Martes, 19 de junio de 2007

A los treinta mil compa?eros desaparecidos


Argentina, 1976


He visto los hombres trepar a la sombra
tensando los arneses a?n dormidos
y marchar unidos en el esfuerzo bestial
hasta montar el sol sobre la tierra.

Entonces sal?an de todas partes los ni?os y las madres
y luego los mercados llenaban las veredas
de silbos y manzanas.
La alegr?a de las gestas dom?sticas
coronadas por la dignidad del almuerzo!

He visto largas caravanas de obreros en el alba
marchar hacia el metal de la sirena.
?giles bicicletas con la vianda,
la radio colgando del manubrio.

Hasta que el estr?pito de r?faga
de ca??n maldito
de horrorosa muerte
abri? un boquete en cada casa y entr? la niebla negra.
Todo se retorci? como un pez en la arena,
hasta ser tragado por el miedo.

Desapareci? la f?brica.
Tambi?n el hombre.
Y los hijos, y los mercados con silbo, y las radios
que no fueron sino un espejo del infierno roto a veces.
La universidad de Luj?n fue clausurada.
Encadenaron la luz en los sangrientos s?tanos,
persiguieron los brotes del canto asesinado.

El abrazo fue un c?digo secreto
la patria un dolor ahogado bajo la tortura.
Y el sol deseo apenas musitado
entre los nombres de los que ya no estaban


A los pescadores de Reta

Fue tarde entonces cuando estren? los brazos.
Cuando recib? barba y bandera
las orillas estiraban
su soliloquio entre los p?jaros
y no hab?a sino huecos espumosos
en el lugar donde se multiplicaron las barcazas.
Qui?n sabe d?nde las redes,
en qu? graves mareas se hundieron los oficios.
Llegaban cegando la luz horizontal del crep?sculo
cargados de plata refulgente,
agotados y sonrientes bajo sus sombreros.
Victoriosos burladores de arcanos marinos
llegaban a la costa montando las rompientes,
blandiendo sus pu?os mordidos por las cuerdas.
All? lat?an revelaciones de ultramar,
se narraba la gran ciudad del agua y el salitre,
comenzaba la contabilidad pieza por pieza
de mano en mano, centavo a centavo.
Se le cantaba al cardumen como al sol o al aire.
Llegu? tarde al v?rtigo del oleaje,
al perfume exacto de la rosa de los vientos.
All?, de pie, en otro siglo de huellas descalzas
tan s?lo un ro?do barco hundido en la arena
y lejos la estela de los pesqueros invisibles
sobre cuya ruta a?n trazan su c?rculo las gaviotas.
De vez en cuando un viejo pescador emerge
vestido de algas, de peces de rel?mpago,
y desata los nudos marineros de los vientos
mientras un ni?o, calladamente alegre
rompe el l?mite del agua con la risa.


Pregunto: d?nde estan los ni?os?

He visto las mismas bombas que astillaron Bagdad
como una antigua magn?fica cer?mica
caer con su bramido de roja singladura
sobre Beirut.
Es verdad que el miedo se espesa
hasta hacer coraza de la piel ardida?

Cu?nta muerte, Andr?s, amigo mio,
significa Israel partida por la rabia?
Se puede medir la gravedad del miedo,
la profundidad de la sangre?
Como se dice Basta para que se entienda?

Cu?ntos muertos sin muerte en los refugios
donde tambi?n se apilan desmemorias!

Es verdad que en Beirut las calles
conducen s?lo a una gran tumba abierta?

D?nde estan los ni?os?
Han sobrevivido las muchachas que resplandec?an
detr?s de los inmensos ojos negros?
Va de cad?ver en cad?ver la poes?a
que abri? las ventanas del L?bano
a paisajes de andamios y de p?jaros?

D?nde esta los ni?os?
D?nde!
D?nde estan los ni?os!

Generales, mercaderes de armas, traficantes
de banderas, secuaces del imperio:
d?nde estan los ni?os!

Si es verdad que las heridas
lloran gotas de respuestas rotas, el aire
es espada que destroza la mano que la empu?a.

Porqu? Joumana los verdugos
cuando todo ped?a por el canto?

D?nde estan los ni?os!
Junto a los huesos de sus padres en las c?rceles
y los centros de tortura?
Bajo la lluvia de plomo a mansalva?
En las orillas de las ciudades sitiadas por el odio?

Las mismas bombas que una vez y otra
se repiten imb?ciles, ciegamente imb?ciles
sobre plazas, mercados, aulas y cocinas,
sobre los ni?os del L?bano y Palestina,
sobre todas las conciencias
tambi?n caen ahora sobre mi casa.


***

gabriel Impaglione
argentino (1958) reside en Italia, Dirige la revista de poesia Isla Negra, con versiones en sardo e italiano que dirige su esposa Giovanna Mulas.



les paso la direccion de mi blog: http://isla_negra.zoomblog.com
los invito a visitarlo
un fuerte abrazo desde Italia

Tags: Gabriel Impaglione

Publicado por gala2 @ 21:06  | POEMAS
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