel estercolero,
cementerio de escarnio,
suburbio, herencia, laberinto de humanidad perdida,
aquel estercolero.

?C?mo me sorprendi? la noche?
?Qu? narc?tica infusi?n sorb? en silencio
exento de conciencia?
?C?mo no apercib? la n?usea que sufr?a la luz en el trayecto?

Se ocultar? la raz?n en los escombros,
en la materia inorg?nica escalando,
borrando soles y suelos y vac?os,
despojos a?n servibles,
chatarras que destilan susurros
y murmullos de l?stima
y humean en nubes de destierro.
Montones de metales laminados
reacios al salitre que les besa,
pl?sticos, lavadoras, y pelda?os,
insensibles a lluvias, al hombre, a las bacterias, a la luna.

Almac?n de ruinas donde el viento ulula
y moran los fantasmas.
Donde tan s?lo la certidumbre es p?trida,
donde tan s?lo el espanto fermenta.




***


El claro del bosque Mar?a Zambrano (6)
El cielo tiene el color de la infancia muerta

Alejandra Pizarnik

Momentos de soledad, claro del bosque.
Momentos de piedad y fuerza virgen
no malgastada en la ola
de las gradas del f?tbol solamente.
Horas de solidaridad
bajo un cielo color de infancia muerta.
D?as de manos en cadena.

Piedad para los hu?rfanos de aliento
que arrastran sus m?s ?nfimas part?culas
al ras de las piedras y el asfalto.
Piedad para las almas de la guerra
con lastres de metralla a sus espaldas.
Piedad para abolir el hambre sorda
con cubiertos servida por los sordos.
Piedad que movilice nuestros cuerpos
no lapidados ni amputados.
Piedad para tejer en las honduras.
Piedad para enhebrar los aros de la muerte.


A?os de paz tejiendo escritos que recuerden
los horrores ya enterrados sin remedio.
Siglos de una hermandad hilada a pulso.


Nada fue tan amargo
como perder los versos,
una cuartilla, cuna
de todo el universo.
Esa ecuaci?n espl?ndida,
ese mantra secreto,
esa p?cima dulce,
quiz?s los genes nuevos
min?sculos, tejidos
en esos trazos muertos.

Tejed nubes de asombro
con hilos de voz tenue,
tejed la red de m?ltiples
y acolchados afectos.

Tejed de mariposas
esa sutil alfombra
de fr?gil aleteo
que excite las papilas
al rozar de los cuerpos.

Tejed, tejed, malditos,
mas recordad el fuego
a?reo de misiles,
la muerte en los infiernos.
?Qu? podremos hacer,
tejiendo sin cesar,
qu? podremos por ellos?

Tags: Pastor M.J.

Publicado por gala2 @ 5:31  | POEMAS
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