Domingo, 01 de julio de 2007

No huelo
tu cuerpo
Dios
Encerrado en una hostia
no tienes vida sino hay perfume
y acaricio tus tetillas

Eres hombre
supongo.

***



Me amas Pedro
m?s que a los otros
lo preguntas
lo susurras
lo afirmas
lo pides
Yo conozco las notas
clamando amor
y nadie aun responde.

***


No esta aqu?
dijo el ?ngel
a las mujeres

Y he clavado
las u?as en la tierra
buscando
Todos te llaman
imploran
suplican
y
encuentran olor
a eucaliptus
tierra removida
en los amaneceres
cuando vuelvo a casa
con olor a sabanas de hotel
y palabras que evoco
en los d?as tristes.


***



Dios es Padre
hijo
y esp?ritu santo
Muchos cargos
en uno solo

Expresi?n de Dictadura





Poemas del libro
ME ARREPIENTO DE MI NOCHE.




NOTICIAS SOBRE EL AUTOR



TENGO UNA PENA CONTIGO,
PIENSO EN MACHO


Carlos Ernesto S?nchez lanza nueva propuesta literaria con su libro homoer?tico de poemas de contenido homosexual. Como un alocado transe?nte, Carlos S?nchez nos introduce en el mapa callejero de su escritura, avanzando p?gina tras p?gina, al ritmo de una lectura que de pronto se ha convertido en un paseo tur?stico por este libro calle, por su sendero fechado, con d?as y meses que avanzan en sentido contrario. En esta ruta de doble tr?nsito, el traj?n nocturno de calle y plaza, el ir y venir de encuentros y desencuentros, se traduce en el registro po?tico que instala, a ambos costados de la calle, a grafitti y a poema.
Al lado izquierdo, como una muralla interminable, el papel se extiende a lo largo de la vereda y constituye el soporte de la ret?rica de la calle, sostiene al grafitti urgente y preciso de la expresi?n urbana, un recado familiar, una declaraci?n de amor o una invitaci?n genital, frases escritas de un solo aliento, de un solo jadeo, una ortograf?a esquiva que se burla de la correcci?n gramatical de las Bellas Letras, frases que parodian a la literatura y a los poemas escritos en la p?gina de enfrente.
Sea cual sea su intencionalidad, el grafitti construye la calle, arma la escenograf?a por donde transitar?n los poemas, un espacio amplio para la escritura, a cuya vereda el propio desplazamiento del lector, su oficio de lectura, se torna discurrir po?tico y discurso textual. Primero fue la letra, despu?s la muralla, la tinta y el papel.
Tras las huellas que ha dejado el devaneo po?tico de Carlos S?nchez, la lectura se encamina por un sendero que descifra los signos de su urbanidad alterada e insistente.
Como dec?amos, a un costado el grafitti. En la otra vereda, en el lado derecho, la sucesi?n de poemas se configura como la manifestaci?n p?blica de identidades diversas y polarizadas por las que el autor quisiera ser conformado y penetrado, un escenario donde el autor puede representar varios personajes. Hay una voz que desciende de la cruz, otra voz que huye de la tortura, y otra voz que irremediablemente se ofrece como v?ctima sexual a un tipo de cita que se asemeja a un sacrificio, a una ansiada crucifixi?n, a la tortura del deseo.
En este libro, calle o escenario, el poema se formula como un rito de expresi?n, como un gesto verbal, como una gestualidad ling??stica altamente formalizada que alude a tres motivos relevantes: la reivindicaci?n pol?tica, la satisfacci?n sexual y el anhelo m?stico. Bien lo sabemos, la necesidad del rito se funda sobre la base de un diagn?stico precario de la realidad, no hay uni?n pol?tica, uni?n sexual ni uni?n m?stica posible, por m?s que propendamos a ello. A lo m?s, hay una marcha callejera, un paseo nocturno y una procesi?n que, por supuesto, siempre va por dentro.
He aqu?, entonces, la impronta de este autor, sacerdote de la calle, hacerse carne y verbo al ritmo de su paso titubeante, enredar un paso con otro, escribir versos de pie quebrado e incorporarse r?pido, fingir que nadie ha notado su tropiezo. Como todo poeta, Carlos S?nchez escribe con los pies y camina con la cabeza, pues, como afirm?bamos, su rito po?tico, su gesto m?trico, constituye la parodia de un rito de comuni?n entre el amante y el amado, entre panfleto y literatura, entre grafitti y poema, que como dos desconocidos flirtean de una vereda a otra, de una p?gina a otra, a la espera de que uno u otro atraviese la calle e inicie la conversaci?n, un intercambio de palabras donde el poema se convierta en un grafitti ?ntimo y el grafitti en un mon?logo colectivo.
Ah? entremedio, en el intersticio de la cuneta, en las ranuras del asfalto, existe el ?nico lugar leg?timo donde podemos sellar nuestro paso y nuestra letra. En ese lugar central, en ese hilo conductor equidistante de grafitti y poema, se inserta la consigna del ?Ni perd?n ni olvido?, punto de arranque de nuestro itinerario lector y que se proyecta hasta ?l ?Venceremos? de la ?ltima p?gina, al final del camino, a modo de horizonte te?ido de un rojo amanecer.
Carlos S?nchez ha domesticado la pol?tica, el sexo y la fe, ha hecho de sus vicios privados virtudes p?blicas, ha trasladado la pol?tica al ?mbito privado y ha publicitado a viva voz su espacio ?ntimo, su ?xtasis m?stico-sexual. A fin de cuentas, ha devuelto a la calle al amante, al revolucionario y al sacerdote, lugar de donde nunca debieron haber salido. Pero les ha devuelto una calle particular, la calle es el templo del grafitti, el rinc?n oscuro para el encuentro sexual furtivo, la esquina donde conspira el revolucionario y la plaza donde se oye la pr?dica.
Cada una de estas figuras implementa el ritual de su propia desventura, cada una enuncia su particular liturgia, el amante declara su deseo, el revolucionario declama su ira y el cura predica lo que no practica. En cuanto al amante, el tel?fono se convierte en instrumento que vocifera su deseo, pues ?d?nde detenerse en la pesquisa callejera, si no es en una cabina telef?nica o en el chat de un cybercaf?? No importa, tanto el susurro amoroso, como el rumor social y la oraci?n contrita, forman parte de un mismo grafitti, de una misma muralla. Son el oleaje sordo que o?mos al caminar por la calle, al avanzar por estas p?ginas. Como lo sugiere el t?tulo macho del libro, tener, penar y pensar se arrullan en torno a la figura del Otro, ya sea dios, el amado o la utop?a social.
El texto de Carlos S?nchez registra la aventura callejera como un libro de horas, como un devocionario pol?tico o un misal para peatones. Desde el panfleto o el grafitti, nos convoca y nos interpela: a la calle los lectores, no se hagan los mirones.
S?lo resta la pregunta final: ?de qu? modo salir a la calle, sin importar si se va a misa, a hacer la revoluci?n o a buscar sexo ocasional? Tal vez la respuesta resuene en las palabras de Severo Sarduy, para ir a la revoluci?n hay que ir bien vestida.



Jos? Salom?n Gebhard
Magister en Literatura
Profesor U. Alberto Hurtado
Ed. Cuarto Propio, Santiago, 2004. S?lo en las mejores librer?as.

Publicado por gala2 @ 5:28  | POEMAS
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