sábado, 11 de agosto de 2007
REVISTA SESAM
Nº 78
5 de agosto de 2007


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Sumario de hoy:


Textos pequeños de grandes autores:

“Siete sonetos medicinales”, de Almafuerte.
Biografía del autor.
“La fe y las montañas”, de Augusto Monterroso.
Biografía del autor.
Diálogos: con Eduardo Arcuri.
“Cuidando a mamá”, de Eduardo Arcuri.
¿Cuánto recordamos de literatura?
Tres tragedias, pero una sola historia:
“Las coéforas”, de Esquilo; “Electra”, de Sófocles; “Electra”, de Eurípides.
Biografía de Eurípides.

Respuestas a las preguntas de REVISTA SESAM Nº 77.

Cultura Popular:
Carlos Gardel: tres versiones de un mito.
Tres de sus tangos. Biografía de Alfredo Le Pera
Dudas y errores gramaticales y ortográficos.

Información de concursos.

Certamen Internacional de Cuento “Jorge Luis Borges - 2007” (por email) de la REVISTA SESAM

II Juegos Florales de Poesía “Jorge Bossio - 2007” de la SESAM

Primer Certamen Nacional de Poesía “Municipalidad de General San Martín - 2007”

Premio Internacional de Poesía “Olga Orozco - 2007” de la UNSAM.

Otros concursos.

Novedades institucionales:
Seminario con entrada libre y gratuita.
Charla sobre Borges.
Taller literario SESAM.
Próximo Café Literario SESAM.
Reuniones de Comisión Directiva de la SESAM.
SESAM estuvo en...



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TEXTOS PEQUEÑOS DE GRANDES AUTORES

SIETE SONETOS MEDICINALES
de Almafuerte

¡AVANTI! 1

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas...
No han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.

Obcecación asnal, para ser fuerte, 2
nada más necesita la criatura
y en cualquier infeliz se me figura
que se rompen las garras de la suerte... 3

¡Todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de la muerte! 4


¡PIÙ AVANTI! 5

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo,
ya puesto el espolín, piénsate bravo, 6
y no pidas cuartel, ya mal herido. 7

Ten el tesón del clavo enmohecido,
que magüer del orín, vuelve a ser clavo, 8
mas no el tesón con que saluda el pavo, 9
la procaz insistencia del silbido. 10

Procede como Dios, que nunca llora,
o como Lucifer, que nunca reza,
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...

¡Que muerda y vocifere vengadora, 11
ya rodando en el polvo, tu cabeza!


¡MOLTO PIÙ AVANTI! 12

Los que vierten sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas,
para limar las de los otros antes,

los que van por el mundo delirantes,
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos... ¡sobrantes!

¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!
¡nunca sigas impulsos compasivos!
¡Ten los garfios del odio siempre activos,
y los ojos del Juez siempre despiertos...!

¡Y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!


¡MOLTO PIÙ AVANTI ANCORA! 13

El mundo miserable es un estrado 14
donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido
su verdadero ser tras el tocado.

No digas tu verdad ni al más amado;
no demuestres temor ni al más temido;
no creas que jamás te hayan querido
por más besos de amor que te hayan dado.

Mira cómo la nieve se deslíe
sin que apostrofe al sol su labio yerto, 15
cómo ansía las nubes el desierto
sin que a ninguno su ansiedad confíe...

¡Trema como el infierno; pero ríe! 16
¡Vive la vida plena, pero muerto!


¡MOLTÍSSIMO PIÙ AVANTI ANCORA! 17

Si en vez de las estúpidas panteras,
y los férreos estúpidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones
en esa 18 frágil cárcel de las fieras,

no habrían de yacer noches enteras
en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones
lo mismo que dos plácidos horteras.

Cual napoleones pensativos, graves,
no como el tigre sanguinario y maula,
escrutarían palmo a palmo su aula,
buscando las rendijas, no las llaves...

¡Seas el que tú seas, ya lo sabes:
a escrutar las rendijas de tu jaula!


VERA VIOLETA 19

En pos de su nivel se lanza el río
por el gran desnivel de los breñales;
el aire es vendaval, y hay vendavales
por la ley del no-fin, del no-vacío; 20

la más hermosa espiga del estío
no sueña con el pan en los trigales; 21
el más noble panal de los panales 22
no declaró jamás: yo no soy mío.

Y el sol, el padre sol, el raudo foco 23
que lo fomenta todo en la Natura, 24
por fecundar los polos no se apura, 25
ni se desvía un ápice tampoco...

¡Todo lo alcanzarás, solemne loco,
siempre que lo permita tu estatura!


LA YAPA 26

Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el oceano, 27
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo;

tu gimnasia de cárcel no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.

¿Qué saben de lo eterno las esferas?, 28
¿de las borrascas de la mar, la gota?,
¿de puñetazos, la falange rota?,
¿de harina y pan, la paja de las eras...?

¡Detente, por piedad, pluma; no quieras 29
que abandone sus armas el idiota! 30

1 Avanti: en italiano, adelante. Hay otra versión que reemplaza los versos 9º, 12º y 14º por estos (cambios en bastardilla):
2 Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
3 que se mellan los garfios de la suerte...
4 cinco minutos antes de su muerte!
5 Più avanti: en italiano: más adelante. Hay otra versión que reemplaza los versos 3º, 4º, 6º, 7º, 8º y 13º por estos (cambios en bastardilla):

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo,
6 trémulo de pavor, piénsate bravo,
7 y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido,
8 que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
9 no la cobarde intrepidez del pavo, 9 bis
10 que amaina su plumaje al primer ruido.
...................................................................

11 ¡Que apostrofe y vocifere vengadora, 11bis
ya rodando en el polvo, tu cabeza!

9 bis A su vez, hay una variante de esta versión que reemplaza en el 7º verso la palabra intrepidez por estupidez.
11 bis Pero esta versión del verso 13º, además de ser más retórica, no respeta la métrica: es de doce sílabas y no de once, como los otros versos del soneto.

12 Molto più avanti: en italiano, mucho más adelante.
13 Molto più avanti ancora: en italiano, mucho más adelante aún. Hay otra versión que reemplaza los versos 1º, 10º y 13º por estos (cambios en bastardilla):
14 Esta vida mendaz es un estrado
15 sin una queja de su labio yerto,
16 ¡Maldice de los hombres, pero ríe!
17 Moltíssimo più avanti ancora: en italiano, mucho más adelante aún.
18 Hay otra versión que reemplaza el pronombre demostrativo esa por el artículo la.
19 Vera Violeta: en italiano, Verdad Violeta. Hay otra versión que reemplaza los versos 4º, 6º, 7º, 9º, 10º y 11º por estos (cambios en bastardilla):
20 no por la ley del no fin, del no vacío;

la más hermosa espiga del estío
21 ni sueña con el pan de los trigales;
22 el más dulce panal de los panales
no declaró jamás: yo no soy mío.

23 Y el sol, el padre sol, es raudo foco
24 que fomenta la vida en la Natura,
25 por calentar los polos no se apura,
ni se desvía un ápice tampoco.

26 La yapa: en quechua, la añadidura.
27 Licencia poética por la cual se varía la acentuación de la palabra para obtener la rima. Así océano pasa de esdrújula a grave para que rime con mano. Rubén Darío también utiliza esta licencia con la misma palabra a fin de rimarla con germano.

Hay otra versión que reemplaza los versos 9º, 13º y 14º por estos (cambios en bastardilla):
28 ¿Qué saben de lo eterno las esperas?
29 ¡Detén tus pasos, Lógica; no quieras
30 que se hagan pesimistas los idiotas! 30 bis

30 bis A su vez, hay una variante de esta versión que reemplaza la palabra idiota por ilota.


ALMAFUERTE
Un famoso escritor dijo alguna vez: “Uno tiene derecho a contradecirse”. Bueno, Almafuerte pudo haber sido el campeón de las contradicciones: tildado de inculto por ciertos críticos pero un genio para otros; misógino, según algunos, pero capaz de escribir versos enternecedores; misántropo, según otros, pero de una generosidad tan audaz como para repartir entre los pobres sus escasos bienes; paladín de un socialismo humanitario pero profundamente individualista en su propia vida, casi un autista; un hombre que podía trasuntar tanto una fe inquebrantable en Dios como, de pronto, ser un escéptico absoluto; recelado por gobiernos que no admitían cambios sociales y por un incipiente socialismo opositor que jamás lograría incorporarlo a sus filas; odiado por muchos pero adorado por multitudes; y, finalmente, un tipo que supo ser centro involuntario de una disputa literaria que continuaría después de su muerte.



Pedro Bonifacio Palacios, tal el verdadero nombre de Almafuerte, nació el 13 de mayo de 1854 en San Justo, Provincia de Buenos Aires. Sufrió una vida de continuos abandonos: su madre murió cuando tenía apenas cinco años, su padre lo dejó al cuidado de sus abuelos, desentendiéndose de su educación y crianza; y encima, ya de muchacho, se dice que la mujer que amaba se casó con otro.
De adolescente, su primera vocación fue la pintura pero, como el gobierno le negara una beca para perfeccionarse en Europa, cambió de idea y con sólo dieciséis años se dedicó a la escritura y la docencia. Todo esto después de educarse en una escuela de Buenos Aires, de la que llegó a ser preceptor. También se desempeñó por entonces como profesor de declamación y dibujo.
Cuando cumplió los veinte años, el diario Tribuna le publicó la primera de sus obras: "Olvídate de mí". Mucho mas tarde, en 1893, el diario La Nación le publicaría otras.
Maestro sin título, igual que Sarmiento, ejerció como tal en las escuelas de la Piedad y Balvanera, de la ciudad de la ciudad de Buenos Aires, y poco después en la provincia homónima: Mercedes, Chacabuco, Salto y Trenque Lauquen. Se dice que empezaba el año con apenas quince alumnos y los terminaba con más de cien, porque a los chicos se le agregaban los padres, hermanos y abuelos. Por entonces, también trabajó como periodista en El Oeste de Mercedes.
Después se hizo cargo de la dirección de una miserable escuela rural, que un día de 1884 recibió la visita del ex presidente (y gran educador) don Domingo Faustino Sarmiento.
Pero lo expulsaron de la docencia. Fueron muchos quienes afirman –y con buen juicio– que esto se debió a sus poemas, demasiado críticos para la mentalidad estrecha de entonces, a lo que se sumaba la educación libertaria que promovía entre los peones de campo. Estos actos “subversivos” hicieron que el gobierno de la Provincia de Buenos Aires buscara la excusa para silenciarlo: su falta de título que lo habilitara. ¡En una época en que los maestros titulados se contaban con los dedos y como si no hubiese sido una práctica habitual! El decreto de cesantía fue insultante: “...por falta de formación, ser un autodidacto y un improvisado” (sic).
El sarcasmo de Sarmiento (ese otro loco 31) contra las autoridades bonaerenses no tardaría: “¿Qué le han prohibido enseñar? Pues bien, les notifico que Almafuerte fue quien nos enseñó a enseñar...”.
Esta injusta situación lo empujó a buscar nuevas actividades en la ciudad de Buenos Aires, donde integró un grupo literario junto a Manuel Gálvez y Alberto Gerchunoff, y luego en La Plata, donde ejerció el periodismo en el diario El Pueblo.
Por ese tiempo, obtuvo un puesto en la Cámara de Diputados de Buenos Aires, y más tarde como bibliotecario y traductor en la Dirección General de Estadística de esa misma provincia.
Durante la Revolución del Parque se identificó con los ideales radicales de Leandro Alem. Sin embargo, pronto se desengañó: lo suyo era otro tipo de política, con base en las reservas morales.
En 1894 retoma su actividad docente en una escuela de Trenque Lauquen, pero dos años más tarde es despedido de nuevo por cuestiones políticas. Para entonces ni siquiera le quedaba el consuelo de las reconfortantes palabras de Sarmiento: el prócer había muerto en 1888.
A comienzos del siglo XX participa un poco de la actividad política, pero no lo hace con demasiado entusiasmo. A la inestabilidad económica, que siempre lo persiguió, se sumaría su terquedad de no aceptar un cargo público. Incluso, serían notables sus diatribas contra la burocracia.
Sobrevivió sus últimos años en la miseria, en una humilde casa de la calle 66 Nº 530 de la ciudad de La Plata. Allí murió, el 28 de febrero de 1917, de una esclerosis renal; envuelto en una raída bandera argentina de lanilla que le servía de abrigo.
Al final de su vida, el Congreso Nacional Argentino le llegó a conceder una pensión vitalicia para que pudiera dedicarse de lleno a su actividad de poeta. Los muchachos se habían acordado un poco tarde: nunca la llegaría a cobrar.
Más de medio siglo después, en 1974, el gobierno bonaerense lo declaró Maestro Honoris Causa, le otorgó el título de maestro que nunca tuviera en vida y derogó el decreto que lo había cesanteado. No hay duda de que Franz Kafka (leer El Castillo) tenía bastante razón.

OBRAS EN VIDA:
Lamentaciones (La Plata, 1906)
Evangélicas (Buenos Aires, 1915)
Almafuerte y la guerra (Buenos Aires, 1916)
Poesías y un estudio-prólogo de la personalidad del poeta y sus obras, de Juan Mas y Pi (Buenos Aires, 1916)

OBRAS DE EDICIÓN PÓSTUMA:
Poesías completas (París, 1917 y 1928)
Nuevas poesías y Evangélicas, con estudio de Alfredo Palacios (Montevideo, 1918)
Espigas (Buenos Aires, 1919)
Obras completas, recopilación de Alfredo J. Torcelli, según los textos definitivos del autor (Buenos Aires, 1928)
Discursos completos, con estudio de Sergio Bagú (Buenos Aires, 1933)
Poesías, primera compilación a partir de textos originales (Buenos Aires, 1933)
La hora trágica (La Plata, 1937)
Obras completas de Almafuerte, Evangélicas-Poesías-Discursos, con estudio preliminar de Luis Alberto Ruiz (Buenos Aires, 1951)
Obras de Almafuerte, Evangélicas-Poesías-Discursos, ordenadas y anotadas por Romualdo Brughetti (Buenos Aires, 1954)

Como vemos, publicó en vida muy pocas obras, pero sus poesías (en su mayoría de edición póstuma) le ganaron la admiración de Jorge Luis Borges, de Rubén Darío y de Leopoldo Lugones, entre otros.
Para Borges “es el hombre de genio de la literatura argentina”.
Según el autor de Azul “es una voz que clama: es el imprecador; es en la tierra que ha nacido la eterna figura del vociferador que llega a turbar las fiestas de los dichosos. Habla de un modo que sorprende y asusta; otro que él estaría muy cerca del ridículo. Posee una coraza de sinceridad que lo defiende de todo. No lo he visto nunca; no lo conozco personalmente. He preguntado por él a algunos que lo conocen. En resumen, me han hablado de un misántropo, o más bien, de un loco”.
Y para Lugones, fue “uno de los poetas más vigorosos y originales del continente, por su vivo dolor, por sus sombras de hondas tristezas, por las ansiedades de profunda nostalgia que templan su inspiración”.

31 A Sarmiento sus colegas políticos lo llamaban “el loco”.
H.Z.



NARRATIVA LATINOAMERICANA

LA FE Y LAS MONTAÑAS
de Augusto Monterroso

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.
Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.
Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.



AUGUSTO TITO MONTERROSO
Nació el 21 de diciembre de 1921 en Tegucigalpa, capital de Honduras. De familia guatemalteca, vivió en Guatemala desde muy jovencito hasta 1944, en que debió emigrar por el golpe de estado de Castillo Armas. Enemigo acérrimo de los regímenes dictatoriales y autoritarios, fue un gran defensor de los derechos de los indígenas. Estuvo en Bolivia y Chile; desde 1956, se radica definitivamente en México.
Esencialmente autodidacta, está considerado el cuentista guatemalteco más importante del siglo XX y uno de los más famosos cuentistas del continente. Empezó a publicar a partir de 1959, año en que salió la primera edición de sus Obras completas (y otros cuentos), conjunto de incisivas narraciones donde comienzan a notarse los rasgos esenciales de su narrativa: prosa concisa, de apariencia sencilla pero llena de referencias cultas (y ocultas), así como un magistral manejo de la parodia, la caricatura y el humor negro.
Es considerado uno de los maestros de la mini-ficción. Un verdadero especialista en abordar temáticas complejas y fascinantes de manera breve con una provocadora visión del mundo y una narrativa que deleita a los lectores más exigentes.
Contrajo matrimonio con la escritora Bárbara Jacobs, su alumna y más ferviente admiradora.
Su composición “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, estuvo considerada como el relato más breve de la literatura universal durante décadas. En 1970 ganó el premio Magda Donato; en 1975, el Xavier Villaurrutia; en 1988, la condecoración del Águila Azteca por su aporte a la cultura mexicana; el Juan Rulfo en 1996; el Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” en 1997 y en 2000, el Príncipe de Asturias de las Letras, entre otros.
Tito, como lo llamaban sus allegados, el gran hacedor de cuentos y fábulas breves, murió el 7 de febrero de 2003 en la ciudad de México.

OBRAS:
Obras completas (y otros cuentos), 1959.
La oveja negra y demás fábulas, 1969.
Movimiento perpetuo (cuentos, ensayos y aforismos, 1972)
Lo demás es silencio (novela, 1978)
Viaje al centro de la fábula (entrevistas, 1981)
La palabra mágica (cuentos y ensayos, 1983)
La letra e: fragmentos de un diario, 1987.
Los buscadores de oro (autobiografía, 1993)
La vaca (ensayos, 1998)
Pájaros de Hispanoamérica (antología, 2001)
Literatura y vida (cuentos y ensayos, 2004)
H.Z.



DIÁLOGOS

con EDUARDO JORGE ARCURI



Luego de una de las clases del seminario que la SESAM está realizando en estos momentos, nos reunimos varios socios en uno de los “boliches” de San Martín. Mi propósito es hacerle un reportaje a Eduardo Arcuri, nuestro actual vicepresidente y uno de los miembros fundadores de nuestra institución.
Mientras nos disponemos, miro su cara y pienso que si en cualquier momento sacara una pipa y se pusiera a fumar, seguramente nadie tomaría esto como algo extraño a su persona. Es que su “pinta” de intelectual o de sabio casi exige ese gesto. Sin embargo, Eduardo no fuma. Pero eso sí, al poco tiempo de hablar con él, cualquiera advierte que está ante alguien muy especial. Lo que sí resulta claro es que Eduardo pueda detentar un título que muy pocos han logrado en un medio en donde vivir de la escritura es casi una utopía.

SESAM: Eduardo, vos representás para nuestra comunidad sanmartinense un modelo de escritor muy escaso aquí. En nuestro ambiente sos uno de los pocos que han tomado como profesión la escritura. Contanos un poco sobre eso.
Eduardo Arcuri: No estaba en mis planes ser un escritor profesional, si bien como dice mi currículo soy hijo y nieto de escritores. Hace nueve años quedé discapacitado e impedido de poder hacer lo que hacía en el área de la técnica. Esto me obligó a acercarme de nuevo a la computadora, esta vez en silla de ruedas, en busca de una nueva profesión u oficio. Descubrí que escribiendo –hasta ese momento había sido un hobby– podía lograrlo. Así fue como nació la idea de hacerlo con una intención profesional, ya que en silla de ruedas no podía hacer otra cosa más que escribir. Por entonces saqué a relucir cosas que tenía escritas desde hacía mucho tiempo atrás –escribo desde mi adolescencia– y lo había hecho siempre para consumo interno. A raíz de esta discapacidad, que hoy por suerte he superado, me dediqué a escribir primero como un amateur hasta que mis escritos tuvieron cierta aceptación en el mercado editorial. Hoy soy un escritor de los que en la jerga del ambiente se denominan free lance, que es un tipo de escritor independiente que vende sus trabajos a distintos precios por contrato, que suele consistir en la cesión por dos años de los derechos de autor a cambio de un valor estipulado. No tenía otros recursos en mi casa. Es así como comenzamos a trabajar con Marta, mi mujer, que es una artista plástica que sabe utilizar muy bien óleos y acrílicos. Con lo que ella hacía y con lo que yo podía vender, comenzamos a salir adelante hasta llegar a mi recuperación de hoy.

Quienes escuchen o lean lo que dice Eduardo se irán dando cuenta de que estamos en presencia de un auténtico luchador, pero tal vez –debido a su modestia– se escapen varios significados que el cronista, en honor a la verdad, deberá reponer. Eduardo Jorge Arcuri nació en San Martín en 1946. Realizó estudios secundarios que lo formaron como técnico electromecánico. Luego egresó de la UBA 1 como licenciado en Física. En 1978 ingresó como investigador en el INTI 2. En 1980 fue designado por el CONET 3 para ocupar el cargo de profesor de Física y Mecánica de los Fluidos. Hasta que una enfermedad lo puso al borde de la muerte primero y después lo dejó cuadripléjico.
Tal vez sea por eso que se haya transformado en una de esas personas que están en el secreto que les da tal experiencia extrema, lo que les permite valorar cada minuto de su vida de un modo fundamental y distinto.

SESAM: ¿Cómo vivís esta profesionalización?
E.A.: Mi profesionalización no fue algo mágico; tuve indudablemente que reforzar mi capacitación como escritor. Sí, es verdad que también había iniciado una carrera humanística en Filosofía y Letras, que no pude completar. Mi formación en literatura había quedado interrumpida porque pensaba que no me iba a dar de comer. Cuando no tuve más remedio que dedicarme a la literatura en forma profesional, obviamente que tuve que retomar mi formación. Esto me significó tener que hacer cursos en distintos lugares, incluso por internet. Lo que me ayudó muchísimo puesto que hice varios a través de la Escuela de Escritores de España.
Una cosa así en Europa suele ser tomada de distintas maneras: se da tanto para los que se inician como para el perfeccionamiento de los que ya son profesionales. Estos cursos, y otros que tomé –que sirven para capacitar a quien los hace, dado que acortan camino– fueron y son completados fundamentalmente por mis lecturas y por la escritura, que deben ser ejercicios permanentes para todos los que pretendan escribir.
SESAM: ¿Un escritor puede mantenerse con su profesión?
E.A.: El problema del éxito en nuestro país pasa primero por la situación de que aquí no está muy afincada la figura del agente literario, que en otros lugares juega el rol de representante del autor, lo cual significa un atraso. También por el hecho de que el autor esté capacitado para “escribir bien”. Si uno ofrece al mercado lo que el mercado quiere comprar, el éxito puede pasar por ahí. Debemos aclarar que, en este caso, “escribir bien” implica escribir lo que la gente quiere comprar. Sucede que hay gente que escribe con calidad pero nadie compra sus cosas y otros que escriben horrorosamente mal y sin embargo son comprados. De modo que si el escritor “escribe bien” puede trabajar con distintas editoriales. Obviamente que al principio es un poco duro hasta que uno se hace de un cierto “cartel” y los editores comienzan a conocerlo. Cada vez que un editor sabe que en el mercado hay que cubrir un tema específico, llama a un determinado escritor que figura en su agenda, que por lo general es alguien que tiene una cierta orientación o una cierta facilidad para hablar de ese tema.
En la “jerga” yo estoy considerado un escritor “todo terreno”, que es la denominación que se les da a aquellos que pueden escribir sobre un tema señalado, pero que consiguen encarar otras especialidades. Tengo vendidos muchos manuales de distintas temáticas. Pero no necesariamente algo que me desagrade, pues uno corre el riesgo de convertirse en un mercenario. Lo fundamental es lograr el equilibrio. Si algo me desagrada, lo rechazo. A mí me gusta mucho la narrativa histórica. A veces sucede que hay acontecimientos cercanos, por fechas o por afinidades, como ha sucedido con el tema de Trafalgar. Es en circunstancias como ésta cuando me llaman y es cuando comienza a aparecer el trabajo.
SESAM: Has tenido en tu tarea una proyección internacional, tus libros han sido publicados o traducidos en otros países, ¿verdad?
E.A.: Sí. Comencé a trabajar con una editorial que tiene una subsidiaria en Estados Unidos. Para esta tarea de instalarme en el medio, me ayudó mucho un personaje creado por mí y que utilicé para hacer ciertos análisis: Ácido Clorhídrico. Lo inventé teniendo en cuenta fundamentalmente la cantidad de ese ácido que tenemos en nuestro aparato digestivo y que nos sirve para digerir las cosas. Me sirvió para tomar un tema e interpretarlo, digerirlo; pero nunca para hacer una crítica cáustica o para tirar abajo el trabajo de otro. Con Ácido hice casi gratuitamente infinidad de reseñas de libros, hasta que me conocieron y logré entrar en la agenda de varios editores.
SESAM: Sin duda que tu formación universitaria te ayudó en todo esto.
E.A.: Sin duda, pero lo importante es la búsqueda del conocimiento. No es necesario ser universitario para lograrlo. Hay personas que no lo son, pero sin embargo pueden llegar a tener un caudal de inteligencia que los convierte en personas cultas. Siempre me gusta mencionar lo culto que pudo haber sido un aborigen al resolver sus problemas de subsistencia. Por eso pienso que aquellos que no son universitarios tienen la posibilidad, en la medida que se lo propongan, de poder acceder a cualquier caudal de conocimiento. Pero tienen que hacerlo con honestidad.
Lo esencial para escribir es la documentación. Es la mejor manera de lograr que los personajes hablen. De modo que si un personaje es carpintero, el escritor debe estar informado sobre lo que es la carpintería.
SESAM: Ya que entramos en el terreno específicamente literario, ¿cómo fue tu formación?, ¿qué autores te interesaron?
E.A.: En ese sentido soy un hombre de los ‘60. Por lo tanto me interesaron los autores del boom literario. Me encanta García Márquez por algo muy particular; no me gusta como escribe, pero sin embargo logra atraparme. Me gusta mucho Borges. En cambio, Sábato ya no me interesa tanto. Hoy vende más por el nombre que por el contenido.
SESAM: Eduardo, uno de los problemas que tenemos en la SESAM es que todavía no hemos logrado atraer a los jóvenes en la medida que queremos. ¿Qué consejo les darías a los jóvenes que quieren empezar a escribir?
E.A.: Una de las cuestiones que más preocupan hoy es la de la transferencia de conocimientos, que es un proceso que viene desde el principio de la humanidad y consiste en que nosotros podamos y debamos enseñarles a los jóvenes a utilizar la capacidad de discernimiento para que puedan usar su libertad para escribir, pensar y hacer. Eso es lo que deben aprender los jóvenes.
SESAM: Nuestra sociedad de escritores te ha designado para dirigir su editorial, ¿qué ideas tenés al respecto?
E.A.: Estamos en momentos propicios porque nuestros precios son mucho más baratos que en Europa. Por lo tanto, tenemos que capacitarnos para poder escribir con calidad para un mercado que se ha globalizado. Ya no podemos escribir sólo con el corazón o las tripas. Tenemos que comenzar a escribir con los dos hemisferios del cerebro; es decir, con el sentimiento y con la inteligencia, para lo cual tenemos que capacitarnos.
Por otro lado es necesario que los argentinos tengamos que revertir los problemas de educación y alimentación, que deterioran la capacidad de nuestros niños y jóvenes. Sólo así evitaremos esa cantidad de estúpidos que se prestan a ser manipulados por los caudillos de turno, que los saben dominar, y entonces podríamos salir del pozo en que caímos en los ’70.
SESAM: ¿Qué te gustaría decirnos que no te hayamos preguntado?
E.A.: Bueno, que me gustaría morir con las botas puestas. Es decir, luchando por mis ideales.
SESAM: Ahora sí, va nuestra última pregunta: ¿considerás que en San Martín estamos en un buen camino para lograr esos ideales?
E.A.: Sí, creo que sí; porque nos hemos encontrado un conjunto de personas muy dispuestas a trabajar por ideales compartidos. Gente sin mezquindades, que trabaja generosamente por su comunidad.
SESAM: Muchas gracias por todo lo que nos has dicho y por tus ideales, que sabés también son los nuestros.

Mientras apago el grabador y lo guardo, pienso en lo mucho que tenemos por hacer, pero pienso también que al lado de figuras como Eduardo vale la pena continuar trabajando.

Agustín Romano

1 UBA: Universidad de Buenos Aires.
2 INTI: Instituto Nacional de Tecnología Industrial.
3 CONET: Consejo Nacional de Educación Técnica.



CUIDANDO A MAMÁ
de Eduardo Jorge Arcuri

Cuando ya todos se habían marchado, la casa quedó en silencio, conteniendo aún las vibraciones de los sonidos en las paredes y en los vidrios de los amplios ventanales. “Las fragancias de las mujeres se habían perdido en los vahos ácidos de los vinos antiguos del África.”
No sé quién me dictó estas palabras. Habrá sido la noche, el desvelo o los vapores de los perfumes húmedos del sueño.
Lo cierto fue que cuando Rosa comenzó a sentirse mal, llamó a Lucrecia, la hija mayor. Antes del mediodía llegó a la casa materna y se encontró con que la madre se había instalado en la cama para hacer reposo.
En cuanto se comentaron los últimos síntomas, Lucrecia llamó a Julio y a Sofía. Ninguno de los tres hermanos había tenido en cuenta que la madre podría enfermarse alguna vez. Pero al fin, lo inesperado había llegado.
Desde que quedó viuda con los tres hijos muy chicos, Rosa se había convertido en el núcleo principal de la familia. Supo, acaso por el vínculo de los afectos, contener a los niños dentro de su órbita simbiótica. A punto tal, que a los hermanos les costó muchísimo despegar de ella cuando, ya adultos, intentaron formar sus propias familias. Siempre se mantuvieron en contacto. No pasaban más de dos días, y las llamadas telefónicas tejían una red en línea permanente entre ellos y su madre.
Pero ahora, la importancia de las comunicaciones estaba justificada de manera alarmante: la madre estaba enferma. Tal vez no era nada grave, pero, para que Rosa cayese en cama, algo dramático podría llegar a desencadenarse.
Antes del anochecer, Lucrecia abrió la puerta del departamento materno para que Sofía ingresara, tensa y apurada. Julio llegó un poco más tarde, al final del horario de oficina.
–¿Qué le pasó a mamá? –fue la pregunta alarmada de Julio. Él, como único varón de la familia, siempre debió tomar las decisiones y ser el organizador de las tareas que luego distribuía entre sus dos hermanas. Ellas eran las encargadas de resolver las necesidades domésticas; él, era quien aportaba las ideas y los dineros que hicieran falta.
–Está volando de fiebre –dijo Lucrecia–, le puse unos paños fríos y no quise llamar al médico sin consultarte.
A la hora sonó el timbre del portero eléctrico. El doctor Galíndez subió hasta el piso catorce y se encontró con la familia reunida como cuando los atendía de niños. Esta vez era diferente, debía asistir a Rosa. Nunca antes lo había hecho. Ella había sido siempre de una salud de hierro y no pasó por la cabeza de nadie que alguna vez pudiera enfermarse. Seguramente debía de ser grave para que lo llamaran.
La fiebre era intensa y la sumía en una profunda somnolencia. Respiraba con dificultad. El cuerpo irradiaba un calor alarmante. Levemente incorporada entre almohadones, Rosa no pudo decir ni una palabra, apenas entreabrió la boca para balbucear algo antes de que el doctor Galíndez le suministrara una dosis potente de “Novalgina”.
Ese síntoma febril fue el comienzo de la afección de Rosa. Los hijos no se separaron de la cama en toda la noche. Le controlaban la temperatura y le daban a sorber una gragea con las gotas de un antitérmico hasta tanto no estuvieran los resultados de los análisis que el propio doctor Galíndez se ocupaba de llevar a cabo.
A la mañana siguiente, Julio se fue a trabajar mal dormido y preocupado por la salud de la madre, que no había modificado el cuadro.
Entre las dos mujeres volvieron a repartirse las tareas en el departamento materno, alternando la atención de sus cónyuges que, sin tener hijos que cuidar, esperaban pacientemente el regreso de sus respectivas esposas. Durante los primeros días, Sofía se hacía una escapada para cocinar el almuerzo de su marido. Lucrecia, ni siquiera tenía esa preocupación, ya que su esposo comía en el trabajo. Así que ambas se quedaron sin remordimientos, renovando los paños fríos y suministrando el antitérmico que le había recetado el médico de la familia.
Los días fueron pasando y ninguno de los hijos quiso separarse del lado de la madre mientras ésta estuviera enferma. La relación les trajo recuerdos de la infancia, cuando se reunían alrededor de la mesa, departiendo charlas amenas, protegidos por el denuedo materno y el afecto de los recuerdos.
El diagnóstico siguió siendo incierto. Ante la poca efectividad de la medicación del doctor Galíndez, Lucrecia decidió apelar a los remedios caseros. Con el acuerdo de los hermanos, comenzó a suministrarle un remedio de extraño origen familiar, que muy pronto empezó a surtir efecto. La fiebre comenzó a retirarse y, en poco tiempo, la temperatura bajó a niveles normales aunque Rosa no daba señales de recuperar el ánimo. Seguía postrada sin moverse y se hizo necesario que las mujeres se encargaran del aseo personal de la madre sin sacarla de la cama.
Al medio día, Julio volvía para almorzar lo que le había preparado alguna de las hermanas, mientras ellas seguían atendiendo sus respectivos hogares a la distancia.
Los días siguieron su curso, poco y nada pareció importarle a ninguna de las mujeres que los conflictos comenzaran a presentarse con sus respectivos cónyuges. Ellos siguieron juntos, al pie de la cama, cuidando a mamá.
Regularmente, cualquiera de ellas se encargaba de suministrarle las gotas del remedio casero que la mantenía con la temperatura estable. Aunque Rosa no reaccionara, todos siguieron compartiendo la casa como cuando eran niños, sólo que esta vez debían atender a la madre que, no obstante estar enferma, continuaba nucleándolos, tan simbiótica como siempre.
Desde que el nuevo menjunje surtió efecto, decidieron prescindir de los servicios del doctor Galíndez. El viejo médico debía de estar gagá o se había quedado tan atrás en el tiempo que sus recetas magistrales ya no servían para las enfermedades nuevas.
Así pasaron los días y los meses; ninguna de las hermanas volvió a su casa. Tenían que cuidar a mamá, que sin reaccionar todavía, los seguía necesitando. En el fondo de sus inconscientes, seguramente todos esperaban que esta situación se prolongara; de ser posible anhelaban que fuera para siempre. Se sentían maravillosamente bien juntos, como cuando eran niños, pero esta vez, más unidos aún, con el pretexto que les ofrecía tener que cuidar a la enferma.
Disfrutaban compartiendo las mismas vajillas y los muebles de cuando eran chicos, con los mismos colores y las mismas fragancias que mal creyeron perdidas para siempre.
El doctor Galíndez llamó esa mañana desde el portero eléctrico de la planta baja.
–No lo tenía planeado, pero como pasaba por acá, pensé en subir para ver cómo sigue tu madre –le dijo a Sofía cuando atendió el llamado.
No bien el médico se acercó a Rosa, la notó demacrada; era lógico después de tantos días en cama. La madre seguía tapada hasta el cuello con el acolchado limpio y bien tendido y dejaba ver unos ojos vidriosos. Estaba bien peinada y pulcra. Galíndez le pasó la mano por la frente como para censarle la temperatura y comprobó que ya no tenía síntomas de fiebre. La piel era algo rústica y le pareció que no respiraba. Cuando levantó la vista hacia la mesita de luz para ver qué estaba tomando, vio el frasco; dudó sobre el estado real de la enferma. Levantó un poco el acolchado para auscultarla con el estetoscopio. Recién entonces comprendió que Rosa había sido momificada con la infusión. No dudó en asociar el brebaje con los mecanismos de embalsamamiento que usaban los chamanes en tribus remotas del África.
Se incorporó horrorizado cuando, en ese preciso momento, le cayó en la cabeza un palo de amasar que le fracturó el cráneo. Sin consultar al hermano, ambas mujeres se dispusieron a deshacerse de la prueba del crimen. Guardaron la carne cercenada en el freezer y, con el primer trozo, prepararon el suculento estofado para cuando Julio llegara.
En pocas semanas y forzando el apetito, la policía se quedaría sin evidencias. Entonces sí, nadie más podría interponerse para seguir cuidando a mamá.



¿CUÁNTO RECORDAMOS DE LITERATURA?

Para que cada cual tome conciencia de lo que recuerda (o no) de las grandes obras de la literatura universal y nos sirva de incentivo para repasar párrafos casi olvidados o para ampliar nuestras lecturas.

Tres obras trágicas, pero una sola historia

Al regreso de la guerra de Troya, Agamenón Atrida, el rey de hombres, es asesinado con la princesa troyana Casandra en su palacio de Micenas. La conspiración fue urdida por su esposa Clitemnestra y el amante de ella, Egisto, cuñado del rey. Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra, es condenado a muerte pero lo salva su ayo, que lo refugia en la corte del rey de Fócida. La princesa Electra, hermana de Orestes, es reducida prácticamente a servidumbre por su madre y su padrastro, los nuevos amos de la Argólida. El argumento de estas obras trata de la venganza asumida por Electra, quien espera la vuelta de Orestes para concretarla.

Obra / autor: “Las coéforas” / Esquilo (525-456 a. JC)
Obra / autor: “Electra” / Sófocles (496-406 a. JC)
Obra / autor: “Electra” / Eurípides (480-406 a. JC)

Época de la acción: siglo XII (circa 1183 a. JC)
Lengua: griego
Dialecto: ático, predominante / dórico en los coros
Género: dramático (obra teatral)
Subgénero: tragedia
Versificación: versos con ritmo y sin rima


(Algunas preguntas pueden ser capciosas)

11)¿En qué obra los forasteros traen una urna que contendría las cenizas de Orestes?
12) ¿En dónde se encuentra Egisto cuando Orestes se dispone a vengar la muerte de su padre?
13) ¿Quién muere primero, Egisto o Clitemnestra?
14) ¿Quién mata efectivamente a Clitemnestra?
15) ¿En qué obra aparecen los Dioscuros y qué relación de parentesco tienen con Clitemnestra?

EURÍPIDES
Este gran poeta trágico nació en Salamina en 480 a. JC, si bien hay quien ensaya una fecha más temprana (484). Al parecer fue hijo de un comerciante de buena posición y de una mujer de la nobleza. De que era hijo de una verdulera fue un rumor que hicieron correr sus enemigos, que los tenía (y muchos) entre los comediógrafos.
Discípulo de Anaxágoras y condiscípulo de Sócrates, su vida no tuvo la grandeza de las de Esquilo o Sófocles. Nunca ocupó un cargo público, odiaba la política, y pasó gran parte de su existencia escribiendo teatro. Pese a ser un gran talento, su teatro –demasiado ríspido– no era del agrado del gran público, a lo que quizá contribuía su visión trágica del mundo: un mundo donde la razón y la tolerancia (y por ende el orden y la paz) eran constantemente estropeadas por la irracionalidad y la violencia.
En lugar de la intervención de dioses y nigromantes, Eurípides gustaba en sus obras que los pies se apoyaran bien en tierra. Sus héroes no son tan límpidos ni definidos, siempre están al borde del error, un doble mensaje que escandalizaba a los atenienses. Por ejemplo, en su “Electra”, Clitemnestra no es la malvada absoluta; más allá de ser una asesina, muestra signos de remordimiento y de amor por sus hijos. En síntesis, Eurípides presenta héroes más humanos que sus grandes competidores.
Quizá fue todo esto lo que contribuyó a su gloria tardía, casi póstuma; probablemente mucho más que las burlas mercenarias de que fue objeto. Esto también explica que haya obtenido muy pocos galardones (ver Obras), contra la abrumadora carrera de Sófocles, quien ganó veinte veces el premio máximo, o bien el segundo.
No tuvo matrimonios felices. En el primero, repudió a la esposa; en el segundo, la mujer constituyó el martirio de sus últimos años. Esto le dio fama de misógino, pero fue una fama sin fundamento. Se dice que cierta vez alguien le señaló a Sófocles lo mucho que Eurípides odiaba a las mujeres, a lo que el gran trágico contestó: “Sí, las odia en las tragedias, pero las adora en el gineceo”.
Ya maduro se refugió en una cueva de Salamina, donde tenía una nutrida biblioteca. Allí escribió la mayor parte de sus tragedias.
Al final de su vida fue llamado por Arquelao, rey de Macedonia, y se instaló en Pela, su capital. El monarca era un hombre que intentaba cultivar a su gente, un pueblo semibárbaro. Con este fin, seducía con fortunas a poetas y filósofos atenienses. A Eurípides lo colmó de honores y regalos. Así vemos cómo un hombre con ideales democráticos, pese a su odio visceral por la política, pierde la virtud en virtud del poderoso caballero de Quevedo y se convierte de pronto en favorito de un déspota. Se cuenta una anécdota en la que, con anuencia del rey, azotó al paje Decaménico porque se burlaba de su feo aliento; evidentemente, aún no se había inventado el dentífrico o, por lo menos, Eurípides no usaba tales cosas. Pero Decaménico supo vengarse unos años más tarde: en el curso de una cacería asesinó al rey.
La muerte de Eurípides fue al estilo de los suplicios mitológicos. Un día que paseaba por un campo del Epiro fue despedazado por una jauría de perros vagabundos, al modo de su personaje Penteo, quien murió despedazado por las bacantes. Sófocles honró a Eurípides dirigiendo de luto los coros atenienses.
En su epitafio fueron escritos estos versos: “Tumba de Eurípides es la Grecia entera / sus huesos guarda la tierra de Macedonia / en la que lo sorprendió el fin de su vida. / Su patria fue Atenas, Hélade de Hélade. / Después de que mucho a las Musas sirvió / de muchos también la alabanza disfruta”.

OBRAS:
92 atribuidas 1, pero sólo 18 conservadas 2, a saber:
Alcestis (438 a. JC) (segundo puesto)
Medea (431 a. JC) (tercer puesto)
Las heráclidas (c. 430 a. JC)
Hipólito (428 a. JC) (primer puesto)
Andrómaca (c. 425 a. JC)
Hécuba (c. 424 a. JC)
Las suplicantes (c. 423 a. JC)
Electra (c. 420 a. JC)
Heracles (c. 416 a. JC)
Las troyanas (415 a. JC) (segundo puesto)
Ifigenia en Táuride (c. 414 a. JC)
Ión (c. 414 a. JC)
Helena (412 a. JC)
Las fenicias (c. 410 a. JC)
Orestes (408 a. JC)
Las bacantes (405 a. JC)
Ifigenia en Áulide (405 a. JC, póstuma, primer puesto)
El cíclope (sin datar). Único drama satírico conservado.

1 Hay quienes reducen el número total de obras a setenta y cinco.
2 La obra Reso no sería de Eurípides; probablemente de algún imitador de su estilo.
H.Z.


Respuestas a las preguntas de REVISTA SESAM Nº 77.

6) ¿Quienes forman el coro en cada obra?
Respuesta: En Esquilo, el coro lo forman esclavas troyanas; en Sófocles, quince mujeres micénicas; en Eurípides, campesinas argivas.

7) ¿Quienes ofrendan rizos o mechones de sus cabellos en honor de Agamenón y en qué obras?
Respuesta: En Esquilo, el rizo es ofrecido por Orestes. En Sófocles, por Electra y Crisótemis; y también por Orestes y Pílades, aunque no en la misma ceremonia. En Eurípides, por Orestes y Pílades.

8) ¿Dónde vive Electra?, ¿y cómo?
Respuesta: En Esquilo y Sófocles, Electra vive en el palacio junto a la madre y el padrastro, aunque soltera y en servidumbre. En Eurípides, en una choza, como mujer de un campesino argivo.

9) ¿Dónde se reencuentran Orestes y Electra?
Respuesta: En Esquilo, ambos hermanos se reencuentran frente a la tumba de Agamenón. En Sófocles, frente a la puerta del palacio de Clitemnestra y Egisto. En Eurípides, frente a la puerta de la choza del campesino.

10) ¿Quién descubre que el forastero es Orestes?
Respuesta: En Esquilo y en Sófocles, el propio Orestes se presenta ante Electra y le da pruebas de que es su hermano, si bien estas señales son diferentes en una y otra obra. En Eurípides, lo descubre el anciano ayo que lo salvó de niño y se lo confirma a Electra.
H.Z.


CULTURA POPULAR

CARLOS GARDEL: TRES VERSIONES DE UN MITO



Hagamos pues un Dios a semejanza
de lo que quisimos ser y no pudimos.
“Gardel”, de Humberto Constantini

Muchas veces se ha dicho que Carlos Gardel es un mito. Y como tal, tanto argentinos como uruguayos pretendemos adueñarnos de él.
En ambas orillas y en varias ocasiones, se han expuesto argumentos “más que valederos” para comprobar “la verdad” del paradigma defendido por cada país.
Por otra parte, el mito gardeliano tiene también una tercera variante: es la que el cine norteamericano nos da.
En este nuevo aniversario de su muerte, no pretendemos entrar en polémica ni demostrar ninguna de las “verdades” que en este momento se debaten en torno a Gardel, sino –simplemente– desplegar el mito en cuanto mito y acercarnos un poco a su comprensión. Obramos así porque consideramos que el mito tiene más fuerza sobre lo real que la misma verdad. Nadie podrá comprender la marcha de la historia si no comprende los mitos que la constituyen. Porque ellos tienen que ver con los campos de representación simbólica, capaces de organizar las conductas colectivas de cada época con las identidades y con los valores y esperanzas de los pueblos. Nos mueve también, lo confesamos, la admiración inmensa que sentimos por don Carlos, tal vez una de las figuras más relevantes de la cultura popular argentina, uruguaya e internacional del siglo XX (no en vano, su voz ha sido declarada por la UNESCO “patrimonio de la humanidad”).


I
Los mitos

La pregunta que cabe aquí es la siguiente: ¿qué cuentan los argentinos y los uruguayos cuando hablan de Gardel y qué cuenta el cine norteamericano?

1. El relato argentino.
Para la memoria de los argentinos, Gardel nació en Toulouse (Francia), el 11 de diciembre de 1890. Fue anotado bajo el nombre de Charles Romuald Gardes, que luego cambiaría por el de Carlos Gardel, hijo de Berthe Gardes y de padre desconocido. Llegó al país en 1893 con su madre, planchadora de profesión. Se radicaron en el barrio porteño del Abasto, que más tarde le serviría para forjarse una identidad y ser reconocido como el morocho del Abasto. Hizo su escuela primaria con los salesianos y tuvo como compañero a Ceferino Namuncurá (el hijo del cacique, hoy en camino de ser canonizado). Las calificaciones de Gardel fueron siempre excelentes. Frecuentó desde muy temprano el ambiente teatral y el famoso barítono Titta Rufo le dio lecciones de canto. Formó dúo con José Razzano y se dedicaron a las canciones camperas. Luego, como solista, llegó a ser considerado el más grande cantor de tango de toda la historia. Triunfó en París. El cine lo catapultó a la fama internacional. Su primera película –muda– fue realizada en Argentina, Piel de durazno (1917). También filmó en Francia y en Estados Unidos. Desde 1932 tuvo como guionista a Alfredo Le Pera, con quien compuso muchos de sus éxitos musicales. Gardel murió en un accidente aéreo en Medellín (Colombia) el 24 de junio de 1935.
El Gardel argentino es, como dice Isidoro Blaisten “el mejor amigo, y por eso lo aman los hombres; el más hermoso, y por eso lo aman las mujeres; el mejor hijo, y por eso lo aman las madres”. Existen varias películas, novelas, ensayos históricos, biografías y también asociaciones gardelianas que defienden esta postura.
Pero donde el mito alcanza su más alto valor arquetípico es en el filme de Pino Solanas Tangos, el exilio de Gardel. Dice el cineasta: “Fue allí donde puse un encuentro entre Gardel y San Martín: dos representaciones mitológicas, el Pueblo y la Nación. El prototipo nacional por excelencia, el austero San Martín; y el alma tierna y solidaria, el símbolo de la amistad y del amor, Carlos Gardel”.

2. El relato uruguayo
Para la memoria uruguaya, Gardel nació en la estancia Santa Blanca, segunda sección judicial del departamento de Tacuarembó –como vemos, nombre aborigen– el 11 de diciembre de 1883. Su padre fue el coronel Carlos Escayola, un señor al mejor estilo feudal, que solía ejercer “el derecho de pernada” y a quien se le atribuyen más de cincuenta hijos, algunos de ellos, reconocidos. Carlos no tuvo esta suerte. El nombre de su madre es incierto. Se suele hablar de María Lelia Oliva, una adolescente de 14 ó 15 años, que se sospecha hija del propio Escayola. El nacimiento de Gardel sería, entonces, producido por un incesto, lo que justificaría la intención del padre de desprenderse de él. Como posible madre se habla también de Manuela Bentos y de la propia Berthe, quien por entonces habría andado por Tacuarembó ejerciendo la prostitución.
La versión que se apoya en María Lelia Oliva asevera que, después de su nacimiento, el niño fue entregado a Manuela Casco, una criada de la estancia. Luego –se dice– fue llevado al Barrio Sur de Montevideo, a la casa de una sobrina de la familia, y que, por último, fue entregado a Berthe para ser traído a Buenos Aires.
La versión que se apoya en Berthe afirma que, luego del nacimiento, ella regresó a Francia, donde pasó un tiempo. Volvió al Uruguay para recoger a su hijo, con el que, finalmente, se radicó en Buenos Aires. Esta versión del viaje de Berthe a su país cuenta con la variante de que el niño recogido a su regreso no sea su hijo sino el de María Lelia o cualquier otra, pero abre una posibilidad muy interesante, como luego veremos.
Sin duda, la historia del abandono por el lado del padre y la incertidumbre por el lado de la madre no preparan al Gardel uruguayo para una existencia feliz.
Toda su vida será una lucha por tratar de recuperar el lugar perdido. Pero el relato uruguayo, a partir de estas carencias básicas, abre la posibilidad de penetrar en el lado oscuro del héroe, y también de plantearlo como un antihéroe.
La novelística uruguaya, especialmente la de la década del noventa, nos dará una versión desoladora y cruel del mito.
En obras como Tacuarembó esquina Carlos Gardel, de Johns Slavo, Los secretos del coronel, de Susana Cabrera o en La noche en que Gardel lloró en mi alcoba, de Fernando Butazzoni, se irá desplegando –a partir del carácter inmaduro y depresivo del cantor– la búsqueda de la madre que nunca tuvo.
La narrativa uruguaya muestra también en la figura de Escayola el poder de un señor feudal, dueño absoluto de vidas y haciendas, típico de un país latinoamericano. En la obra de Butazzoni, asistimos a la configuración arqueológica del antihéroe a través de las imágenes del “compadrito” 1, el “malandra” 2, el “cafishio” 3, el “homosexual” ligado al mulato Juan Bautista Peñaflorida, apodado “el bonito”, o la del “delincuente” encarcelado en Ushuaia. Estas imágenes preceden a la del triunfador, a la del “astro cinematográfico” que se impuso después.

3. El relato norteamericano
El relato que construye el cine estadounidense, antes que nada, se ajusta a ciertos prototipos propios del mundo del espectáculo de los años treinta. Frecuentemente nos muestra la figura de un Gardel cuarentón, perfectamente peinado, vestido de frac, galera, con pañuelo de seda al cuello, semejante a la imagen de Bela Lugosi, Clark Gable, Fred Astaire o tantos otros galanes de la época.
Este perfil es digno de considerarse porque en él se va a apoyar gran parte de la iconografía del culto gardeliano.
La historia subyacente que se puede armar a partir de los relatos cinematográficos es muy sencilla. Es la historia tantas veces contada de alguien que quiere triunfar. En el caso de Gardel es la historia de un porteño, quien –lejos de Buenos Aires– vive añorándolo y que, al fin, logra su propósito de que se imponga el tango en Broadway.
El carácter del personaje que nos muestra este relato es el de un buen hombre, sencillo, amable y pulcro, que a veces suele sumirse en la nostalgia y la tristeza, pero que es –sobre todo– poseedor de una voz excepcional, llave maestra de su triunfo.
A pesar de la sencillez del conflicto, creemos que –debajo de esta historia– podría ocultarse algo muy personal.
Lo que vamos a decir a continuación es pura conjetura –como todas las cosas que se dicen acerca de Gardel–, por lo tanto no es prueba a favor de ninguna de las versiones del mito. Pero eso sí, creemos que podría reforzar una de ellas.
Desde Melodía de arrabal (1932), filmada en Francia, hasta Tango bar (1935), filmada en Norteamérica y última película de Gardel, todos los filmes argumentales que él interpretó tuvieron guión de Alfredo Le Pera, con quien el cantor formó un auténtico equipo musical y cinematográfico.
Visto a grandes rasgos, el Gardel real se parece bastante al personaje de los guiones de Le Pera. La lucha por triunfar, el atildamiento en el vestir, la afición al turf, el tono porteño y la melancolía, elementos propios de Gardel, suelen aflorar a cada momento en los personajes que interpreta. Esto nos da pie para afirmar, más allá de la calidad de su actuación, que Gardel en sus películas se interpreta a sí mismo. Esto no es para nada extraño si recordamos que en 1930 filmó diez cortos en los que habla en su propio nombre; o cuando en 1933 regresa a Buenos Aires y participa de un espectáculo teatral denominado De Gabino a Gardel, en donde es obvio que tuvo que interpretarse a sí mismo. Este fenómeno puede estar justificado por su inexperiencia como actor y por la celeridad con que tenían que trabajar, circunstancias que no permitían grandes composiciones interpretativas.
No es difícil pensar, entonces, que a la hora de crear un guión –tarea en la que, se sabe, Gardel participaba– hayan elegido con Le Pera una historia conocida, fácil de interpretar.
El mimetismo entre la persona y el personaje del cine, que ya hemos mencionado, se profundiza y tiende a parecerse en muchos elementos a la versión uruguaya del relato.
En Melodía de arrabal, Torres, el personaje que encarna Gardel, es un ladronzuelo que tiene la afición de cantar y que, por amor a una profesora de música, cambia de nombre y termina convirtiéndose en un hombre de bien.
En Cuesta abajo, también por amor, para cumplir los caprichos de una coqueta, vemos descender al protagonista a la condición de gigoló.
En El día que me quieras, Julio Argüello, hijo de un hombre poderoso, es despreciado por éste, que no consiente que se case con una muchacha pobre y artista. Después de robarle para poder casarse, Julio huye y cambia su apellido por el de Quiroga. Hundido en la pobreza, no puede evitar que muera su mujer, quien le ha dado una hija. Sin embargo, Julio logra triunfar como cantante. Con el tiempo la situación se vuelve a repetir; su hija se enamora de un joven distinguido, cuyo padre y el de Julio, muerto en ese entonces, han sido amigos. También él se opone a esa relación, por ser la muchacha hija de un artista. Finalmente, Julio Argüello logra recuperar su prestigio social y su identidad cuando el padre del muchacho logra reconocerlo.
En Tango bar y en El tango en Broadway, los protagonistas logran el éxito y consiguen que triunfe el tango en Norteamérica.


II
Reflexiones

Aquella tecnología –que tenía al hierro y al bronce como objetos y la fragua, el yunque y el martillo como instrumentos– no podía formar una imagen del héroe que no fuera la de un guerrero valiente, capaz de vestir las armaduras y empuñar las armas que ella forjaba, y cuyas hazañas eran difundidas en forma oral o a través de la escritura manuscrita. En cambio, aquellas tecnología que tienen la electricidad como base, son duda, han de concebir héroes diferentes. Así Gardel es el héroe típico de los “tiempos eléctricos”. La base de su difusión va a estar determinada por tres tecnologías dependientes de la electricidad: la radio, el disco y la cinematografía. Las tres provocadoras de lo que podemos denominar presencias virtuales, capaces de difundir los mensajes a áreas geográficas que abarcan todo el planeta y conservarlos y repetirlos en el tiempo tantas veces como se quiera. De este modo, Gardel pasó a ser “sujeto virtual”. Y sujeto tanto del enunciado como de la enunciación. Es decir, en tanto sujeto del enunciado (sujeto de lo que se cuenta), él nos narra su propia vida; y, en tanto sujeto de la enunciación (el que emite el mensaje narrativo), es él quien actúa como emisor de su propia historia.
Al Jonson en El cantor de jazz, primera película sonora, había realizado algo similar sobre la base de su propia biografía. En definitiva, cuenta la misma historia: la lucha de alguien por lograr el triunfo como cantante.
Así tenemos la historia de dos “triunfadores”, uno de origen judío y otro de origen latino, que inauguran el género de tipo “autobiográfico”, el cual hará larga carrera en el cine de todos los países.
La nueva “paideia” –modelo humano promovido por la educación, la religión, el arte, etc. que establecen las modernas tecnologías eléctricas– es la de un individuo que, gracias a su talento artístico, logra triunfar mediante su voluntad, a pesar de todos lo inconvenientes que pudiera tener en los circuitos virtuales que están afirmándose y que representan valores no sólo estéticos sino también éticos.
Es sobre este trasfondo que debemos analizar y comprender las particularidades que asume cada una de las versiones del mito.


1. El mito argentino

El mito argentino es esencialmente urbano. Es la historia de un inmigrante de origen europeo que viene a América a abrirse paso y a hacerse de un lugar. La carencia de un padre afirma su falta de ligazón con el pasado y aumenta su voluntad de hacerse a sí mismo sin deberle nada a nadie. Su imagen se irá adornando con los valores que el medio sustenta: una educación privada y religiosa, la “pinta” 4 que envidiará cualquier “cacatúa” 5, valores artísticos derivados del teatro y la ópera, su vinculación barrial al Mercado del Abasto –símbolo de un país rico–, el triunfo en París –tan grato a los argentinos– y el triunfo final como astro cinematográfico.
En los años de la década del ’30, década de crisis económica e institucional, cuando el modelo agroexportador comienza a deteriorarse y la desocupación genera las primeras “villas miseria”, Gardel es el poseedor de todo lo que el argentino sueña. Y será el amigo por excelencia, capaz de ayudar a todos. Más tarde, en las épocas terribles de los ’70 –junto a San Martín, arquetipo de la Nación– pasará a ser la encarnación ideal del pueblo perseguido y exiliado.


2. El mito uruguayo

Este mito es fundamentalmente agrario. Es una historia de alguien que lucha por recuperar su lugar y su identidad. Su origen está ligado a un territorio con recuerdos de culturas aborígenes. La carencia de una madre significa la falta de una figura protectora, dadora de afecto, incapaz de poner límite a un poder arbitrario y absolutista encarnado en un representante de la casta militar y feudal. Las arbitrariedades de este poder serán las causas de la caída en la abyección. Su formación artística tendrá un carácter campesino y popular. La desterritorialización del “Gardel uruguayo” será una de sus características permanentes, acompañada de una imborrable nostalgia, que el cantará como nadie en los tangos que compuso con Le Pera:

Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor. 6

O si no:
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida. 6

O también:
Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser. 7


3. El mito norteamericano

Para la época de Gardel, Estados Unidos ya se ha erguido como un país eminentemente industrial y tecnológico que se está preparando para disputarle la hegemonía mundial a Inglaterra. Ha logrado crear una “industria cultural” que circula por “redes” que abarcan todo el mundo. Los fabricantes de películas, de discos, las empresas de radio y las editoriales de historietas o de libros no sólo imponen los productos culturales que fabrican y que tienen la finalidad de ser vendidos como mercancías, sino que también transmiten mensajes ideológicos acordes con sus fines.
Rodolfo Valentino, Charles Chaplin, Carlos Gardel, Greta Garbo, Bela Lugosi y tantos otros llegarán de todo el mundo para alimentar la fábrica de sueños y, desde allí, serán relanzados a través de los productos que se hicieron con ellos en los mercados de sus propios países y del mercado mundial después.
El cowboy, el artista triunfador, Tarzán, Superman, el pirata, el detective privado, el ratón Mickey, caballeros andantes, reyes y reinas de todo tipo y tantos otros héroes o superhéroes serán los nuevos mitos portadores de la ideología, cuyo más alto valor es el éxito. Mientras atraen las miradas de todos, mostrarán que Norteamérica es el lugar a donde hay que emigrar para lograrlo.


III
A modo de conclusión

Decíamos que los mitos son los campos de representación simbólica capaces de organizar las conductas colectivas de cada época. Esto nos permite entender por qué los griegos difícilmente hubiesen enfrentado con valor las invasiones de los medos y persas si no

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