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Bañada en agua de rosas
y con los crímenes frescos en mis manos
sé lo indigna que soy
y aunque alguien pueda perdonarme
como si un nuevo Eurípides
rescribiera sobre mi cuerpo Medea y bacantes me ungieran los cabellos
con aceite de almendras
sé lo indigna que soy
y aun sabiéndolo contemplo
esta noche de agosto
contemplo mi propio exilio
y una alegría salvaje
la misma que adorna a las mujeres de mi
estirpe
me revela que este crimen no fue en vano
aunque siga siendo indigna, aunque sea
expoliada
y me humillen y traicionen por cien veces:
al fin he comprendido la clara belleza de Medea.
De la serie inédita Tiempo detenido, 2004
Este poema está recogido en la antología POETAS ESPAÑOLAS DE HOY, Cuadernos & Caridemo, 2004. I.S.S.N.: 1697-2120.