Las ciudades mojadas
me parecen iguales.
Resbalan las aguas por las aceras,
por el vientre mojado, donde los coches
dejan su huella líquida
y los peatones sortean charcos,
buscan aleros, caminan ligero
escondidos bajo paraguas.
A veces, bajo un árbol frondoso,
el suelo permanece seco
y cobijarse bajo sus ramas
me hace sentir en el Arca de Noé.
mayo 07