domingo, 22 de julio de 2007

Poemario de JESÚS SÁNCHEZ JURADO



Me Duele Mi Dolor

Poemario número 8
Autor: Jesús Sánchez Jurado




Hay Tantos Momentos


1
Hay tantos momentos en que me siento incapaz
de, mi vista levantando del urbano suelo
mirar, con franqueza y sin reparos, su faz,
dejando en el olvido todo mi desconsuelo;
hay tantos momentos en los cuales no reparo
en las recurrentes cadenas de apegos,
que, quedándome sin su luz como guía y faro,
me engaño, sintiéndome tuerto entre los ciegos;
si, hay tantos en los cuales soy el impedimento
para aceptar la gentil mano que me tendía,
sin saber vivir la plenitud del momento;
hay tantas oportunidades desperdiciadas
que explicar semejante torpeza no sabría,
sino porque yo mismo me tiendo las celadas

2
Como cuerda de guitarra,
que a su vibración responde,
así, con mi interior, pasa
cuando ajenas emociones
que conmigo sintonizan,
desde el exterior me llegan.
Parece que me hipnotizan,
de veloz que es mi respuesta...

3
Cada caída deja su huella,
una mancha que limpiar.
Si ninguna más hubiera,
fácil sería de quitar
con un poco de mi tiempo
en buena dedicación;
mas, cuando caigo de nuevo,
una tras otra ocasión,
la mancha crece y se expande,
necesitando más tiempo
para quitarse del traje
y un mayor conocimiento.
Porque mala no es la mancha,
sino su reiteración,
el que una y otra vez caiga
sin ninguna precaución.

4
La intensidad vibratoria
que tiene mi corazón
fácilmente se trastorna
cuando no guardo control.
Aunque dicen que padezco
de esencial hipertensión,
ansiedad es lo que tengo,
pues cambia mi vibración
sin que logre ser capaz
de, aunque tales cosas sepa,
sostener la intensidad
en que mi ser se manifiesta...

5
Pero cuando me distancio,
cuando alejo mis caídas,
las disonancias acallo
y la voz que era perdida
su intensidad recupera,
dejándose oír de nuevo,
y mi corazón se templa
con un ritmo más sereno.



Mi dolor


1
No me quejo
de los males que he heredado
ni de los que me he procurado;
tampoco me lamento
de las profundas heridas
en el contacto habidas.
No, de nada de eso
me quejo.

2
De mi dolor, me duelo.
No de que, como un ave
de presa, sus garras me clave;
me duelo de cómo me siento
mientras dura su ausencia,
este abandono y oscuridad
donde nada me llena,
de grande que es mi soledad.

3
Mi dolor
tiene alas grandes,
para que su sombra pueda cobijarme,
y vuela tan alto
que a veces no reparo
en su resquemor.
Le gusta observarme
y ver los mundos de mis carnes
diseccionados,
como un plano
de mis orfandades.

4
Por ti, dolor, estoy donde estoy,
pisando esta tierra;
por mi, estoy donde estoy,
pretendiendo silenciar la lengua
que callarse no puede;
porque, como una trompeta, derriba
los muros inconscientes
en los que yo vivía,
viéndome, dolor, en tal postración
que o me levanto
mirándome cara a cara en tu sol,
o en la nada caigo.



Momentos de Oscuridad y Luz


1
Hay momentos de gran oscuridad,
cuando incluso los gatos se extravían,
como si no hubiese un astro polar
para orientarte con su luz amiga.
Son cavernosos, de malos augurios,
curvados, como la mala intención
que pone en un brete todo un futuro,
con tal de darse satisfacción.
Pero incluso entonces te rodean
muchos haces de luces blanquecinas,
como una transpiración muy ligera
que va modulando el color del día.
Crees que lo sabes y que tienes claro
que, del mismo color que son tus lentes,
coloreas cuantas cosas vas mirando;
pero de eso rara vez se es consciente...

2
Veo esos haces cuando miro hacia atrás,
dos cóncavas paralelas clavadas
en la sangre de mi interioridad,
efímera luz en mi ayer quemada
que busca hoy alguna compensación
por lo que para mi descrédito hice
en algún momento de crispación,
cuando de niño solía vestirme.

3
Era un rayo de luz tan cristalina
penetrando directo
y estableciendo
una tal geometría
llena de refracciones y reflejos
recorriendo mi cuerpo
como si un atlas fuera,
que otra comparación no encontraría.

4
Como si un océano de luz fuera,
con sus partículas siempre surgiendo,
mis manos se hunden en la nada añeja,
raptándole su crepitar al fuego,
y desde el postrer ocaso regresan
llenas de un crujiente calor interno.



En Relación a Ti


I
La certeza de encontrarte
me hace más ligero el día.
De nuevo quiero escucharte
contando las maravillas
que mis ojos en par abren,
de una forma tan divina
que más dudas no cabe
dentro de nuestra alegría.

II
Sentirme cerca de ti,
mis vibraciones amansa.
No resulta baladí
que tanto, con tan poco, hagas:
sólo que aceptes venir
tu serenidad derrama
y obra como nunca vi
sobre nuestras destemplanzas.

III
Tan lejos, aunque tan cerca,
en la distancia te siento,
y todo mi ser se llena
con el goce del recuerdo
que devuelve la certeza
de que todo es verdadero
y que en mi interior se encuentra
la ventura del reencuentro.

* * *
Pero esa serenidad
que solo da tu Presencia,
en falta la he de encontrar
mientras no me pertenezca...
Lejos estoy de lograr
que en mi vida permanezca
como un bien, todo ese amor
sostenido con firmeza.

* * *
Aunque se que sí avanzo,
a valorarlo no acierto:
cansadas están mis manos
de sostener tanto peso
como llevo refractado.
Los haces de sus reflejos,
mis ojos venían cegando
con las lentes de su efecto.

IV
Grande es el amor que brota
dentro de mi corazón,
que abarca tantas personas
como ilumina su sol;
pero no me reconforta
que sin mi satisfacción
me deje a todas las horas,
de excesiva su intención.

* * *
Para cumplir este amor
como algo bien acabado,
una modificación
debo hacer en mí, logrando
sumar de satisfacción
lo que le resta a su tanto;
y será un cumplido amor
el que entonces se habrá dado.

* * *
Buscar mi satisfacción
por encima de la ajena.
nunca fue mi pretensión.
que de poco valor era
ver saciada esa intención,
sino buscar lo que fuera,
para los demás, lo mejor.
Aunque yo no lo quisiera.

* * *
Que no sea mío el deseo
que manifestarse deba
fruto de mi pensamiento,
ni que fuera de mí tenga
nada que le de sustento;
que solo de ti proceda
lo que deje satisfecho
el amor con que me llenas.

* * *
Las dos partes en conflicto:
de un lado están mis deseos,
de otro, mi amor cautivo;
la satisfacción, en medio,
queriendo hacer el camino
realizando unos deseos
que ni son tuyos ni míos,
porque mezclan cuanto siento.

* * *
Respiro profundamente
hasta restablecer mi ritmo
de una manera eficiente
en cuanto se haya en desvío
en mi cuerpo o en mi mente:
mi actitud marca el camino,
lo externo queda silente
y todo vuelve a su sitio.

Tags: Jesús Sánchez Jurado

Publicado por gala2 @ 3:27 | POEMAS | 1 Comentarios | Enviar

Comentarios

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  • Autor: nombre
  • Fecha: viernes, 27 de julio de 2007
  • Hora:15:28
Muy bueno, excelente, describes muy bien una situación que conozco.