lunes, 30 de julio de 2007

Nuevo poemario de JESUS SÁNCHEZ JURADO


Cuatro Paisajes y Otros Poemas

Autor: Jesús Sánchez Jurado

Abril y mayo del 2002





La noche había caído mansamente.
Mientras las arenas
registraban en grano fino
el contorno de mis ilusiones,
el ronroneo de las olas
soltaba las amarras
que me sujetaban a puerto
y las estrellas lanzaban sus escalas
invitándome a visitarlas.

Las mareas tiraron de mí
y, como un tronco sobre las aguas,
me llevaron mar adentro,
hasta un punto
donde se acaba su fuerza
pero no comienza la opuesta,
y ahí me dejaron,
flotando
en una zona sin nombre
que, estando a mitad de camino,
no está en ninguna parte,
sino que está donde no hay fronteras
distintas a las propias lindes,
ni hay direcciones
que no sean el propio sentido.
En ese trozo de nada
de dónde sólo sale la propia voluntad,
mis ojos se abrieron
y no quise ver lo que allí había;
pero mis labios no se movieron
y el ímpetu de mi deseo
no halló cauce propicio
para dejar de ser un trozo de nada...
(de “Un trozo de nada”)


INVIERNO
La tierra está desnuda,
sin una hoja de verdor,
un pétalo de color
ni una azada de labor,
nada
puede verse
que presagie su despertar.
Le falta una mano
que la ablande,
que la germine,
que la mantenga cuidada
para que la vida
vuelva a brotar de nuevo...

Así son estos días
en los que mi piel
echa en falta
los cuidados
de unas manos atentas
a que mis ojos tengan el brillo
que es suyo,
a que mis pies hallen el recorrido
que es mi orientación
y que mis cabellos tengan la soltura
de la obra acabada.

Así son,
lo sé;
pero no me acostumbro
a esta soledad.

BABEL
Estamos hablando,
pero no nos entendemos:
te velo mover la boca
y emitir sonidos
que el viento se lleva
porque no hallan quien los acoja;
intento que tu comprendas
cómo son las cosas,
pero no nos entendemos.
Ciudadanos de Babel,
cada uno amasa su pan
y defiende lo que le mueve
con las espadas de la razón
o las dagas de la astucia.
Hablamos,
pero cada uno entiende
lo que le conviene.

VACÍO
Estoy Vacío.
Como un mar sin peces,
unas olas sin espuma,
un rayo sin relámpago,
unos ojos sin luz,
un cielo sin esperanza,
una voz sin eco,
un trueno sin emoción,
un oasis sin desierto,

y siento su oquedad
en mis ojos sin lágrimas,
en mis palabras sin sentido,
en mis movimientos sin razón,
brotando
desde un corazón hueco,
mustio, estéril,
porque me he descargado
de la fuerza interna
que mantiene la acción unitaria
que expresa lo que yo soy.

MARINA CON GAVIOTAS
Las soñolientas mareas
se habían olvidado de las rocas,
las nubes se estiraban
en busca de alguna brisa,
el sol holgazaneaba
dejándose caer
y las aguas revelaban su profundidad
por el tono de su color.
Todo era tranquilidad,
nada se movía
excepto las gaviotas.

Yo, acomodado en el hueco
de una roca acogedora,
lo contemplaba distraídamente,
sin reparar en nada,
pero adivinando algo
sin saber qué era.
Unas imágenes sin conexión
se sucedían en mi cabeza
como ideas dislocadas,
hasta que algunas,
ignoro si sucesivas o no,
formaron una serie,
un paisaje:
Arriba, un sol exangüe
palidecía perdiendo color
y los aires no hallaban su contraste
para que los vientos tuvieran un sentido;
abajo, las mareas buscaban
el mecenazgo de la luna
y las rocas ni se inmutaban
ante tanta dejadez.
Sólo las gaviotas se empeñaban
en encontrar un pez,
pero sin hallarlo.
Regocijándose con cada zambullida,
las aguas brindaban
tintineando con sus mil destellos,
y yo quise participar
del improntu para vuelo de gaviotas,
sumiéndome en las reverberaciones
que me llegaban.

Los párpados de mi corazón
abrieron sus redondas ventanas
cuando el pico de una gaviota
se cerró sobre un pez
sacándolo a la luz
y sacudiéndolo, lanzando todo un arco iris
que me envolvió con sus emociones.
Pero el paisaje,
como si fuera un cuadro,
se enmarcó, dejándome fuera.

LUNA
Tu eres, luna,
y tu me sacas
de las penumbras
a hierro grabadas.
Todo lo tiñes
de luz difusa
con tonos grises
sobre las dunas
de mi pasado,
cuando me vuelvo
a contemplarlo
con un lamento,
porque contigo
tengo y no tengo,
libre y cautivo
de mi deseo,
de conocer
las circunstancias
y su porqué
está gris mi alma.

GRIS
El sol, camuflado de rojo,
se inventaba un disfraz
de enfermiza palidez
cubriéndose de grises nubes,
a las que los inquietos aires
les exprimían sus tibias aguas,
dejándolas caer mansamente.

Mi corazón, dolorido,
sangrantes mis heridas,
con el tacto perdido
y quebrada mi vista,

Las humildes arenas,
besando mis pies, sopesaban mi cuerpo
y modelaban mi ánimo,
dejando sobre mi piel el testimonio
de mi quebradizo andar.

busco la complacencia
y me encuentro engañado
por la misma ceguera
que me mantiene atado

Con los ojos semicerrados,
siguiendo las ondulaciones de las olas,
me coagulaba entre las dos humedades
y habitaba en la inferior,
en el caballo de galope ligero
que va dejando tras si la estela blanca
del anguloso rompeolas,

a la imagen soñada
y esculpida en barro,
imagen adorada
durante siete años.

Porque ansiaba conocer los inagotables secretos
de la enroscada caracola,
el código morse de las confabuladas estrellas
y el sabor de la fresa
y el color de la rosa,
que se funden en la fruta madura...

¿Para qué tanto dolor,
para qué sirven mis callos,
dónde nace la tensión
que ensortija mis manos?

ALGO DISTINTO
Este día ha sido distinto
a todos los demás;
no sé qué es,
quizás un sabor
como el chocolate
derritiéndose en la boca
que sonríe
reflejada en unos ojos,
rescatando del otoño
una hoja del almanaque,
o un olor
como la tierra fresca
lista para la siembra,
exhalando a los aires
sus húmedos efluvios,
algo
que se pone a toquetear
en las teclas del piano
de las emociones,
no sé...
Pero hoy lo he sentido
recorrer mi piel
con paso de hormiga,
erizarme los vellos
y, aunque hacía calor,
dejarme temblando.
¿Qué era
ese algo distinto
que ha tenido este día?

NEGRO
Entro en la negra noche
siguiendo las luces
del crepúsculo
y de las tintineantes estrellas;
camino animado
siguiendo la vereda
dibujada sobre el silencio
con sonidos misteriosos.

La luz que el mundo me muestra
ya ha sido cualificada
y su matiz aún conserva
por encima de mi fragua.

Las combinaciones de luces
me guían
y el firmamento parece hablarme
en un lenguaje
de ángulos y progresiones;
las sigo sin reparar
en que todo es un ciclo
que se repite
una y otra vez.
En esa disposición,
mezclando luces y sombras,
me adapto, me muevo y soy,
camino y adopto otra forma.

Conozco cada uno
de los matices
de la vida cíclica,
la química que manifiesta
cada estado
y cada variación,
y la saboreo
hasta la saciedad.

En cada una he crecido
hasta que me ha limitado;
y si en alguna me fijo,
en el otro extremo me hallo,

Perdido ese gusto,
las luces que me guiaban
con él se van
y quedo a oscuras,
perdido,
a solas,
hasta que descubro
otro ritmo,
otro movimiento.

y en el mismo permanezco
hasta que el último trago
de su luz me deja ciego
y en su vacío me hallo.

en el halo de mis manos,
en la calidez de mi aliento,
en la claridad de mi mirada;
y aprendo a acompasarlas.
Entonces se hace la luz.

MIS OJOS
Cansado de tanto ir y venir
por las mutables playas
persiguiendo a las mareas,
me tumbé en las blandas arenas
aireadas por la bajamar.
Era una noche acogedora
y mis ojos, como si fueran dos estrellas,
quisieron elevarse en la oscuridad
flotando sobre mi carnal paisaje
para reunirse con sus iguales.

Pasó el tiempo y la arena se fue secando,
inconscientes ambos de la huella
que dejaban cincelada las olas
sobre el vértice que forman
el latir de dos corazones
con el sostén del firmamento,
ese punto crujiente
donde los suspiros pliegan sus alas,
ondean las velas de los ayes
y se consuman los besos;
y con la arena se fueron secando mis ojos
perdiéndose en la nada como dos nubes
que lo habían dado todo de si
a la tierra sedienta,
cuya exigente voz sísmica,
mezclando la inundación del placer
con la sequedad del dolor,
reclamaba más de lo mismo.
La luna regresó a la pista de baile
vestida con unos volantes de espuma
que caían en oleaje,
ejerciendo de maestra de danza
y con su luz me mostró
los ritmos de la naturaleza,
y volví a sentir como sus mareas,
rompiendo en los corales de mi columna,
me inundaban y se retiraban
al compás de su baile...
Pero mis ojos,
que ya conocían tan cambiante danza,
siguieron subiendo en la oscuridad
hasta encontrarse con sus iguales,
y allí, en el brillo de otros ojos,
pude descubrir ese hilo de luz
que recorre cada gota de agua
cuando baja saltando por los rápidos,
que, en los verdes surcos de cada hoja,
tirita en manos de los vientos
y que invisible hila la araña
para darle sentido a cada dirección.

El agua, lamiendo mis pies,
me sacó de mi sueño
y, en medio de un relámpago azul,
mis ojos volvieron a sus cuencas,
dejando en el huidizo firmamento
un paritario charco de rojo dolor
que se extendía trayendo otra luz,
la de un nuevo día.

TUS HUELLAS
¿Dónde estás,
dónde te escondes
de mí,
que no consigo encontrarte?

He seguido tus huellas
sopesando los rayos del sol,
auscultando las hojas de los árboles
y formulando la libación de las abejas;
te he buscado
combinando las estrellas,
explorando minas auríferas
y resolviendo ecuaciones trinas,
pero no te hallé.
Cuando no espero encontrarte,
te veo
en una mirada,
en un aliento,
en una mano,
mas, si te procuro con ahínco,
te pierdo
fijando la vista,
acelerando la respiración,
tensando mi cuerpo.

Todo está lleno de tus huellas,
todo me habla de ti;
pero en ninguna estás
porque todo lo superas.

¡CÓMO ME GUSTARÍA!
¡Cómo me gustaría
que el negro firmamento
se cuajase de flores,
porque todas tendrían
su sitio y su momento,
su aroma y sus acordes,
y la lluvia caería
llenando el aire fresco
de frutales sabores!
¡Cómo me gustaría
que por todos los cielos
se leyese tu nombre!

¡CUÁNTOS LOGROS POR ALCANZAR!
¡Cuántas cosas yo quisiera decirte, amor,
cuántas flores están brotando esta primavera,
cuántos temas nos está cantando el ruiseñor
y cuántas esperanzas guardan turno de espera!
Decirte que te quiero sería poca cosa,
porque tus eres, amor, cuanto amor yo siento
danzando por mis venas como una mariposa,
porque eres el rojo rosal de mi sentimiento,
aromáticas espinas de mi corazón
exhalando por mis poros la sangre que clama
por sembrar en los dos la alegría de esta canción
de las blancas esperanzas que están por llegar
en cuanto se despierte la razón que las reclama,
¡juntos, cuántos logros tenemos por alcanzar!

Tags: Jesus Sánchez

Publicado por gala2 @ 5:47 | POEMAS | 0 Comentarios | Enviar

Comentarios