S?bado, 11 de agosto de 2007
REVISTA SESAM
N? 78
5 de agosto de 2007


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Sumario de hoy:


Textos peque?os de grandes autores:

?Siete sonetos medicinales?, de Almafuerte.
Biograf?a del autor.
?La fe y las monta?as?, de Augusto Monterroso.
Biograf?a del autor.
Di?logos: con Eduardo Arcuri.
?Cuidando a mam?, de Eduardo Arcuri.
?Cu?nto recordamos de literatura?
Tres tragedias, pero una sola historia:
?Las co?foras?, de Esquilo; ?Electra?, de S?focles; ?Electra?, de Eur?pides.
Biograf?a de Eur?pides.

Respuestas a las preguntas de REVISTA SESAM N? 77.

Cultura Popular:
Carlos Gardel: tres versiones de un mito.
Tres de sus tangos. Biograf?a de Alfredo Le Pera
Dudas y errores gramaticales y ortogr?ficos.

Informaci?n de concursos.

Certamen Internacional de Cuento ?Jorge Luis Borges - 2007? (por email) de la REVISTA SESAM

II Juegos Florales de Poes?a ?Jorge Bossio - 2007? de la SESAM

Primer Certamen Nacional de Poes?a ?Municipalidad de General San Mart?n - 2007?

Premio Internacional de Poes?a ?Olga Orozco - 2007? de la UNSAM.

Otros concursos.

Novedades institucionales:
Seminario con entrada libre y gratuita.
Charla sobre Borges.
Taller literario SESAM.
Pr?ximo Caf? Literario SESAM.
Reuniones de Comisi?n Directiva de la SESAM.
SESAM estuvo en...



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TEXTOS PEQUE?OS DE GRANDES AUTORES

SIETE SONETOS MEDICINALES
de Almafuerte

?AVANTI! 1

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas...
No han de ser tus ca?das tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.

Obcecaci?n asnal, para ser fuerte, 2
nada m?s necesita la criatura
y en cualquier infeliz se me figura
que se rompen las garras de la suerte... 3

?Todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de la muerte! 4


?PI? AVANTI! 5

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo,
ya puesto el espol?n, pi?nsate bravo, 6
y no pidas cuartel, ya mal herido. 7

Ten el tes?n del clavo enmohecido,
que mag?er del or?n, vuelve a ser clavo, 8
mas no el tes?n con que saluda el pavo, 9
la procaz insistencia del silbido. 10

Procede como Dios, que nunca llora,
o como Lucifer, que nunca reza,
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...

?Que muerda y vocifere vengadora, 11
ya rodando en el polvo, tu cabeza!


?MOLTO PI? AVANTI! 12

Los que vierten sus l?grimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas,
para limar las de los otros antes,

los que van por el mundo delirantes,
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, tr?gicos... ?sobrantes!

?Ah! ?Nunca quieras remediar entuertos!
?nunca sigas impulsos compasivos!
?Ten los garfios del odio siempre activos,
y los ojos del Juez siempre despiertos...!

?Y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!


?MOLTO PI? AVANTI ANCORA! 13

El mundo miserable es un estrado 14
donde todo es est?lido y fingido,
donde cada anfitri?n guarda escondido
su verdadero ser tras el tocado.

No digas tu verdad ni al m?s amado;
no demuestres temor ni al m?s temido;
no creas que jam?s te hayan querido
por m?s besos de amor que te hayan dado.

Mira c?mo la nieve se desl?e
sin que apostrofe al sol su labio yerto, 15
c?mo ans?a las nubes el desierto
sin que a ninguno su ansiedad conf?e...

?Trema como el infierno; pero r?e! 16
?Vive la vida plena, pero muerto!


?MOLT?SSIMO PI? AVANTI ANCORA! 17

Si en vez de las est?pidas panteras,
y los f?rreos est?pidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones
en esa 18 fr?gil c?rcel de las fieras,

no habr?an de yacer noches enteras
en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones
lo mismo que dos pl?cidos horteras.

Cual napoleones pensativos, graves,
no como el tigre sanguinario y maula,
escrutar?an palmo a palmo su aula,
buscando las rendijas, no las llaves...

?Seas el que t? seas, ya lo sabes:
a escrutar las rendijas de tu jaula!


VERA VIOLETA 19

En pos de su nivel se lanza el r?o
por el gran desnivel de los bre?ales;
el aire es vendaval, y hay vendavales
por la ley del no-fin, del no-vac?o; 20

la m?s hermosa espiga del est?o
no sue?a con el pan en los trigales; 21
el m?s noble panal de los panales 22
no declar? jam?s: yo no soy m?o.

Y el sol, el padre sol, el raudo foco 23
que lo fomenta todo en la Natura, 24
por fecundar los polos no se apura, 25
ni se desv?a un ?pice tampoco...

?Todo lo alcanzar?s, solemne loco,
siempre que lo permita tu estatura!


LA YAPA 26

Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el oceano, 27
ni una falange r?gida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo;

tu gimnasia de c?rcel no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podr? ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.

?Qu? saben de lo eterno las esferas?, 28
?de las borrascas de la mar, la gota?,
?de pu?etazos, la falange rota?,
?de harina y pan, la paja de las eras...?

?Detente, por piedad, pluma; no quieras 29
que abandone sus armas el idiota! 30

1 Avanti: en italiano, adelante. Hay otra versi?n que reemplaza los versos 9?, 12? y 14? por estos (cambios en bastardilla):
2 Obsesi?n casi asnal, para ser fuerte,
3 que se mellan los garfios de la suerte...
4 cinco minutos antes de su muerte!
5 Pi? avanti: en italiano: m?s adelante. Hay otra versi?n que reemplaza los versos 3?, 4?, 6?, 7?, 8? y 13? por estos (cambios en bastardilla):

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo,
6 tr?mulo de pavor, pi?nsate bravo,
7 y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tes?n del clavo enmohecido,
8 que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
9 no la cobarde intrepidez del pavo, 9 bis
10 que amaina su plumaje al primer ruido.
...................................................................

11 ?Que apostrofe y vocifere vengadora, 11bis
ya rodando en el polvo, tu cabeza!

9 bis A su vez, hay una variante de esta versi?n que reemplaza en el 7? verso la palabra intrepidez por estupidez.
11 bis Pero esta versi?n del verso 13?, adem?s de ser m?s ret?rica, no respeta la m?trica: es de doce s?labas y no de once, como los otros versos del soneto.

12 Molto pi? avanti: en italiano, mucho m?s adelante.
13 Molto pi? avanti ancora: en italiano, mucho m?s adelante a?n. Hay otra versi?n que reemplaza los versos 1?, 10? y 13? por estos (cambios en bastardilla):
14 Esta vida mendaz es un estrado
15 sin una queja de su labio yerto,
16 ?Maldice de los hombres, pero r?e!
17 Molt?ssimo pi? avanti ancora: en italiano, mucho m?s adelante a?n.
18 Hay otra versi?n que reemplaza el pronombre demostrativo esa por el art?culo la.
19 Vera Violeta: en italiano, Verdad Violeta. Hay otra versi?n que reemplaza los versos 4?, 6?, 7?, 9?, 10? y 11? por estos (cambios en bastardilla):
20 no por la ley del no fin, del no vac?o;

la m?s hermosa espiga del est?o
21 ni sue?a con el pan de los trigales;
22 el m?s dulce panal de los panales
no declar? jam?s: yo no soy m?o.

23 Y el sol, el padre sol, es raudo foco
24 que fomenta la vida en la Natura,
25 por calentar los polos no se apura,
ni se desv?a un ?pice tampoco.

26 La yapa: en quechua, la a?adidura.
27 Licencia po?tica por la cual se var?a la acentuaci?n de la palabra para obtener la rima. As? oc?ano pasa de esdr?jula a grave para que rime con mano. Rub?n Dar?o tambi?n utiliza esta licencia con la misma palabra a fin de rimarla con germano.

Hay otra versi?n que reemplaza los versos 9?, 13? y 14? por estos (cambios en bastardilla):
28 ?Qu? saben de lo eterno las esperas?
29 ?Det?n tus pasos, L?gica; no quieras
30 que se hagan pesimistas los idiotas! 30 bis

30 bis A su vez, hay una variante de esta versi?n que reemplaza la palabra idiota por ilota.


ALMAFUERTE
Un famoso escritor dijo alguna vez: ?Uno tiene derecho a contradecirse?. Bueno, Almafuerte pudo haber sido el campe?n de las contradicciones: tildado de inculto por ciertos cr?ticos pero un genio para otros; mis?gino, seg?n algunos, pero capaz de escribir versos enternecedores; mis?ntropo, seg?n otros, pero de una generosidad tan audaz como para repartir entre los pobres sus escasos bienes; palad?n de un socialismo humanitario pero profundamente individualista en su propia vida, casi un autista; un hombre que pod?a trasuntar tanto una fe inquebrantable en Dios como, de pronto, ser un esc?ptico absoluto; recelado por gobiernos que no admit?an cambios sociales y por un incipiente socialismo opositor que jam?s lograr?a incorporarlo a sus filas; odiado por muchos pero adorado por multitudes; y, finalmente, un tipo que supo ser centro involuntario de una disputa literaria que continuar?a despu?s de su muerte.



Pedro Bonifacio Palacios, tal el verdadero nombre de Almafuerte, naci? el 13 de mayo de 1854 en San Justo, Provincia de Buenos Aires. Sufri? una vida de continuos abandonos: su madre muri? cuando ten?a apenas cinco a?os, su padre lo dej? al cuidado de sus abuelos, desentendi?ndose de su educaci?n y crianza; y encima, ya de muchacho, se dice que la mujer que amaba se cas? con otro.
De adolescente, su primera vocaci?n fue la pintura pero, como el gobierno le negara una beca para perfeccionarse en Europa, cambi? de idea y con s?lo diecis?is a?os se dedic? a la escritura y la docencia. Todo esto despu?s de educarse en una escuela de Buenos Aires, de la que lleg? a ser preceptor. Tambi?n se desempe?? por entonces como profesor de declamaci?n y dibujo.
Cuando cumpli? los veinte a?os, el diario Tribuna le public? la primera de sus obras: "Olv?date de m?". Mucho mas tarde, en 1893, el diario La Naci?n le publicar?a otras.
Maestro sin t?tulo, igual que Sarmiento, ejerci? como tal en las escuelas de la Piedad y Balvanera, de la ciudad de la ciudad de Buenos Aires, y poco despu?s en la provincia hom?nima: Mercedes, Chacabuco, Salto y Trenque Lauquen. Se dice que empezaba el a?o con apenas quince alumnos y los terminaba con m?s de cien, porque a los chicos se le agregaban los padres, hermanos y abuelos. Por entonces, tambi?n trabaj? como periodista en El Oeste de Mercedes.
Despu?s se hizo cargo de la direcci?n de una miserable escuela rural, que un d?a de 1884 recibi? la visita del ex presidente (y gran educador) don Domingo Faustino Sarmiento.
Pero lo expulsaron de la docencia. Fueron muchos quienes afirman ?y con buen juicio? que esto se debi? a sus poemas, demasiado cr?ticos para la mentalidad estrecha de entonces, a lo que se sumaba la educaci?n libertaria que promov?a entre los peones de campo. Estos actos ?subversivos? hicieron que el gobierno de la Provincia de Buenos Aires buscara la excusa para silenciarlo: su falta de t?tulo que lo habilitara. ?En una ?poca en que los maestros titulados se contaban con los dedos y como si no hubiese sido una pr?ctica habitual! El decreto de cesant?a fue insultante: ?...por falta de formaci?n, ser un autodidacto y un improvisado? (sic).
El sarcasmo de Sarmiento (ese otro loco 31) contra las autoridades bonaerenses no tardar?a: ??Qu? le han prohibido ense?ar? Pues bien, les notifico que Almafuerte fue quien nos ense?? a ense?ar...?.
Esta injusta situaci?n lo empuj? a buscar nuevas actividades en la ciudad de Buenos Aires, donde integr? un grupo literario junto a Manuel G?lvez y Alberto Gerchunoff, y luego en La Plata, donde ejerci? el periodismo en el diario El Pueblo.
Por ese tiempo, obtuvo un puesto en la C?mara de Diputados de Buenos Aires, y m?s tarde como bibliotecario y traductor en la Direcci?n General de Estad?stica de esa misma provincia.
Durante la Revoluci?n del Parque se identific? con los ideales radicales de Leandro Alem. Sin embargo, pronto se desenga??: lo suyo era otro tipo de pol?tica, con base en las reservas morales.
En 1894 retoma su actividad docente en una escuela de Trenque Lauquen, pero dos a?os m?s tarde es despedido de nuevo por cuestiones pol?ticas. Para entonces ni siquiera le quedaba el consuelo de las reconfortantes palabras de Sarmiento: el pr?cer hab?a muerto en 1888.
A comienzos del siglo XX participa un poco de la actividad pol?tica, pero no lo hace con demasiado entusiasmo. A la inestabilidad econ?mica, que siempre lo persigui?, se sumar?a su terquedad de no aceptar un cargo p?blico. Incluso, ser?an notables sus diatribas contra la burocracia.
Sobrevivi? sus ?ltimos a?os en la miseria, en una humilde casa de la calle 66 N? 530 de la ciudad de La Plata. All? muri?, el 28 de febrero de 1917, de una esclerosis renal; envuelto en una ra?da bandera argentina de lanilla que le serv?a de abrigo.
Al final de su vida, el Congreso Nacional Argentino le lleg? a conceder una pensi?n vitalicia para que pudiera dedicarse de lleno a su actividad de poeta. Los muchachos se hab?an acordado un poco tarde: nunca la llegar?a a cobrar.
M?s de medio siglo despu?s, en 1974, el gobierno bonaerense lo declar? Maestro Honoris Causa, le otorg? el t?tulo de maestro que nunca tuviera en vida y derog? el decreto que lo hab?a cesanteado. No hay duda de que Franz Kafka (leer El Castillo) ten?a bastante raz?n.

OBRAS EN VIDA:
Lamentaciones (La Plata, 1906)
Evang?licas (Buenos Aires, 1915)
Almafuerte y la guerra (Buenos Aires, 1916)
Poes?as y un estudio-pr?logo de la personalidad del poeta y sus obras, de Juan Mas y Pi (Buenos Aires, 1916)

OBRAS DE EDICI?N P?STUMA:
Poes?as completas (Par?s, 1917 y 1928)
Nuevas poes?as y Evang?licas, con estudio de Alfredo Palacios (Montevideo, 1918)
Espigas (Buenos Aires, 1919)
Obras completas, recopilaci?n de Alfredo J. Torcelli, seg?n los textos definitivos del autor (Buenos Aires, 1928)
Discursos completos, con estudio de Sergio Bag? (Buenos Aires, 1933)
Poes?as, primera compilaci?n a partir de textos originales (Buenos Aires, 1933)
La hora tr?gica (La Plata, 1937)
Obras completas de Almafuerte, Evang?licas-Poes?as-Discursos, con estudio preliminar de Luis Alberto Ruiz (Buenos Aires, 1951)
Obras de Almafuerte, Evang?licas-Poes?as-Discursos, ordenadas y anotadas por Romualdo Brughetti (Buenos Aires, 1954)

Como vemos, public? en vida muy pocas obras, pero sus poes?as (en su mayor?a de edici?n p?stuma) le ganaron la admiraci?n de Jorge Luis Borges, de Rub?n Dar?o y de Leopoldo Lugones, entre otros.
Para Borges ?es el hombre de genio de la literatura argentina?.
Seg?n el autor de Azul ?es una voz que clama: es el imprecador; es en la tierra que ha nacido la eterna figura del vociferador que llega a turbar las fiestas de los dichosos. Habla de un modo que sorprende y asusta; otro que ?l estar?a muy cerca del rid?culo. Posee una coraza de sinceridad que lo defiende de todo. No lo he visto nunca; no lo conozco personalmente. He preguntado por ?l a algunos que lo conocen. En resumen, me han hablado de un mis?ntropo, o m?s bien, de un loco?.
Y para Lugones, fue ?uno de los poetas m?s vigorosos y originales del continente, por su vivo dolor, por sus sombras de hondas tristezas, por las ansiedades de profunda nostalgia que templan su inspiraci?n?.

31 A Sarmiento sus colegas pol?ticos lo llamaban ?el loco?.
H.Z.



NARRATIVA LATINOAMERICANA

LA FE Y LAS MONTA?AS
de Augusto Monterroso

Al principio la Fe mov?a monta?as s?lo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanec?a igual a s? mismo durante milenios.
Pero cuando la Fe comenz? a propagarse y a la gente le pareci? divertida la idea de mover monta?as, ?stas no hac?an sino cambiar de sitio, y cada vez era m?s dif?cil encontrarlas en el lugar en que uno las hab?a dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba m?s dificultades que las que resolv?a.
La buena gente prefiri? entonces abandonar la Fe y ahora las monta?as permanecen por lo general en su sitio.
Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un liger?simo atisbo de Fe.



AUGUSTO TITO MONTERROSO
Naci? el 21 de diciembre de 1921 en Tegucigalpa, capital de Honduras. De familia guatemalteca, vivi? en Guatemala desde muy jovencito hasta 1944, en que debi? emigrar por el golpe de estado de Castillo Armas. Enemigo ac?rrimo de los reg?menes dictatoriales y autoritarios, fue un gran defensor de los derechos de los ind?genas. Estuvo en Bolivia y Chile; desde 1956, se radica definitivamente en M?xico.
Esencialmente autodidacta, est? considerado el cuentista guatemalteco m?s importante del siglo XX y uno de los m?s famosos cuentistas del continente. Empez? a publicar a partir de 1959, a?o en que sali? la primera edici?n de sus Obras completas (y otros cuentos), conjunto de incisivas narraciones donde comienzan a notarse los rasgos esenciales de su narrativa: prosa concisa, de apariencia sencilla pero llena de referencias cultas (y ocultas), as? como un magistral manejo de la parodia, la caricatura y el humor negro.
Es considerado uno de los maestros de la mini-ficci?n. Un verdadero especialista en abordar tem?ticas complejas y fascinantes de manera breve con una provocadora visi?n del mundo y una narrativa que deleita a los lectores m?s exigentes.
Contrajo matrimonio con la escritora B?rbara Jacobs, su alumna y m?s ferviente admiradora.
Su composici?n ?Cuando despert?, el dinosaurio todav?a estaba all?, estuvo considerada como el relato m?s breve de la literatura universal durante d?cadas. En 1970 gan? el premio Magda Donato; en 1975, el Xavier Villaurrutia; en 1988, la condecoraci?n del ?guila Azteca por su aporte a la cultura mexicana; el Juan Rulfo en 1996; el Nacional de Literatura ?Miguel ?ngel Asturias? en 1997 y en 2000, el Pr?ncipe de Asturias de las Letras, entre otros.
Tito, como lo llamaban sus allegados, el gran hacedor de cuentos y f?bulas breves, muri? el 7 de febrero de 2003 en la ciudad de M?xico.

OBRAS:
Obras completas (y otros cuentos), 1959.
La oveja negra y dem?s f?bulas, 1969.
Movimiento perpetuo (cuentos, ensayos y aforismos, 1972)
Lo dem?s es silencio (novela, 1978)
Viaje al centro de la f?bula (entrevistas, 1981)
La palabra m?gica (cuentos y ensayos, 1983)
La letra e: fragmentos de un diario, 1987.
Los buscadores de oro (autobiograf?a, 1993)
La vaca (ensayos, 1998)
P?jaros de Hispanoam?rica (antolog?a, 2001)
Literatura y vida (cuentos y ensayos, 2004)
H.Z.



DI?LOGOS

con EDUARDO JORGE ARCURI



Luego de una de las clases del seminario que la SESAM est? realizando en estos momentos, nos reunimos varios socios en uno de los ?boliches? de San Mart?n. Mi prop?sito es hacerle un reportaje a Eduardo Arcuri, nuestro actual vicepresidente y uno de los miembros fundadores de nuestra instituci?n.
Mientras nos disponemos, miro su cara y pienso que si en cualquier momento sacara una pipa y se pusiera a fumar, seguramente nadie tomar?a esto como algo extra?o a su persona. Es que su ?pinta? de intelectual o de sabio casi exige ese gesto. Sin embargo, Eduardo no fuma. Pero eso s?, al poco tiempo de hablar con ?l, cualquiera advierte que est? ante alguien muy especial. Lo que s? resulta claro es que Eduardo pueda detentar un t?tulo que muy pocos han logrado en un medio en donde vivir de la escritura es casi una utop?a.

SESAM: Eduardo, vos represent?s para nuestra comunidad sanmartinense un modelo de escritor muy escaso aqu?. En nuestro ambiente sos uno de los pocos que han tomado como profesi?n la escritura. Contanos un poco sobre eso.
Eduardo Arcuri: No estaba en mis planes ser un escritor profesional, si bien como dice mi curr?culo soy hijo y nieto de escritores. Hace nueve a?os qued? discapacitado e impedido de poder hacer lo que hac?a en el ?rea de la t?cnica. Esto me oblig? a acercarme de nuevo a la computadora, esta vez en silla de ruedas, en busca de una nueva profesi?n u oficio. Descubr? que escribiendo ?hasta ese momento hab?a sido un hobby? pod?a lograrlo. As? fue como naci? la idea de hacerlo con una intenci?n profesional, ya que en silla de ruedas no pod?a hacer otra cosa m?s que escribir. Por entonces saqu? a relucir cosas que ten?a escritas desde hac?a mucho tiempo atr?s ?escribo desde mi adolescencia? y lo hab?a hecho siempre para consumo interno. A ra?z de esta discapacidad, que hoy por suerte he superado, me dediqu? a escribir primero como un amateur hasta que mis escritos tuvieron cierta aceptaci?n en el mercado editorial. Hoy soy un escritor de los que en la jerga del ambiente se denominan free lance, que es un tipo de escritor independiente que vende sus trabajos a distintos precios por contrato, que suele consistir en la cesi?n por dos a?os de los derechos de autor a cambio de un valor estipulado. No ten?a otros recursos en mi casa. Es as? como comenzamos a trabajar con Marta, mi mujer, que es una artista pl?stica que sabe utilizar muy bien ?leos y acr?licos. Con lo que ella hac?a y con lo que yo pod?a vender, comenzamos a salir adelante hasta llegar a mi recuperaci?n de hoy.

Quienes escuchen o lean lo que dice Eduardo se ir?n dando cuenta de que estamos en presencia de un aut?ntico luchador, pero tal vez ?debido a su modestia? se escapen varios significados que el cronista, en honor a la verdad, deber? reponer. Eduardo Jorge Arcuri naci? en San Mart?n en 1946. Realiz? estudios secundarios que lo formaron como t?cnico electromec?nico. Luego egres? de la UBA 1 como licenciado en F?sica. En 1978 ingres? como investigador en el INTI 2. En 1980 fue designado por el CONET 3 para ocupar el cargo de profesor de F?sica y Mec?nica de los Fluidos. Hasta que una enfermedad lo puso al borde de la muerte primero y despu?s lo dej? cuadripl?jico.
Tal vez sea por eso que se haya transformado en una de esas personas que est?n en el secreto que les da tal experiencia extrema, lo que les permite valorar cada minuto de su vida de un modo fundamental y distinto.

SESAM: ?C?mo viv?s esta profesionalizaci?n?
E.A.: Mi profesionalizaci?n no fue algo m?gico; tuve indudablemente que reforzar mi capacitaci?n como escritor. S?, es verdad que tambi?n hab?a iniciado una carrera human?stica en Filosof?a y Letras, que no pude completar. Mi formaci?n en literatura hab?a quedado interrumpida porque pensaba que no me iba a dar de comer. Cuando no tuve m?s remedio que dedicarme a la literatura en forma profesional, obviamente que tuve que retomar mi formaci?n. Esto me signific? tener que hacer cursos en distintos lugares, incluso por internet. Lo que me ayud? much?simo puesto que hice varios a trav?s de la Escuela de Escritores de Espa?a.
Una cosa as? en Europa suele ser tomada de distintas maneras: se da tanto para los que se inician como para el perfeccionamiento de los que ya son profesionales. Estos cursos, y otros que tom? ?que sirven para capacitar a quien los hace, dado que acortan camino? fueron y son completados fundamentalmente por mis lecturas y por la escritura, que deben ser ejercicios permanentes para todos los que pretendan escribir.
SESAM: ?Un escritor puede mantenerse con su profesi?n?
E.A.: El problema del ?xito en nuestro pa?s pasa primero por la situaci?n de que aqu? no est? muy afincada la figura del agente literario, que en otros lugares juega el rol de representante del autor, lo cual significa un atraso. Tambi?n por el hecho de que el autor est? capacitado para ?escribir bien?. Si uno ofrece al mercado lo que el mercado quiere comprar, el ?xito puede pasar por ah?. Debemos aclarar que, en este caso, ?escribir bien? implica escribir lo que la gente quiere comprar. Sucede que hay gente que escribe con calidad pero nadie compra sus cosas y otros que escriben horrorosamente mal y sin embargo son comprados. De modo que si el escritor ?escribe bien? puede trabajar con distintas editoriales. Obviamente que al principio es un poco duro hasta que uno se hace de un cierto ?cartel? y los editores comienzan a conocerlo. Cada vez que un editor sabe que en el mercado hay que cubrir un tema espec?fico, llama a un determinado escritor que figura en su agenda, que por lo general es alguien que tiene una cierta orientaci?n o una cierta facilidad para hablar de ese tema.
En la ?jerga? yo estoy considerado un escritor ?todo terreno?, que es la denominaci?n que se les da a aquellos que pueden escribir sobre un tema se?alado, pero que consiguen encarar otras especialidades. Tengo vendidos muchos manuales de distintas tem?ticas. Pero no necesariamente algo que me desagrade, pues uno corre el riesgo de convertirse en un mercenario. Lo fundamental es lograr el equilibrio. Si algo me desagrada, lo rechazo. A m? me gusta mucho la narrativa hist?rica. A veces sucede que hay acontecimientos cercanos, por fechas o por afinidades, como ha sucedido con el tema de Trafalgar. Es en circunstancias como ?sta cuando me llaman y es cuando comienza a aparecer el trabajo.
SESAM: Has tenido en tu tarea una proyecci?n internacional, tus libros han sido publicados o traducidos en otros pa?ses, ?verdad?
E.A.: S?. Comenc? a trabajar con una editorial que tiene una subsidiaria en Estados Unidos. Para esta tarea de instalarme en el medio, me ayud? mucho un personaje creado por m? y que utilic? para hacer ciertos an?lisis: ?cido Clorh?drico. Lo invent? teniendo en cuenta fundamentalmente la cantidad de ese ?cido que tenemos en nuestro aparato digestivo y que nos sirve para digerir las cosas. Me sirvi? para tomar un tema e interpretarlo, digerirlo; pero nunca para hacer una cr?tica c?ustica o para tirar abajo el trabajo de otro. Con ?cido hice casi gratuitamente infinidad de rese?as de libros, hasta que me conocieron y logr? entrar en la agenda de varios editores.
SESAM: Sin duda que tu formaci?n universitaria te ayud? en todo esto.
E.A.: Sin duda, pero lo importante es la b?squeda del conocimiento. No es necesario ser universitario para lograrlo. Hay personas que no lo son, pero sin embargo pueden llegar a tener un caudal de inteligencia que los convierte en personas cultas. Siempre me gusta mencionar lo culto que pudo haber sido un aborigen al resolver sus problemas de subsistencia. Por eso pienso que aquellos que no son universitarios tienen la posibilidad, en la medida que se lo propongan, de poder acceder a cualquier caudal de conocimiento. Pero tienen que hacerlo con honestidad.
Lo esencial para escribir es la documentaci?n. Es la mejor manera de lograr que los personajes hablen. De modo que si un personaje es carpintero, el escritor debe estar informado sobre lo que es la carpinter?a.
SESAM: Ya que entramos en el terreno espec?ficamente literario, ?c?mo fue tu formaci?n?, ?qu? autores te interesaron?
E.A.: En ese sentido soy un hombre de los ?60. Por lo tanto me interesaron los autores del boom literario. Me encanta Garc?a M?rquez por algo muy particular; no me gusta como escribe, pero sin embargo logra atraparme. Me gusta mucho Borges. En cambio, S?bato ya no me interesa tanto. Hoy vende m?s por el nombre que por el contenido.
SESAM: Eduardo, uno de los problemas que tenemos en la SESAM es que todav?a no hemos logrado atraer a los j?venes en la medida que queremos. ?Qu? consejo les dar?as a los j?venes que quieren empezar a escribir?
E.A.: Una de las cuestiones que m?s preocupan hoy es la de la transferencia de conocimientos, que es un proceso que viene desde el principio de la humanidad y consiste en que nosotros podamos y debamos ense?arles a los j?venes a utilizar la capacidad de discernimiento para que puedan usar su libertad para escribir, pensar y hacer. Eso es lo que deben aprender los j?venes.
SESAM: Nuestra sociedad de escritores te ha designado para dirigir su editorial, ?qu? ideas ten?s al respecto?
E.A.: Estamos en momentos propicios porque nuestros precios son mucho m?s baratos que en Europa. Por lo tanto, tenemos que capacitarnos para poder escribir con calidad para un mercado que se ha globalizado. Ya no podemos escribir s?lo con el coraz?n o las tripas. Tenemos que comenzar a escribir con los dos hemisferios del cerebro; es decir, con el sentimiento y con la inteligencia, para lo cual tenemos que capacitarnos.
Por otro lado es necesario que los argentinos tengamos que revertir los problemas de educaci?n y alimentaci?n, que deterioran la capacidad de nuestros ni?os y j?venes. S?lo as? evitaremos esa cantidad de est?pidos que se prestan a ser manipulados por los caudillos de turno, que los saben dominar, y entonces podr?amos salir del pozo en que ca?mos en los ?70.
SESAM: ?Qu? te gustar?a decirnos que no te hayamos preguntado?
E.A.: Bueno, que me gustar?a morir con las botas puestas. Es decir, luchando por mis ideales.
SESAM: Ahora s?, va nuestra ?ltima pregunta: ?consider?s que en San Mart?n estamos en un buen camino para lograr esos ideales?
E.A.: S?, creo que s?; porque nos hemos encontrado un conjunto de personas muy dispuestas a trabajar por ideales compartidos. Gente sin mezquindades, que trabaja generosamente por su comunidad.
SESAM: Muchas gracias por todo lo que nos has dicho y por tus ideales, que sab?s tambi?n son los nuestros.

Mientras apago el grabador y lo guardo, pienso en lo mucho que tenemos por hacer, pero pienso tambi?n que al lado de figuras como Eduardo vale la pena continuar trabajando.

Agust?n Romano

1 UBA: Universidad de Buenos Aires.
2 INTI: Instituto Nacional de Tecnolog?a Industrial.
3 CONET: Consejo Nacional de Educaci?n T?cnica.



CUIDANDO A MAM?
de Eduardo Jorge Arcuri

Cuando ya todos se hab?an marchado, la casa qued? en silencio, conteniendo a?n las vibraciones de los sonidos en las paredes y en los vidrios de los amplios ventanales. ?Las fragancias de las mujeres se hab?an perdido en los vahos ?cidos de los vinos antiguos del ?frica.?
No s? qui?n me dict? estas palabras. Habr? sido la noche, el desvelo o los vapores de los perfumes h?medos del sue?o.
Lo cierto fue que cuando Rosa comenz? a sentirse mal, llam? a Lucrecia, la hija mayor. Antes del mediod?a lleg? a la casa materna y se encontr? con que la madre se hab?a instalado en la cama para hacer reposo.
En cuanto se comentaron los ?ltimos s?ntomas, Lucrecia llam? a Julio y a Sof?a. Ninguno de los tres hermanos hab?a tenido en cuenta que la madre podr?a enfermarse alguna vez. Pero al fin, lo inesperado hab?a llegado.
Desde que qued? viuda con los tres hijos muy chicos, Rosa se hab?a convertido en el n?cleo principal de la familia. Supo, acaso por el v?nculo de los afectos, contener a los ni?os dentro de su ?rbita simbi?tica. A punto tal, que a los hermanos les cost? much?simo despegar de ella cuando, ya adultos, intentaron formar sus propias familias. Siempre se mantuvieron en contacto. No pasaban m?s de dos d?as, y las llamadas telef?nicas tej?an una red en l?nea permanente entre ellos y su madre.
Pero ahora, la importancia de las comunicaciones estaba justificada de manera alarmante: la madre estaba enferma. Tal vez no era nada grave, pero, para que Rosa cayese en cama, algo dram?tico podr?a llegar a desencadenarse.
Antes del anochecer, Lucrecia abri? la puerta del departamento materno para que Sof?a ingresara, tensa y apurada. Julio lleg? un poco m?s tarde, al final del horario de oficina.
??Qu? le pas? a mam?? ?fue la pregunta alarmada de Julio. ?l, como ?nico var?n de la familia, siempre debi? tomar las decisiones y ser el organizador de las tareas que luego distribu?a entre sus dos hermanas. Ellas eran las encargadas de resolver las necesidades dom?sticas; ?l, era quien aportaba las ideas y los dineros que hicieran falta.
?Est? volando de fiebre ?dijo Lucrecia?, le puse unos pa?os fr?os y no quise llamar al m?dico sin consultarte.
A la hora son? el timbre del portero el?ctrico. El doctor Gal?ndez subi? hasta el piso catorce y se encontr? con la familia reunida como cuando los atend?a de ni?os. Esta vez era diferente, deb?a asistir a Rosa. Nunca antes lo hab?a hecho. Ella hab?a sido siempre de una salud de hierro y no pas? por la cabeza de nadie que alguna vez pudiera enfermarse. Seguramente deb?a de ser grave para que lo llamaran.
La fiebre era intensa y la sum?a en una profunda somnolencia. Respiraba con dificultad. El cuerpo irradiaba un calor alarmante. Levemente incorporada entre almohadones, Rosa no pudo decir ni una palabra, apenas entreabri? la boca para balbucear algo antes de que el doctor Gal?ndez le suministrara una dosis potente de ?Novalgina?.
Ese s?ntoma febril fue el comienzo de la afecci?n de Rosa. Los hijos no se separaron de la cama en toda la noche. Le controlaban la temperatura y le daban a sorber una gragea con las gotas de un antit?rmico hasta tanto no estuvieran los resultados de los an?lisis que el propio doctor Gal?ndez se ocupaba de llevar a cabo.
A la ma?ana siguiente, Julio se fue a trabajar mal dormido y preocupado por la salud de la madre, que no hab?a modificado el cuadro.
Entre las dos mujeres volvieron a repartirse las tareas en el departamento materno, alternando la atenci?n de sus c?nyuges que, sin tener hijos que cuidar, esperaban pacientemente el regreso de sus respectivas esposas. Durante los primeros d?as, Sof?a se hac?a una escapada para cocinar el almuerzo de su marido. Lucrecia, ni siquiera ten?a esa preocupaci?n, ya que su esposo com?a en el trabajo. As? que ambas se quedaron sin remordimientos, renovando los pa?os fr?os y suministrando el antit?rmico que le hab?a recetado el m?dico de la familia.
Los d?as fueron pasando y ninguno de los hijos quiso separarse del lado de la madre mientras ?sta estuviera enferma. La relaci?n les trajo recuerdos de la infancia, cuando se reun?an alrededor de la mesa, departiendo charlas amenas, protegidos por el denuedo materno y el afecto de los recuerdos.
El diagn?stico sigui? siendo incierto. Ante la poca efectividad de la medicaci?n del doctor Gal?ndez, Lucrecia decidi? apelar a los remedios caseros. Con el acuerdo de los hermanos, comenz? a suministrarle un remedio de extra?o origen familiar, que muy pronto empez? a surtir efecto. La fiebre comenz? a retirarse y, en poco tiempo, la temperatura baj? a niveles normales aunque Rosa no daba se?ales de recuperar el ?nimo. Segu?a postrada sin moverse y se hizo necesario que las mujeres se encargaran del aseo personal de la madre sin sacarla de la cama.
Al medio d?a, Julio volv?a para almorzar lo que le hab?a preparado alguna de las hermanas, mientras ellas segu?an atendiendo sus respectivos hogares a la distancia.
Los d?as siguieron su curso, poco y nada pareci? importarle a ninguna de las mujeres que los conflictos comenzaran a presentarse con sus respectivos c?nyuges. Ellos siguieron juntos, al pie de la cama, cuidando a mam?.
Regularmente, cualquiera de ellas se encargaba de suministrarle las gotas del remedio casero que la manten?a con la temperatura estable. Aunque Rosa no reaccionara, todos siguieron compartiendo la casa como cuando eran ni?os, s?lo que esta vez deb?an atender a la madre que, no obstante estar enferma, continuaba nucle?ndolos, tan simbi?tica como siempre.
Desde que el nuevo menjunje surti? efecto, decidieron prescindir de los servicios del doctor Gal?ndez. El viejo m?dico deb?a de estar gag? o se hab?a quedado tan atr?s en el tiempo que sus recetas magistrales ya no serv?an para las enfermedades nuevas.
As? pasaron los d?as y los meses; ninguna de las hermanas volvi? a su casa. Ten?an que cuidar a mam?, que sin reaccionar todav?a, los segu?a necesitando. En el fondo de sus inconscientes, seguramente todos esperaban que esta situaci?n se prolongara; de ser posible anhelaban que fuera para siempre. Se sent?an maravillosamente bien juntos, como cuando eran ni?os, pero esta vez, m?s unidos a?n, con el pretexto que les ofrec?a tener que cuidar a la enferma.
Disfrutaban compartiendo las mismas vajillas y los muebles de cuando eran chicos, con los mismos colores y las mismas fragancias que mal creyeron perdidas para siempre.
El doctor Gal?ndez llam? esa ma?ana desde el portero el?ctrico de la planta baja.
?No lo ten?a planeado, pero como pasaba por ac?, pens? en subir para ver c?mo sigue tu madre ?le dijo a Sof?a cuando atendi? el llamado.
No bien el m?dico se acerc? a Rosa, la not? demacrada; era l?gico despu?s de tantos d?as en cama. La madre segu?a tapada hasta el cuello con el acolchado limpio y bien tendido y dejaba ver unos ojos vidriosos. Estaba bien peinada y pulcra. Gal?ndez le pas? la mano por la frente como para censarle la temperatura y comprob? que ya no ten?a s?ntomas de fiebre. La piel era algo r?stica y le pareci? que no respiraba. Cuando levant? la vista hacia la mesita de luz para ver qu? estaba tomando, vio el frasco; dud? sobre el estado real de la enferma. Levant? un poco el acolchado para auscultarla con el estetoscopio. Reci?n entonces comprendi? que Rosa hab?a sido momificada con la infusi?n. No dud? en asociar el brebaje con los mecanismos de embalsamamiento que usaban los chamanes en tribus remotas del ?frica.
Se incorpor? horrorizado cuando, en ese preciso momento, le cay? en la cabeza un palo de amasar que le fractur? el cr?neo. Sin consultar al hermano, ambas mujeres se dispusieron a deshacerse de la prueba del crimen. Guardaron la carne cercenada en el freezer y, con el primer trozo, prepararon el suculento estofado para cuando Julio llegara.
En pocas semanas y forzando el apetito, la polic?a se quedar?a sin evidencias. Entonces s?, nadie m?s podr?a interponerse para seguir cuidando a mam?.



?CU?NTO RECORDAMOS DE LITERATURA?

Para que cada cual tome conciencia de lo que recuerda (o no) de las grandes obras de la literatura universal y nos sirva de incentivo para repasar p?rrafos casi olvidados o para ampliar nuestras lecturas.

Tres obras tr?gicas, pero una sola historia

Al regreso de la guerra de Troya, Agamen?n Atrida, el rey de hombres, es asesinado con la princesa troyana Casandra en su palacio de Micenas. La conspiraci?n fue urdida por su esposa Clitemnestra y el amante de ella, Egisto, cu?ado del rey. Orestes, hijo de Agamen?n y Clitemnestra, es condenado a muerte pero lo salva su ayo, que lo refugia en la corte del rey de F?cida. La princesa Electra, hermana de Orestes, es reducida pr?cticamente a servidumbre por su madre y su padrastro, los nuevos amos de la Arg?lida. El argumento de estas obras trata de la venganza asumida por Electra, quien espera la vuelta de Orestes para concretarla.

Obra / autor: ?Las co?foras? / Esquilo (525-456 a. JC)
Obra / autor: ?Electra? / S?focles (496-406 a. JC)
Obra / autor: ?Electra? / Eur?pides (480-406 a. JC)

?poca de la acci?n: siglo XII (circa 1183 a. JC)
Lengua: griego
Dialecto: ?tico, predominante / d?rico en los coros
G?nero: dram?tico (obra teatral)
Subg?nero: tragedia
Versificaci?n: versos con ritmo y sin rima


(Algunas preguntas pueden ser capciosas)

11)?En qu? obra los forasteros traen una urna que contendr?a las cenizas de Orestes?
12) ?En d?nde se encuentra Egisto cuando Orestes se dispone a vengar la muerte de su padre?
13) ?Qui?n muere primero, Egisto o Clitemnestra?
14) ?Qui?n mata efectivamente a Clitemnestra?
15) ?En qu? obra aparecen los Dioscuros y qu? relaci?n de parentesco tienen con Clitemnestra?

EUR?PIDES
Este gran poeta tr?gico naci? en Salamina en 480 a. JC, si bien hay quien ensaya una fecha m?s temprana (484). Al parecer fue hijo de un comerciante de buena posici?n y de una mujer de la nobleza. De que era hijo de una verdulera fue un rumor que hicieron correr sus enemigos, que los ten?a (y muchos) entre los comedi?grafos.
Disc?pulo de Anax?goras y condisc?pulo de S?crates, su vida no tuvo la grandeza de las de Esquilo o S?focles. Nunca ocup? un cargo p?blico, odiaba la pol?tica, y pas? gran parte de su existencia escribiendo teatro. Pese a ser un gran talento, su teatro ?demasiado r?spido? no era del agrado del gran p?blico, a lo que quiz? contribu?a su visi?n tr?gica del mundo: un mundo donde la raz?n y la tolerancia (y por ende el orden y la paz) eran constantemente estropeadas por la irracionalidad y la violencia.
En lugar de la intervenci?n de dioses y nigromantes, Eur?pides gustaba en sus obras que los pies se apoyaran bien en tierra. Sus h?roes no son tan l?mpidos ni definidos, siempre est?n al borde del error, un doble mensaje que escandalizaba a los atenienses. Por ejemplo, en su ?Electra?, Clitemnestra no es la malvada absoluta; m?s all? de ser una asesina, muestra signos de remordimiento y de amor por sus hijos. En s?ntesis, Eur?pides presenta h?roes m?s humanos que sus grandes competidores.
Quiz? fue todo esto lo que contribuy? a su gloria tard?a, casi p?stuma; probablemente mucho m?s que las burlas mercenarias de que fue objeto. Esto tambi?n explica que haya obtenido muy pocos galardones (ver Obras), contra la abrumadora carrera de S?focles, quien gan? veinte veces el premio m?ximo, o bien el segundo.
No tuvo matrimonios felices. En el primero, repudi? a la esposa; en el segundo, la mujer constituy? el martirio de sus ?ltimos a?os. Esto le dio fama de mis?gino, pero fue una fama sin fundamento. Se dice que cierta vez alguien le se?al? a S?focles lo mucho que Eur?pides odiaba a las mujeres, a lo que el gran tr?gico contest?: ?S?, las odia en las tragedias, pero las adora en el gineceo?.
Ya maduro se refugi? en una cueva de Salamina, donde ten?a una nutrida biblioteca. All? escribi? la mayor parte de sus tragedias.
Al final de su vida fue llamado por Arquelao, rey de Macedonia, y se instal? en Pela, su capital. El monarca era un hombre que intentaba cultivar a su gente, un pueblo semib?rbaro. Con este fin, seduc?a con fortunas a poetas y fil?sofos atenienses. A Eur?pides lo colm? de honores y regalos. As? vemos c?mo un hombre con ideales democr?ticos, pese a su odio visceral por la pol?tica, pierde la virtud en virtud del poderoso caballero de Quevedo y se convierte de pronto en favorito de un d?spota. Se cuenta una an?cdota en la que, con anuencia del rey, azot? al paje Decam?nico porque se burlaba de su feo aliento; evidentemente, a?n no se hab?a inventado el dent?frico o, por lo menos, Eur?pides no usaba tales cosas. Pero Decam?nico supo vengarse unos a?os m?s tarde: en el curso de una cacer?a asesin? al rey.
La muerte de Eur?pides fue al estilo de los suplicios mitol?gicos. Un d?a que paseaba por un campo del Epiro fue despedazado por una jaur?a de perros vagabundos, al modo de su personaje Penteo, quien muri? despedazado por las bacantes. S?focles honr? a Eur?pides dirigiendo de luto los coros atenienses.
En su epitafio fueron escritos estos versos: ?Tumba de Eur?pides es la Grecia entera / sus huesos guarda la tierra de Macedonia / en la que lo sorprendi? el fin de su vida. / Su patria fue Atenas, H?lade de H?lade. / Despu?s de que mucho a las Musas sirvi? / de muchos tambi?n la alabanza disfruta?.

OBRAS:
92 atribuidas 1, pero s?lo 18 conservadas 2, a saber:
Alcestis (438 a. JC) (segundo puesto)
Medea (431 a. JC) (tercer puesto)
Las her?clidas (c. 430 a. JC)
Hip?lito (428 a. JC) (primer puesto)
Andr?maca (c. 425 a. JC)
H?cuba (c. 424 a. JC)
Las suplicantes (c. 423 a. JC)
Electra (c. 420 a. JC)
Heracles (c. 416 a. JC)
Las troyanas (415 a. JC) (segundo puesto)
Ifigenia en T?uride (c. 414 a. JC)
I?n (c. 414 a. JC)
Helena (412 a. JC)
Las fenicias (c. 410 a. JC)
Orestes (408 a. JC)
Las bacantes (405 a. JC)
Ifigenia en ?ulide (405 a. JC, p?stuma, primer puesto)
El c?clope (sin datar). ?nico drama sat?rico conservado.

1 Hay quienes reducen el n?mero total de obras a setenta y cinco.
2 La obra Reso no ser?a de Eur?pides; probablemente de alg?n imitador de su estilo.
H.Z.


Respuestas a las preguntas de REVISTA SESAM N? 77.

6) ?Quienes forman el coro en cada obra?
Respuesta: En Esquilo, el coro lo forman esclavas troyanas; en S?focles, quince mujeres mic?nicas; en Eur?pides, campesinas argivas.

7) ?Quienes ofrendan rizos o mechones de sus cabellos en honor de Agamen?n y en qu? obras?
Respuesta: En Esquilo, el rizo es ofrecido por Orestes. En S?focles, por Electra y Cris?temis; y tambi?n por Orestes y P?lades, aunque no en la misma ceremonia. En Eur?pides, por Orestes y P?lades.

8) ?D?nde vive Electra?, ?y c?mo?
Respuesta: En Esquilo y S?focles, Electra vive en el palacio junto a la madre y el padrastro, aunque soltera y en servidumbre. En Eur?pides, en una choza, como mujer de un campesino argivo.

9) ?D?nde se reencuentran Orestes y Electra?
Respuesta: En Esquilo, ambos hermanos se reencuentran frente a la tumba de Agamen?n. En S?focles, frente a la puerta del palacio de Clitemnestra y Egisto. En Eur?pides, frente a la puerta de la choza del campesino.

10) ?Qui?n descubre que el forastero es Orestes?
Respuesta: En Esquilo y en S?focles, el propio Orestes se presenta ante Electra y le da pruebas de que es su hermano, si bien estas se?ales son diferentes en una y otra obra. En Eur?pides, lo descubre el anciano ayo que lo salv? de ni?o y se lo confirma a Electra.
H.Z.


CULTURA POPULAR

CARLOS GARDEL: TRES VERSIONES DE UN MITO



Hagamos pues un Dios a semejanza
de lo que quisimos ser y no pudimos.
?Gardel?, de Humberto Constantini

Muchas veces se ha dicho que Carlos Gardel es un mito. Y como tal, tanto argentinos como uruguayos pretendemos adue?arnos de ?l.
En ambas orillas y en varias ocasiones, se han expuesto argumentos ?m?s que valederos? para comprobar ?la verdad? del paradigma defendido por cada pa?s.
Por otra parte, el mito gardeliano tiene tambi?n una tercera variante: es la que el cine norteamericano nos da.
En este nuevo aniversario de su muerte, no pretendemos entrar en pol?mica ni demostrar ninguna de las ?verdades? que en este momento se debaten en torno a Gardel, sino ?simplemente? desplegar el mito en cuanto mito y acercarnos un poco a su comprensi?n. Obramos as? porque consideramos que el mito tiene m?s fuerza sobre lo real que la misma verdad. Nadie podr? comprender la marcha de la historia si no comprende los mitos que la constituyen. Porque ellos tienen que ver con los campos de representaci?n simb?lica, capaces de organizar las conductas colectivas de cada ?poca con las identidades y con los valores y esperanzas de los pueblos. Nos mueve tambi?n, lo confesamos, la admiraci?n inmensa que sentimos por don Carlos, tal vez una de las figuras m?s relevantes de la cultura popular argentina, uruguaya e internacional del siglo XX (no en vano, su voz ha sido declarada por la UNESCO ?patrimonio de la humanidad?).


I
Los mitos

La pregunta que cabe aqu? es la siguiente: ?qu? cuentan los argentinos y los uruguayos cuando hablan de Gardel y qu? cuenta el cine norteamericano?

1. El relato argentino.
Para la memoria de los argentinos, Gardel naci? en Toulouse (Francia), el 11 de diciembre de 1890. Fue anotado bajo el nombre de Charles Romuald Gardes, que luego cambiar?a por el de Carlos Gardel, hijo de Berthe Gardes y de padre desconocido. Lleg? al pa?s en 1893 con su madre, planchadora de profesi?n. Se radicaron en el barrio porte?o del Abasto, que m?s tarde le servir?a para forjarse una identidad y ser reconocido como el morocho del Abasto. Hizo su escuela primaria con los salesianos y tuvo como compa?ero a Ceferino Namuncur? (el hijo del cacique, hoy en camino de ser canonizado). Las calificaciones de Gardel fueron siempre excelentes. Frecuent? desde muy temprano el ambiente teatral y el famoso bar?tono Titta Rufo le dio lecciones de canto. Form? d?o con Jos? Razzano y se dedicaron a las canciones camperas. Luego, como solista, lleg? a ser considerado el m?s grande cantor de tango de toda la historia. Triunf? en Par?s. El cine lo catapult? a la fama internacional. Su primera pel?cula ?muda? fue realizada en Argentina, Piel de durazno (1917). Tambi?n film? en Francia y en Estados Unidos. Desde 1932 tuvo como guionista a Alfredo Le Pera, con quien compuso muchos de sus ?xitos musicales. Gardel muri? en un accidente a?reo en Medell?n (Colombia) el 24 de junio de 1935.
El Gardel argentino es, como dice Isidoro Blaisten ?el mejor amigo, y por eso lo aman los hombres; el m?s hermoso, y por eso lo aman las mujeres; el mejor hijo, y por eso lo aman las madres?. Existen varias pel?culas, novelas, ensayos hist?ricos, biograf?as y tambi?n asociaciones gardelianas que defienden esta postura.
Pero donde el mito alcanza su m?s alto valor arquet?pico es en el filme de Pino Solanas Tangos, el exilio de Gardel. Dice el cineasta: ?Fue all? donde puse un encuentro entre Gardel y San Mart?n: dos representaciones mitol?gicas, el Pueblo y la Naci?n. El prototipo nacional por excelencia, el austero San Mart?n; y el alma tierna y solidaria, el s?mbolo de la amistad y del amor, Carlos Gardel?.

2. El relato uruguayo
Para la memoria uruguaya, Gardel naci? en la estancia Santa Blanca, segunda secci?n judicial del departamento de Tacuaremb? ?como vemos, nombre aborigen? el 11 de diciembre de 1883. Su padre fue el coronel Carlos Escayola, un se?or al mejor estilo feudal, que sol?a ejercer ?el derecho de pernada? y a quien se le atribuyen m?s de cincuenta hijos, algunos de ellos, reconocidos. Carlos no tuvo esta suerte. El nombre de su madre es incierto. Se suele hablar de Mar?a Lelia Oliva, una adolescente de 14 ? 15 a?os, que se sospecha hija del propio Escayola. El nacimiento de Gardel ser?a, entonces, producido por un incesto, lo que justificar?a la intenci?n del padre de desprenderse de ?l. Como posible madre se habla tambi?n de Manuela Bentos y de la propia Berthe, quien por entonces habr?a andado por Tacuaremb? ejerciendo la prostituci?n.
La versi?n que se apoya en Mar?a Lelia Oliva asevera que, despu?s de su nacimiento, el ni?o fue entregado a Manuela Casco, una criada de la estancia. Luego ?se dice? fue llevado al Barrio Sur de Montevideo, a la casa de una sobrina de la familia, y que, por ?ltimo, fue entregado a Berthe para ser tra?do a Buenos Aires.
La versi?n que se apoya en Berthe afirma que, luego del nacimiento, ella regres? a Francia, donde pas? un tiempo. Volvi? al Uruguay para recoger a su hijo, con el que, finalmente, se radic? en Buenos Aires. Esta versi?n del viaje de Berthe a su pa?s cuenta con la variante de que el ni?o recogido a su regreso no sea su hijo sino el de Mar?a Lelia o cualquier otra, pero abre una posibilidad muy interesante, como luego veremos.
Sin duda, la historia del abandono por el lado del padre y la incertidumbre por el lado de la madre no preparan al Gardel uruguayo para una existencia feliz.
Toda su vida ser? una lucha por tratar de recuperar el lugar perdido. Pero el relato uruguayo, a partir de estas carencias b?sicas, abre la posibilidad de penetrar en el lado oscuro del h?roe, y tambi?n de plantearlo como un antih?roe.
La novel?stica uruguaya, especialmente la de la d?cada del noventa, nos dar? una versi?n desoladora y cruel del mito.
En obras como Tacuaremb? esquina Carlos Gardel, de Johns Slavo, Los secretos del coronel, de Susana Cabrera o en La noche en que Gardel llor? en mi alcoba, de Fernando Butazzoni, se ir? desplegando ?a partir del car?cter inmaduro y depresivo del cantor? la b?squeda de la madre que nunca tuvo.
La narrativa uruguaya muestra tambi?n en la figura de Escayola el poder de un se?or feudal, due?o absoluto de vidas y haciendas, t?pico de un pa?s latinoamericano. En la obra de Butazzoni, asistimos a la configuraci?n arqueol?gica del antih?roe a trav?s de las im?genes del ?compadrito? 1, el ?malandra? 2, el ?cafishio? 3, el ?homosexual? ligado al mulato Juan Bautista Pe?aflorida, apodado ?el bonito?, o la del ?delincuente? encarcelado en Ushuaia. Estas im?genes preceden a la del triunfador, a la del ?astro cinematogr?fico? que se impuso despu?s.

3. El relato norteamericano
El relato que construye el cine estadounidense, antes que nada, se ajusta a ciertos prototipos propios del mundo del espect?culo de los a?os treinta. Frecuentemente nos muestra la figura de un Gardel cuarent?n, perfectamente peinado, vestido de frac, galera, con pa?uelo de seda al cuello, semejante a la imagen de Bela Lugosi, Clark Gable, Fred Astaire o tantos otros galanes de la ?poca.
Este perfil es digno de considerarse porque en ?l se va a apoyar gran parte de la iconograf?a del culto gardeliano.
La historia subyacente que se puede armar a partir de los relatos cinematogr?ficos es muy sencilla. Es la historia tantas veces contada de alguien que quiere triunfar. En el caso de Gardel es la historia de un porte?o, quien ?lejos de Buenos Aires? vive a?or?ndolo y que, al fin, logra su prop?sito de que se imponga el tango en Broadway.
El car?cter del personaje que nos muestra este relato es el de un buen hombre, sencillo, amable y pulcro, que a veces suele sumirse en la nostalgia y la tristeza, pero que es ?sobre todo? poseedor de una voz excepcional, llave maestra de su triunfo.
A pesar de la sencillez del conflicto, creemos que ?debajo de esta historia? podr?a ocultarse algo muy personal.
Lo que vamos a decir a continuaci?n es pura conjetura ?como todas las cosas que se dicen acerca de Gardel?, por lo tanto no es prueba a favor de ninguna de las versiones del mito. Pero eso s?, creemos que podr?a reforzar una de ellas.
Desde Melod?a de arrabal (1932), filmada en Francia, hasta Tango bar (1935), filmada en Norteam?rica y ?ltima pel?cula de Gardel, todos los filmes argumentales que ?l interpret? tuvieron gui?n de Alfredo Le Pera, con quien el cantor form? un aut?ntico equipo musical y cinematogr?fico.
Visto a grandes rasgos, el Gardel real se parece bastante al personaje de los guiones de Le Pera. La lucha por triunfar, el atildamiento en el vestir, la afici?n al turf, el tono porte?o y la melancol?a, elementos propios de Gardel, suelen aflorar a cada momento en los personajes que interpreta. Esto nos da pie para afirmar, m?s all? de la calidad de su actuaci?n, que Gardel en sus pel?culas se interpreta a s? mismo. Esto no es para nada extra?o si recordamos que en 1930 film? diez cortos en los que habla en su propio nombre; o cuando en 1933 regresa a Buenos Aires y participa de un espect?culo teatral denominado De Gabino a Gardel, en donde es obvio que tuvo que interpretarse a s? mismo. Este fen?meno puede estar justificado por su inexperiencia como actor y por la celeridad con que ten?an que trabajar, circunstancias que no permit?an grandes composiciones interpretativas.
No es dif?cil pensar, entonces, que a la hora de crear un gui?n ?tarea en la que, se sabe, Gardel participaba? hayan elegido con Le Pera una historia conocida, f?cil de interpretar.
El mimetismo entre la persona y el personaje del cine, que ya hemos mencionado, se profundiza y tiende a parecerse en muchos elementos a la versi?n uruguaya del relato.
En Melod?a de arrabal, Torres, el personaje que encarna Gardel, es un ladronzuelo que tiene la afici?n de cantar y que, por amor a una profesora de m?sica, cambia de nombre y termina convirti?ndose en un hombre de bien.
En Cuesta abajo, tambi?n por amor, para cumplir los caprichos de una coqueta, vemos descender al protagonista a la condici?n de gigol?.
En El d?a que me quieras, Julio Arg?ello, hijo de un hombre poderoso, es despreciado por ?ste, que no consiente que se case con una muchacha pobre y artista. Despu?s de robarle para poder casarse, Julio huye y cambia su apellido por el de Quiroga. Hundido en la pobreza, no puede evitar que muera su mujer, quien le ha dado una hija. Sin embargo, Julio logra triunfar como cantante. Con el tiempo la situaci?n se vuelve a repetir; su hija se enamora de un joven distinguido, cuyo padre y el de Julio, muerto en ese entonces, han sido amigos. Tambi?n ?l se opone a esa relaci?n, por ser la muchacha hija de un artista. Finalmente, Julio Arg?ello logra recuperar su prestigio social y su identidad cuando el padre del muchacho logra reconocerlo.
En Tango bar y en El tango en Broadway, los protagonistas logran el ?xito y consiguen que triunfe el tango en Norteam?rica.


II
Reflexiones

Aquella tecnolog?a ?que ten?a al hierro y al bronce como objetos y la fragua, el yunque y el martillo como instrumentos? no pod?a formar una imagen del h?roe que no fuera la de un guerrero valiente, capaz de vestir las armaduras y empu?ar las armas que ella forjaba, y cuyas haza?as eran difundidas en forma oral o a trav?s de la escritura manuscrita. En cambio, aquellas tecnolog?a que tienen la electricidad como base, son duda, han de concebir h?roes diferentes. As? Gardel es el h?roe t?pico de los ?tiempos el?ctricos?. La base de su difusi?n va a estar determinada por tres tecnolog?as dependientes de la electricidad: la radio, el disco y la cinematograf?a. Las tres provocadoras de lo que podemos denominar presencias virtuales, capaces de difundir los mensajes a ?reas geogr?ficas que abarcan todo el planeta y conservarlos y repetirlos en el tiempo tantas veces como se quiera. De este modo, Gardel pas? a ser ?sujeto virtual?. Y sujeto tanto del enunciado como de la enunciaci?n. Es decir, en tanto sujeto del enunciado (sujeto de lo que se cuenta), ?l nos narra su propia vida; y, en tanto sujeto de la enunciaci?n (el que emite el mensaje narrativo), es ?l quien act?a como emisor de su propia historia.
Al Jonson en El cantor de jazz, primera pel?cula sonora, hab?a realizado algo similar sobre la base de su propia biograf?a. En definitiva, cuenta la misma historia: la lucha de alguien por lograr el triunfo como cantante.
As? tenemos la historia de dos ?triunfadores?, uno de origen jud?o y otro de origen latino, que inauguran el g?nero de tipo ?autobiogr?fico?, el cual har? larga carrera en el cine de todos los pa?ses.
La nueva ?paideia? ?modelo humano promovido por la educaci?n, la religi?n, el arte, etc. que establecen las modernas tecnolog?as el?ctricas? es la de un individuo que, gracias a su talento art?stico, logra triunfar mediante su voluntad, a pesar de todos lo inconvenientes que pudiera tener en los circuitos virtuales que est?n afirm?ndose y que representan valores no s?lo est?ticos sino tambi?n ?ticos.
Es sobre este trasfondo que debemos analizar y comprender las particularidades que asume cada una de las versiones del mito.


1. El mito argentino

El mito argentino es esencialmente urbano. Es la historia de un inmigrante de origen europeo que viene a Am?rica a abrirse paso y a hacerse de un lugar. La carencia de un padre afirma su falta de ligaz?n con el pasado y aumenta su voluntad de hacerse a s? mismo sin deberle nada a nadie. Su imagen se ir? adornando con los valores que el medio sustenta: una educaci?n privada y religiosa, la ?pinta? 4 que envidiar? cualquier ?cacat?a? 5, valores art?sticos derivados del teatro y la ?pera, su vinculaci?n barrial al Mercado del Abasto ?s?mbolo de un pa?s rico?, el triunfo en Par?s ?tan grato a los argentinos? y el triunfo final como astro cinematogr?fico.
En los a?os de la d?cada del ?30, d?cada de crisis econ?mica e institucional, cuando el modelo agroexportador comienza a deteriorarse y la desocupaci?n genera las primeras ?villas miseria?, Gardel es el poseedor de todo lo que el argentino sue?a. Y ser? el amigo por excelencia, capaz de ayudar a todos. M?s tarde, en las ?pocas terribles de los ?70 ?junto a San Mart?n, arquetipo de la Naci?n? pasar? a ser la encarnaci?n ideal del pueblo perseguido y exiliado.


2. El mito uruguayo

Este mito es fundamentalmente agrario. Es una historia de alguien que lucha por recuperar su lugar y su identidad. Su origen est? ligado a un territorio con recuerdos de culturas abor?genes. La carencia de una madre significa la falta de una figura protectora, dadora de afecto, incapaz de poner l?mite a un poder arbitrario y absolutista encarnado en un representante de la casta militar y feudal. Las arbitrariedades de este poder ser?n las causas de la ca?da en la abyecci?n. Su formaci?n art?stica tendr? un car?cter campesino y popular. La desterritorializaci?n del ?Gardel uruguayo? ser? una de sus caracter?sticas permanentes, acompa?ada de una imborrable nostalgia, que el cantar? como nadie en los tangos que compuso con Le Pera:

Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor. 6

O si no:
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida. 6

O tambi?n:
Si arrastr? por este mundo
la verg?enza de haber sido
y el dolor de ya no ser. 7


3. El mito norteamericano

Para la ?poca de Gardel, Estados Unidos ya se ha erguido como un pa?s eminentemente industrial y tecnol?gico que se est? preparando para disputarle la hegemon?a mundial a Inglaterra. Ha logrado crear una ?industria cultural? que circula por ?redes? que abarcan todo el mundo. Los fabricantes de pel?culas, de discos, las empresas de radio y las editoriales de historietas o de libros no s?lo imponen los productos culturales que fabrican y que tienen la finalidad de ser vendidos como mercanc?as, sino que tambi?n transmiten mensajes ideol?gicos acordes con sus fines.
Rodolfo Valentino, Charles Chaplin, Carlos Gardel, Greta Garbo, Bela Lugosi y tantos otros llegar?n de todo el mundo para alimentar la f?brica de sue?os y, desde all?, ser?n relanzados a trav?s de los productos que se hicieron con ellos en los mercados de sus propios pa?ses y del mercado mundial despu?s.
El cowboy, el artista triunfador, Tarz?n, Superman, el pirata, el detective privado, el rat?n Mickey, caballeros andantes, reyes y reinas de todo tipo y tantos otros h?roes o superh?roes ser?n los nuevos mitos portadores de la ideolog?a, cuyo m?s alto valor es el ?xito. Mientras atraen las miradas de todos, mostrar?n que Norteam?rica es el lugar a donde hay que emigrar para lograrlo.


III
A modo de conclusi?n

Dec?amos que los mitos son los campos de representaci?n simb?lica capaces de organizar las conductas colectivas de cada ?poca. Esto nos permite entender por qu? los griegos dif?cilmente hubiesen enfrentado con valor las invasiones de los medos y persas si no

Tags: Revista Sesam

Publicado por gala2 @ 14:21  | REVISTAS
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