S?bado, 11 de agosto de 2007

*


Fuegos exclusivos
los de mis ojos
atravesados por la oscuridad
Mi
oscuridad
exclusiva.



*De Rolando Revagliatti. [email protected]
http://rolandorevagliatti.lalupe.com



Del ojo que todo lo ve, pero no puede verse...


Detr?s del espejo*

Nadie se pregunta qui?n soy, no reparan en m?. Yo los espi?. Soy un resplandor. Una utop?a que realzo a los que distinguidos, a los coquetos, a los adolescentes que buscan parecerse a los m?s grandes. Una pel?cula de fantas?as que reproduzco con paciencia y discreci?n. Estoy colgado en una pared, en un ropero, en un ba?o o en un ascensor. Tengo el atrevimiento y la virtud de la que muchos no pueden resistirse a mi atracci?n. Y tambi?n mi se?uelo, ja. Soy una tentaci?n. Advierto, escucho, huelo disimuladamente los movimientos de los que se acercan para curiosear. Y siento el temblor de sus manos y el color de sus ojos, el n?ctar de sus l?grimas y el tul de sus pesta?as. Narcisos de cristal. Amos del instante.
Soy el detective de un momento de encuentro.



*de Azul. [email protected]



RECORDANDO A MICHEL SERRAULT*

En esta semana de duelo para los cin?filos, en la que fallecieron dos directores de culto como Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni, se produjo tambi?n otra muerte ligada al ambiente cinematogr?fico que, quiz?s por su cercan?a temporal con las otras dos, no tuvo id?ntica repercusi?n medi?tica:
la de Michel Serrault.

No soy cr?tico de cine, de modo que no me propongo mensurar aqu? las cualidades tecnicas de este prestigioso actor franc?s, ni tampoco evaluar los m?ritos art?sticos de las pel?culas en las que intervino. Escribo estas l?neas s?lo como espectador, dej?ndome llevar por el impulso de evocar la profunda impresi?n que dej? en m? la primera y definitiva vez que lo vi actuar.
Debo remontarme para ello a 1984, a una noche calurosa de noviembre en la que fui al cine con el prop?sito primordial de reencontrar en la pantalla a la bell?sima Isabelle Adjani, actriz cuya potencia expresiva y sugerente hermosura constitu?an para m?, en aquel entonces, un descubrimiento reciente
que me hab?a cautivado por completo. Era s?bado, y en el Chaplin daban "Una mujer inquietante", t?tulo levemente rampl?n con que se conoci? en la Argentina a "Mortelle randonn?e", oscuro, negr?simo drama policial dirigido por Claude Miller. Es curioso; si tuviera que improvisar una lista con mis pel?culas favoritas, probablemente ?sta no aparecer?a en los primeros lugares. Pero as? como hay libros que permanecen en nuestro recuerdo a causa de una sola de sus p?ginas, tambi?n hay pel?culas en las que un pu?ado de escenas, un clima, un di?logo o un personaje son suficiente raz?n para concederles un lugar especial en nuestra memoria. En mi caso, "Una mujer inquietante" es una de ellas.
Michel Serrault encarna all? a Beauvoir, un detective apodado "El Ojo" que, a pesar de los a?os transcurridos, anda por la vida sin haber podido reponerse de la desaparici?n de su peque?a hija. Isabelle Adjani compone a Catherine, una asesina del tipo "viuda negra" cuyos cr?menes parecen m?s
ligados al intento de llenar su vac?o afectivo que al placer de alzarse con fortunas ajenas. Beauvoir se lanza tras los pasos de Catherine y la pel?cula muestra las alternativas de esa persecuci?n. Sin embargo, no es el suspenso propio de los thrillers lo que resulta fascinante, sino la tensi?n que se establece entre ambos personajes. Porque el detective empieza a desarrollar la ?infundada? sospecha de que esa joven tan peligrosa como escurridiza es su hija perdida. La sospecha deviene esperanza y luego, obsesi?n. Beauvoir queda as? enfrentado al dilema moral y emocional de optar entre cumplir con su deber de capturar a la asesina y su deseo acaso irracional de protegerla.
La trama policial pasa a ser apenas una excusa, el marco necesario para mostrar la historia terrible de dos seres desamparados que a duras penas pueden consigo mismos. Beauvoir necesita imperiosamente a su hija; Catherine busca a ciegas el cari?o del padre ausente.

Imposible permanecer indiferente ante tanta desolaci?n, menos a?n si uno carga -como yo en aquellos d?as- con una irresistible atracci?n hacia los personajes atormentados. En la pantalla se juega un ajedrez profundo y apasionante, merced a un notable duelo actoral que atrapa, conmueve y lastima. Y yo estoy ah?, en la penumbra de la butaca, contempl?ndolo hechizado, mientras mis 19 a?os se enamoran definitivamente de Isabelle Adjani y tienden puentes de infinita compasi?n hacia ese hombre desesperado que est? a punto de desbarrancarse en la locura.

La pel?cula termina con una voz en off que pronuncia una frase demoledora (tal vez la mejor frase final de todas las pel?culas que he visto en mi vida), una met?fora cuya terrible belleza no s?lo gobern? mis pensamientos esa noche durante la solitaria caminata de regreso hacia mi casa, sino que a?n hoy, m?s de dos d?cadas despu?s, mantiene su capacidad de conmocionarme cada vez que pienso en ella.

Michel Serrault particip? en 135 pel?culas a lo largo de su extensa trayectoria. El benepl?cito de la cr?tica lo rescatar? tal vez por t?tulos como "Ciudadano bajo vigilancia" o "El placer de estar contigo". El gran p?blico lo recordar? seguramente por su divertida actuaci?n en "La jaula de las locas". A m?, en cambio, la sola menci?n de su nombre habr? de remitirme, inevitablemente, a aquel detective atribulado que me emocion? en el cine Chaplin.

Gracias por esa noche y hasta siempre, monsieur Serrault.

*de Alfredo Di Bernardo. [email protected]



Film*


Una joven dama argentina, se halla casada con un mexicano licenciado en abogac?a. Tienen un hijito y una mansi?n en ciudad de M?xico. Ella era cancionista de tangos hasta que se produjo su enlace, sin lo que se dice amor-amor, para acceder as?, legalmente (por la puerta grande, principal), a la suprema misi?n a la que una mujer muy mujer est? destinada: dar a luz y consagrarse al reto?o. Aunque r?gido el magnate esposo, condesciende en acompa?arla a presenciar un ensayo de la compa??a (en gira por aquellas latitudes) de artistas de variedades en la que hab?a participado, para as? reencontrarse con sus ex-compa?eros, entre los que se cuenta quien fuera su novio, el pianista, que la sigue adorando. Inc?modo entre esa gente, con brusquedad el marido se retira sin saludar. La consorte se despide de sus ex-compa?eros, excus?ndose, con el objetivo de alcanzarlo. Esto no ocurre y acepta la invitaci?n del gentil ex-novio de trasladarla en su auto a la suntuosa residencia. Pero el pillo pianista no enfila hacia all?. La ex-novia lo advierte y protesta con despliegue motriz, a consecuencia de lo cual el autom?vil choca, el ex-novio (y desde entonces ex-pianista) muere, y la ex-cancionista queda con magulladuras. Enterado el hura?o picapleitos, con estupor y arrasadora indignaci?n, que su (para ?l) ex-intachable esposa se encontraba en el veh?culo del ex-novio al desencadenarse el accidente, decide divorciarse de ella y, cruel, separarla del v?stago, al que comunica que no volver? a ver a su madre (cuando ?ste, como siempre, se entreten?a oyendo en el fon?grafo los discos de 78 grabados por la mami en ?pocas de esplendor). Corro?do por los celos y la omnipotencia, el agraviado c?nyuge destruye discos, fotos y dem?s rastros de la abominada. Disponiendo de influencias, consigue expulsarla del pa?s. Adoptando un nombre art?stico retorna ella a su m?tier, en el que vuelve a descollar, y de este modo van transcurriendo los a?os, a?adiendo alguna cana se?orial y efectuando temporadas hoy aqu?, ma?ana all?, con compa??as conformadas, entre otros, por bailarines, m?sicos y malabaristas. No arma pareja (su representante y empresario la ama en secreto) y a?ora a su hijo, ansiando la extinci?n del ex-marido, a quien al admitir la derrota, hab?ale augurado que ?l abandonar?a este valle de l?grimas, antecedi?ndole. Avispada un buen d?a de que esto hab?a acontecido y que el hijo se tambaleaba, desmoralizado desde la desaparici?n f?sica de su padre, que lo hab?a criado en el odio hacia la supuesta casi ex-ad?ltera, regresa a M?xico, tras caducar, merced ahora a sus propias influencias, la disposici?n que lo imped?a. El muchacho se embriaga y dilapida su fortuna en juegos de azar, habiendo interrumpido la carrera universitaria (abogac?a). Y es tambi?n el azar quien dispone que la chica de la pareja de bailarines que el empresario contrata ya en la capital azteca, est? noviando con el confundido ricach?n. Descubre la madre que ese mozo apuesto e impertinente que le fuera presentado en una fiesta, candidato de la vulgar y trepadora danzarina, es exactamente su ?nico hijo. Dimes y diretes, lindos momentos y malos entendidos, desesperaci?n y regocijo, la madre impulsa tan perfecta estratagema que logra desnudar los innobles (embaucadores) prop?sitos de la blonda ordinaria, que no s?lo no estima al muchacho, sino que, adem?s, est? ya unida en matrimonio con su partenaire. Es tal el flujo de apasionada simpat?a que irradian hijo y madre entre s?, que producidas diversas citas equ?vocas, el hijo enuncia, intentando besarla en los labios, que ha comprendido que ella est? que arde por ?l. La madre se horroriza, claro, qu? menos, se espeluzna, y se casa, de nuevo sin amor, con el representante y empresario (como para conjurar pulsiones, me sopla sonriente un amigo, estudiante de psicolog?a). Por fin, estando la madre interpretando en el primer coliseo un tema amargo, sombr?o, pernicioso, impregnado de desconsuelo, y divisando al hijo entre el p?blico y?ndose abatido, intuye de s?bito que ?l se escurre dispuesto, acaso, a quitarse la vida. Corre y lo alcanza, as? nom?s, ?l ya en su coup? y con el motor en marcha. Asciende y ?l arranca furioso, contrincante de s? mismo, y conduce a velocidades inauditas, sin rumbo, mientras ella lo apremia inst?ndolo a toparse contra el bendito grado de parentesco que los involucra. Se lo grita la madre justo cuando la coup?, ingobernable, est? por desbarrancarse. Ambos salen despedidos, la coup? se incendia, la madre (Libertad Lamarque) perece, y el hijo, contuso, llor?ndose todo, la sostiene entre sus brazos (filiales en la tragedia), sentado, apoyado contra un ?rbol, como a una amante.



*De Rolando Revagliatti. [email protected]
http://www.revagliatti.com.ar




EL ESCRITOR MACEDONIO FERNANDEZ Y LA IRONIA COMO SOLUCION
"El ojo lo ve todo, pero no puede verse"*


La lucecita de la iron?a ilumina -y es iluminada por- la escritura de Macedonio Fern?ndez, para la cual, seg?n se plantea en esta p?gina, valen nociones que Jacques Lacan aplic? a la de Joyce.
Macedonio Fern?ndez, escritor argentino (1874-1952).
"El chiste en Macedonio es ir?nico ya que trata de romper con el contexto."
*Por Juan Pablo Lucchelli

"El principio del discurso es su parte m?s dif?cil -escribe Macedonio Fern?ndez- y desconf?o de aquellos que comienzan por ?l." Macedonio dice haber vivido mal desde sus veinte a?os: abogado a la edad de 21, su futuro podr?a haber sido el de un argentino pr?spero en una Argentina, por aquella
?poca, tambi?n pr?spera. Sin embargo, no fue as?: ejercer como abogado le hubiera exigido un pacto. El accidente de haber sido nombrado juez lo llev? a concebir la justicia ir?nicamente: se sabe que Macedonio prefer?a absolver los cr?menes pasionales; sus argumentos hac?an re?r. Ejercer la abogac?a
hubiera sido una manera de ganarse la vida y, quiz?, de perder la eternidad.
Escribe Macedonio: "Al principio hubo el deseo de expresarme, tambi?n de estudiar la vida psicol?gica, tambi?n de comprometerme en un estudio general de est?tica, tambi?n de mejorar econ?micamente. Todo eso se borr? con el conocimiento inesperado de cierta persona de tan altas influencias de esp?ritu (...) que a veces no s? si s?lo la he so?ado. Para serle grato o seguir so??ndola inici? el manuscrito".
El conocimiento inesperado de esta persona de "influencias de esp?ritu" rompe con todo pacto, con la realidad, la cual se transforma en "sue?o".
Luego de la muerte de su mujer, en 1920, Macedonio se aparta de su c?rculo de amigos, abandona definitivamente su profesi?n, vive en distintas pensiones o casas de amigos; sufre distintos tipos de "patolog?as", que trata de curar ?l mismo. Terriblemente friolento, duerme vestido: "Morir es
sacarse el sobretodo", escribir? Macedonio.
En 1908, postula la existencia de una comunicaci?n entre conciencias a trav?s de la telepat?a. En un peque?o escrito de 1907 cuenta que una tarde, mientras paseaba, se le apareci? la figura de su padre: "Era el dios humano de mi infancia, mi padre, tal como mi infancia lo vio, pues veinte a?os hac?a que nuestra familia hab?a asistido a su muerte; nada m?s cierto para m? que su muerte, nada m?s cierto que estaba frente a m?".


Macedonio, el chiste
Si construy?ramos una lista de "ilisibles", comenzando por "Joyce, el s?ntoma" y "Sade, el fantasma", estar?amos tentados de agregar "Macedonio, el chiste". El chiste, para Macedonio, es otra manera de producir su famoso "efecto de desidentificaci?n".
?Su candidatura a presidente de la rep?blica fue un chiste? Probablemente, ya que estuvo concebida como tal: Macedonio dec?a que muchas personas estaban decididas a abrir un kiosco, pero muy pocas lo estaban a ser presidente de la rep?blica, entonces era m?s f?cil ser presidente que abrir un kiosco.
El chiste adopta en Macedonio la forma de la paradoja, o bien "conceptual", por ejemplo: "Estaba preparado como nunca para una improvisaci?n": o bien "referencial", es decir, ligada al contexto: "Pero aparte de que mi voz siempre habl? mal de ella misma, sus encantos han empeorado. Me ten?a molesto una ronquera que no s? d?nde me empez? y justamente hoy se me ha corrido a la garganta".
El chiste en Macedonio es ir?nico ya que trata de romper con el contexto, con toda continuidad que mantenga la "identificaci?n significante". Vuelve ilusoria la realidad a trav?s de la realidad; su personaje "El Idiota de Buenos Aires" advierte al mundo sobre los hechos "reales": un d?a de lluvia,
corre detr?s de las personas para avisarles que sus paraguas se est?n mojando.
Destaquemos tambi?n aqu? lo que Macedonio llama "chistes dudosos", donde el chiste no s?lo no se limitar?a al humor sino que lo pone en duda, "la risa en duda": "Considerando los chistes dudosos (?es chiste o no es chiste?) como un g?nero superior, de m?s calidad que el chiste cierto, propongo crear
la Secci?n de esta especie", un ejemplo: "Fueron tantos los que faltaron que si falta uno m?s no cabe". G?nero de chiste "sublime" en el sentido kantiano, entre el horror (cuando la falta casi falta) y la risa (cuando no deja de faltar).
La campa?a presidencial pretend?a modificar ciertos "puntos sensibles" de la realidad a trav?s de la fabricaci?n de objetos extra?os: cucharas de papel, las cuales se fund?an al utilizarlas; escaleras con escalones de diferentes alturas; objetos de pesos anormales (lapiceras muy pesadas, armarios muy
livianos), etc?tera. La poblaci?n, presa del p?nico, encontrar?a como ?nica soluci?n: Macedonio presidente.
El chiste ser? el quiasma entre la lectura loca (puesta entre par?ntesis de todo referente) y la locura (donde el lenguaje es el ?nico referente).

El vac?o
Escribe Macedonio: "Viniendo a mi libro, querido lector, espero que reconocer?is que tambi?n es de los que tienen el m?rito de llenar un vac?o con otro, como todos los libros. Viene a colmar ese gran vac?o que han cubierto todas las solemnidades escritas, habladas, versificadas, desde miles de a?os, tanto vac?o que no se entiende c?mo ha podido caber en el mundo. Con la diferencia de que el vac?o que llena con otro mi libro es su verdadero asunto". A partir de los 20 a?os, la vida deja de ser "buena", el
chiste "realista" se vuelve "conceptual", la literatura "mala" (realista) comienza a ser reemplazada por la "buena" escritura.
J. C. Masson compar? a Macedonio con Joyce: el primero habr?a hecho con el espa?ol lo mismo que el segundo con el ingl?s. La obra de Macedonio oscila entre una escritura "coherente" -como ?l la llama- y el agramatismo, seg?n ?l, la buena literatura. Podr?amos de esta manera continuar el paralelo con
Joyce: Macedonio abandona el texto concebido como "medio de trasmisi?n" (basta recordar su desprecio por el periodismo) para transformarlo en las ruinas de esa transmisi?n. Como sostiene Lacan al tratar la escritura de Joyce: "En el progreso continuo de su arte, en efecto, a saber esta palabra,
palabra que llega a ser escrita, al quebrarla, al dislocarla, al hacer que al final lo que al leer parece un progreso continuo, desde el esfuerzo que hac?a en sus primeros Ensayos cr?ticos, a continuaci?n en el Retrato del artista... y, finalmente en el Ulysses, para terminar en Finnegan's Wake, es dif?cil no ver que una cierta relaci?n a la palabra le es impuesta, hasta el punto en que termina por quebrar, disolver el lenguaje mismo (...)".
En la obra de Macedonio, la escritura tiene un destino similar, y es Macedonio mismo quien lo describe: al principio hubo "el deseo de expresarme", hasta el conocimiento inesperado de cierta persona que se
confunde con un sue?o ("cierta persona" evocada en otros pasajes de su obra). Efectivamente, Macedonio comienza por sus escritos "metaf?sicos" y "filos?ficos" (es la ?poca de la supuesta correspondencia con William James) publicados bajo el t?tulo No todo es vigilia la de los ojos abiertos; luego contin?a con algunas p?ginas a?n "malas": Papeles de Recienvenido y Adriana Buenos Aires, ?ltima novela mala; y finalmente el Museo de la Novela de la Eterna donde encontramos la "buena literatura". En sus primeros escritos Macedonio hace un esfuerzo por cernir "La Cosa", si puedo decirlo as?, por
articular un pensamiento e incluso querer construir una Teor?a; para terminar haciendo con su lengua materna lo que nos evocar?a a un Joyce.

El Belarte
Escribe Macedonio: "Hasta la edad de seis a?os, yo entraba y sal?a de la salita de pruebas y ninguna de las clientas me ve?a, ve?a que yo andaba viendo. Todo fue descubrirse en casa que yo hab?a cumplido los seis a?os para prohibirme la entrada bajo el pretexto de que yo antes ve?a y ahora miraba" (...) "Alguna vez estudiar? c?mo el desnudo se reduce a ser modestamente un escote totalitario simult?neo o la suma de todos los escotes sucesivos inocentes posibles a una sola persona". Esta multiplicaci?n de
escotes en una misma persona, como equivalente de la desnudez, tendr? a la escritura como medio de restablecer una continuidad perdida: "?Qui?n me mostrar? que ?l nunca existi?, que yo misma no soy sino una sombra, una silueta entre p?ginas?". Al mismo tiempo la mirada permitir? evitar el corte
que el significante introduce en el cuerpo; es la vestimenta quien desnuda a la persona y no a la inversa, a la Alfonso Allais. Mirada que permitir? tambi?n restablecer (quiz? como la alucinaci?n) la continuidad perdida por el "lenguaje" (por definici?n "incoherente").
Escribe Macedonio: "?C?mo la corteza gris, donde se dice reside el pensamiento, pensar?a en ella misma, mientras el ojo no puede verse directamente; vemos todo a trav?s de ?l y al ?l mismo no lo vemos?".
Macedonio, para quien la ?nica "Cr?tica del Ser" es la m?stica, partidario de la generaci?n espont?nea (la cual permitir?a evitar las calamidades y la infelicidad que el sexo provoca), se pregunta de diferentes maneras c?mo escapar a esta "muerte", a esta mortificaci?n significante que interrumpe la
tautolog?a de una especie de "auto-erotismo".
Estar?amos tentados, siguiendo quiz? a Lacan, de inscribir estas preguntas como reemplazando la pregunta radical del ser sexuado, al cual "ning?n predicado le es suficiente". Encontrar?amos esta pregunta radical en Macedonio: "Estudio mucho a la mujer desde a?os atr?s y cada d?a desespero
m?s de sentir alguna vez como ella siente, de sentir siquiera por un instante una de esas emociones de gracia con respecto a s? mismas o al vivir de otros o de desesperaci?n absoluta, que el hombre no conoce. ?C?mo ser? ser mujer?". Se trata de una pregunta que tendr? como ?nica respuesta su propia escritura.
-Extracto de "Macedonio Fern?ndez: la iron?a como soluci?n" publicado en la revista Anamorfosis.

*Fuente: P?gina/12
http://www.pagina12.com.ar/1999/suple/psico/99-07/99-07-01/psico01.htm



LII*



Idear bien
No disperso
En armon?a
Una fuente ?til
Un v?rtice humano de bienestar
Un ser incomparable
Parecen milagros obvios?
No me pidas que te los explique :
la dicha la bienaventuranza
tampoco
la relaci?n
tuya y m?a
con lo infinito diverso
cristalizado a nuestro alrededor
la expansi?n de cong?neres y cosmos
de desgracias y milagros
mar nebuloso de incertidumbres.



*de Victor M. Falco [email protected]


*

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Tags: Roalndo Revagliatti

Publicado por gala2 @ 14:49  | REVISTAS
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