Martes, 26 de junio de 2007
EL CANTAR DE
LAS AMANTES




Per a l’Enric




HOMENAJES



(Grabado de Antonio Hervás)

Homenaje a la poeta y al poeta suicidas.

“Y ahora soy
espuma de trigo, resplandor de mares”
Sylvia Plath

ESPUMA ESPUMA

Tragarse el mar respirar agua azul
limpiar con su sal los pulmones enfermos
de ese alquitrán del tedio que atrapa a algunos
seres que se escriben y pactan con la muerte
y has de estar en el mismo saliente
de piedra en la misma grieta
del cristal para comprenderlo

pero dejan su estela enrojecida
sólo para los otros
para muchas de ellas de ellos no hay tragedia
sólo hay ese deseo de cortar la última
hebra
salir de la jaula del mundo
sólo el pulso final el instante febril
de desenmascararla de mirarle a los ojos

sólo querer ser un mar silente
las olas
cercenando las púas de la angustia
entregando la raíz de la voz
a la gruta de las palabras
sólo ser píldora enrocada del reposo
disolver la conciencia
inundar la memoria ser nada

espuma espuma

Homenaje a Alejandra Pizarnik

“Las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?”
A. Pizarnik


ETERNIDAD FRONTERA

No comprendía yo tu amor
por el hueco del viento
ni tu preñez de viuda
ni tus sílabas deshiladas

y he bajado hasta tus abismos
a las profundas simas
de tus palabras negras por no
querer nombrar los frutos
tras el cristal del espejo
ensombrecidos
de opacos vapores de un bosque
al que evocabas con voz
de ausencia presentida
y te he hallado viva

palabra acrisolada
por esa espada de tu noche
eternidad frontera


Homenaje a Frida Kahlo

DEL DOLOR Y DEL TIEMPO

Humana y vulnerable
llora sangre mientras se hunde
con las manos el vientre
retuerce sus pezones con rabia
remueve recuerdos envenenados
que la erizan

no sabe si fue un mal sueño
pero es testigo en aquella tarde
de los parques sobre el lago
de los espejos
de la imagen de la mujer
de los mil ojos

profundos pozos de mirada congelada
rostro carnoso que no tiembla
ni se enturbia sobre el agua
diosa azabache de un bosque sin quejidos

de exuberantes plantas devoradoras
del dolor y del tiempo

Homenaje a MªMercè Marçal

Y LA REGRESA

Será tu hiedra
nació silvestre será la okupa
de tu jardín

desde la fronda será tu amante
contra los muros convencionales
quiebra el letargo
tus soledades tiñe de verde
ama su sed
sorberá en la raíz ceniza aire
no lleva bridas
mano que poda sin fundamento
renacerá
dedos que marcan la inclinación
ya se rebela
como la pluma que no secunda
ninguna moda

ella es la hiedra
nació silvestre azar de ese brote
acude asciende
por capiteles hacia tu arcada
disipa nieblas
leal a un sueño imaginario
se desarraiga
siempre hacia arriba por descubrir
nuevos caminos
aunque la lleven al mismo muro

Hidra que engulle todo su ser
y la regresa

Homenaje a Anna Ajmátova

UNA NUEVA VACUNA PARA EL ALMA

San Petersburgo luce sus colores
en la portada de madera de un libro
que estaba abandonado
en un viejo desván de mi memoria

por el lado izquierdo de la penumbra
veo salir un ángel de alas negras
y traspasar intrépido con ellas
el helado espejo de la noche en el Neva
florecen al instante obscenas amapolas
como sangre escanciada
en los labios de un niño

paso página y otro día amanece
ante un sol mortecino
y allí las yemas de las ramas tiemblan
los troncos alineados y lánguidos
ante un nuevo destino porque saben
que alguien ha vendido ya
el jardín de los cerezos
sin esperar a que florezcan

en la contraportada
la carcoma penetra hasta los huesos
llegó el tiempo de inventar

una nueva vacuna para el alma

Homenaje a Alfonsina Storni

“Ah un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido”
A. Storni

AQUÉL NO ERA TU TIEMPO

Tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados

le esperaste al final de todos los caminos
con la mente y los ojos bien despierta
como mujer que cree en la tierra prometida
libaste de las flores ofreciste tus mieles
y en las manos te crecieron las yemas
de esas plantas silvestres
que viven de otro cuerpo

quizás te adelantaste
posiblemente aún no había nacido
y es fácil no conformarse
sabiendo que a través de la tierra estercolada
puede brotar el néctar
y es cierto que entre la paja a veces
te sorprende un primer trigo

y te quedas con él como un tesoro
pero tú lo sabías
aquél no era tu tiempo


(Versos en cursiva de Alfonsina Storni incorporados al poema)

Homenaje a Marina Tsvietáieva

EL PAN NO SABE A NADA

Muerte con los vencidos
y con los vencedores muerte
muerte en el paraíso de los artistas
y en los mercados de las pulgas muerte
muerte en la Rusia roja
y en la Siberia muerte

la casa no nos cabe por la boca-muerte
nosotros no cabemos en la casa-muerte
el sembrado es rastrojo
hiela la muerte-segadora
en tu cabeza-muerte

ya la nieve no es blanca
el pan no sabe a nada


(Versos en cursiva, de M. Tsvietáieva incorporados al poema y traducidos del ruso)



CANTARES


(Dibujo en color de Federico Gallego Ripoll “La Sacerdotisa”)


A UNA ROCA SIN VOZ NI ECO

Si celebrar tu cuerpo
en el atrio de mi casa en ruinas
fuera posible

si un sueño transformara las palabras
que como aves enjauladas
no olvidan

si resueltas se liberaran
de la impostura de sus sílabas
y acudieran desnudas a los conjuros
de la amante

pero desposeídas del aire
que las completaría
se prostituyen al vacío que no responde

a una roca sin voz ni eco


HACIA LO IGNOTO

Navego por sombras de paisajes
donde unos dioses escribieron
leyendas de afligidas diosas

hoy quedan en esa tierra signos
de otras ficciones con verdades
inamovibles como losas

reina aún la voz por la fuerza
que ignorante no deja
crecer

la hiedra arbórea
la tela delicada
la mano que explora la raíz fértil

hacia lo ignoto


DE TUS DEDOS

Yemas de pétalos enraizadas en
mis pechos
en la misma hendidura
desde donde se yerguen se rebelan

ante la indiferencia estéril
de tus dedos



PARA TRAZAR OLVIDOS

Ayer te amé mañana está
llegando y no me reconozco
hoy soñaré que el buen ladrón
vacía boca y ojos

que aborda blanca y lisa tela
para trazar olvidos


EL GRAN SECRETO

Dardos restituidos
como cascadas y oleajes
posos de ese licor
envenenado
cáliz dulce sabor
efímero
de la misma ebriedad

escanciar beber gozar
con el placer
y retorcer el cuello
a este lamento
ahogarlo y respirar
muy hondo
la inmediata realidad

pues lo peor está aún
por llegar
la palidez del amarillo
la mirada de losa
la verdadera soledad
después orina
y barro y flor de almendros

atesorando
el gran secreto



EL ÁRBOL DE LA LLUVIA

Te esperaré como el árbol espera
al ave que desde el norte viajó un día
y anidó en sus ramas
desnudas más tarde por la ausencia
en medio del verdor
de aquel tiempo de las lluvias

que se abre en este otoño
estrenando presagios



LA ROSA

Posiblemente ellate habría amado

hasta deshojarte un acto más

de placer prohibido



el miedo se ha hecho adulto

y ya camina solo

y a veces recuerda

aquel tiempo de la infancia



cristalinas lagunas en donde se transforman

todos aquellos pétalos que las horas arrancan

para ser sueños de agua


nenúfares latiendo



ESBELTAS
y de frondosos miembros
habitan los rincones de mi espacio

de noche oigo el zru-zru
de sus talles sedosos retozando
veo en sueños sus pieles relucientes
que ayer mis dedos húmedos palparon
y el haz imperturbable de esa luz
que atraviesa el cristal
verdea rebosantes sus facciones
alimenta su deseo de amar
sobre el trozo de tierra
que en mi casa les ha sido asignado

¡malvasía para anunciar su nombre!
otra hija incorporada al gran racimo
después de esos rumores de amor lésbico

mis amigas las plantas mis amantes



LAS SIETE AMANTES


(Dibujo en color de Federico Gallego Ripoll “La fuerza”)



“Pereceré deslizándome en el
abismo del que huyo”
Fedra

“Hipólito”, de Eurípides

I

Me quemaba
En los turbios racimos de mi vientre.

Mis miembros prisioneros
De sus alhajas nobles no podían
Correr hacia los bosques
E impúdica saciarme de tus fuentes
Y de pronto, tropezaron mis labios
En tu carne de mármol,
Se desató volando el mal agüero
De esa palabra en llamas
Oprimida, que engañó al Cancerbero
De mi hueco doliente,
Para abrir sus puñales.


«¡Ay de mí,
cuanto deseo y dulce pensamiento
a estas dolientes almas trajo aquí!»

“La Divina Comedia”, Dante Alighieri


II

Y mientras nuestros labios
Pronunciaban el verbo
Escrito en la mirada
De Lancelot amante,
El mar se ha desbordado
De sus cauces inmensos
Y ha entrado en nuestros sexos
Y es torrente furtivo.

Fuera, desde el silencio
Oscuro de la nieve,
Oyes voces que claman
Y exhortan al regreso
A un seno artificial.

Pero sientes más firmes
Los rumores en la raíz de un ansia
Que se obstina y se niega a domeñarse,
Aunque una mano opaca
Te señale el abismo.

III

Tantos abismos como cielos terrestres:

El temor a ese fuego infernal
No quema a aquellas almas
Ofrecidas en sus carnosos búcaros
De esquina o curva sinuosa
Como un lascivo oasis de los siglos
A tanto paraíso desierto.



IV

Quema la muerte el último rastrojo: (*)
Mujer silvestre de romero e hinojo,
Belladona, mandrágora, estramonio.

Danza que serpentea y que se adentra
En el claro del bosque primigenio
Para invocar el vientre de la tierra.

Comunión de infinitas voluntades
De ahuyentar el dolor con el placer
¡Soy maestra de la fiesta lunar!

Segada por las sangres abrasadas
En el miedo a aflorar.


*(Verso en cursiva de Ma.Mercè Marçal, incorporado al poema y traducido del catalán)



V

Ofelias como nenúfares en flor
Flotando en el lago de la muerte:

No soporté la huida de tus pasos
Avanzando hacia tu desmemoria de mí.
El no saber desató cielos negros
Llenos de pajarracos que cegaron mis ojos.
Creció la herrumbre por los débiles muros
De aquella casa nuestra pintada de locura.
El no saber me anegó en los abrojos
Que ahora brotan de mi boca.

Nadie me detuvo la mano,
Y ejecutora y víctima a la vez
Se dispuso a ofrecerme en sacrificio
De un rito irreversible.


VI

Sin embargo,
Me niego a ser Desdémona:

Amarilla caléndula
De aquella sinrazón,
De la costumbre absurda del tiempo
Al dar la venia a la mano de un hombre
Y escribir que era el dueño
De todo lo viviente
Y creérselo,
Pasados tantos siglos.



VII
A Lara
Vengo de un país sumergido en el lago
Materno
Y cuando el hada buena y su varita
Mágica
Tocaron mi vientre, emergió todo:

Brazos como sauces, pies como retamas,
Estrellados ojos, labios de granadas
Y largos oídos como caracolas.
Yo sentí tu aliento, la escama de plata
Rozar mis paredes, la pulsión de anfibio
Queriendo surgir de nuestro microcosmos.

Brotaste de dentro como aquella dama
Señora del lago, y con tu belleza
Impregnaste el aire, secaste mis aguas
Llenaste mis pechos de blanco ciclamen.
Afloró en tu piel un jardín de frescura
Con rumor de fuentes y tacto de pétalos.
Y mis ojos vieron ese gran milagro:

Mientras dormitabas crecían tus pasos
Y se transformaba la vida en tu rostro
Hasta reencontrarnos.



LA FLOR DEL HIBISCO


How the boat drew homeward filled with flowers!
¡Y llenos de flores al hogar regresamos!

“Songs of travel” – Robert Louis Stevenson

I

Ya traspasamos juntos la edad de los geranios
Que superó el invierno.
Vivir como volcanes incandescente amor,
Sosegar con ternura el fuego desbocado,
Y regar cada día nuestros ojos
Como vistosas plantas,
Y tenernos cada noche
Desnudos, sin pecado
Bajo un árbol frondoso del edén.


II

Puede que en estas horas, colmadas
De esa fuerza que induce a nuestros cuerpos
A amarse, en las raíces más hondas de la tierra,
Al erguirnos y germinar las hojas
Del tallo que a los dos nos sostiene,
Queramos ser ingenuos y ver la eternidad.


III

Quizás llegará un día en que aprendidos
Los más íntimos pliegues de los rostros,
Que ahora nos ofrecemos
Como inmensas ventanas abiertas
Hacia el fondo de un largo laberinto,
Perdidos en el juego de recorrer
Espacios que los años devuelven
Otra vez a la playa, envejecidos ya,
Nos busquemos de nuevo
Como si fuéramos otros.



IV

Ahora que la luz permite reencontrar
Los silencios que en el grito hibernaban,
Ahora que la lluvia crece irreversible
Bajo el resplandor del trigo y sus espigas
No quiero
Que el tiempo en que dudé de mí
Y de tu existencia
Trace sus redes de telaraña inhóspita.


V

Pero, sin el certificado de amar,
Sin bendición ni hipoteca que obligue,
He mezclado mi sangre con tu sangre.
Mi saliva a través de tus labios
Se entrega como espuma
De ola a las arenas. Tierra y carne
Preñadas del olor a magnolia
Y del color del ámbar. Las lenguas,
En aquel hechizarse, olvidan
Los recuerdos de sombras de aves negras
Que traspasan el aire y llegan
Hasta el rayo fatal,
Con cuya claridad abrasa
El espectro más ínfimo.


VI

Cualquier morir de amar se me presenta
Ahora, artificial, ajeno,
Cuando enlazo mis miembros al tallo
De tu cuerpo e infinitud de ramas
No quieren poner a los abrazos
Límite.

Cualquier cantar de amor se me traduce
Con el perfil desdibujado
De aquel danzar de máscaras
Que jamás desnudarán su rostro.

Qué máscara de raíces amargas,
De deseos ajados y carencias
Provocó en ti un reto
En este páramo habitable
De derechos estériles.

VII

Hay túneles cerrados
Como ataúdes negros
Que en la memoria habitan
Archivados a su libre albedrío,
Y si una ráfaga de viento roza
Cualquier mínimo extremo,
Se desatan como cajas de truenos
Y rayos que amenazan
Vampirizar tu nombre
Tu calle, tu puerta, este distrito,
Dejarte a la intemperie,
Borrar todos los signos
Que en tu rostro fue dibujando el tiempo,
Y robarte los hijos
Que pudieran dar de ti testimonio.

Y allí en la oscuridad,
Despojada e inerme,
De impotencia pletórica y de rabia
Quisieras, con espadas
De gladiolos de fuego,
Rasgar todos los lazos
Que amordazan tu mente.


VIII

En la habitación contigua
Ella escucha a la muerte.
El sonido del agua que baja
Desde el cuarto de baño
Hacia la alcantarilla
Es su helado mensaje:

Disuélvete en la nada,
Acabará la lucha,
Ellos quieren que arranques
La baldosa que guarda tu secreto,
Y despeñada desde el acantilado
Te absorberán las olas.

Pero la vida que aún la estira
En buen agrimensor la ha convertido,
E inspecciona el terreno
Y no halla en sí la kulpa, ni el kastillo,
Y mide, con mano temblorosa
La frialdad del agua…
De pronto

El timbre alborotado del teléfono,
El trajinar cotidiano de unos pasos
Y aquella voz amada
Regalo diario: flor de hibisco,
Que le recuerda el nombre enrojecido
De ese medicamento
Y juntos

La reintegran al mundo de los vivos.

IX


He viajado como átomo invisible

Por las venas del tiempo

Hasta desembocar en tu latido.

Haz que mi sangre vibre de plenitud

Y regresemos desde nuestro presente,

Embarquemos

Hacia ese porvenir que nos espera.


X

Como flor de heliotropo
Queriendo absorber toda la luz,
Me siento yo de ti avariciosa,
Y tengo a veces miedo
Si no de dividirnos,
Sí, de que un azar ingrato
O un accidente absurdo,
-Aquél a quien llaman el destino-
Imponga la tiranía ciega,
Y sus celdas oscuras
De aislamiento.

Por eso enciendo velas
En toda nuestra casa,
Acaricio el color de las maderas
Y viajo a través de nuestros cuadros
Esperando a que llegues,
Sentada en un viejo balancín,
Y lleno todos los huecos y rincones
De blanca sal marina.

XI

Y cuánto durará, nos preguntamos,
Esta pulsión universal que engendra
El gozo imperturbable de adentrarnos,
Ser uno, en cada anochecer,
Y desde lo abisal del mar surgir
Para reconocernos
A la luz de otro día.

XII

Dicen los estudiosos de la ciencia
Que estos sólidos cuerpos
Y también nuestra mente son agua
En el instante en que la química fenece,
Deja inerte ese juego amatorio de insertarse
Y mezclarse y producir la vida,
Y así, del mismo modo
Dicen que un día el combinado químico
Que hace que nos amemos, se disipe
Como el final de una simple efervescencia.

Pero, yo no lo puedo creer.

XIII

Eros siempre es un niño
Que se nutre de amnesia.

No hay amor sin su sombra y su dolor
Lo sé.
Y también sé que el mar borra las huellas
De las horas clavándose en la arena
Y los ojos llenándose de azul,
Que a veces miran glaucos y poblados
De niebla
Las espumas, desde otoñales playas.

Por eso,
Cuando desvanecidas las estrellas
Que alumbraron estos primeros pasos
Del amor,
Quedemos solitarios una noche
De Octubre
Bajo débiles luces de neón….

Aun sabiendo
Que el tiempo seguirá con sus estragos
¡Cómo quisiera envejecer contigo
Y en los rescoldos del invierno amarnos!



XIV

Y cuando hagan acopio las cenizas
Y amanezcan los primeros fríos:

Juntos indagaremos otras fuentes,
Nuevas formas de amar y de ternura,
Juntos rescribiremos estos versos
Con la sabia mesura de quien llega
De ese viaje del tiempo y la memoria.

Juntos avivaremos con caricias
Los recuerdos
De aquellos días que en ciernes entramos
En la selva por explorar de nuestras
Vidas.


XV

Y cuando de los ojos de la memoria
Se aleje la flor de los almendros
Y las ramas colmadas de los cerezos:

Sin ninguna inocencia
Quisiera que la bondad triunfara,
Poder reconocerla en la mirada
De las fotografías que guardemos,
Y una pequeña sombra de misterio,
Como cuando la abuela me contaba
Historias
De endiabladas y hechiceras al calor
Del fuego,
En los tiempos que las flores sucumben
Tras el rocío, a las fuertes heladas
De un invierno.

XVI

Pero sella ahora
Con tus dedos mis labios,
Bañémonos en el ancho silencio
De nuestro regocijo,
Y seamos austeros
En presumir la dicha,
¡Es tanta la soledad, que deja
En los seres el olvido…!

No tentemos la envidia
De esos dioses menores
Que ni al cielo ni al infierno
Pudieron acceder,
Y como aves nocturnas
Con su mirada oculta
Acechan la belleza,
Acobardados
De todo lo que libremente aflora
Y sigue persistiendo.


XVII

Seamos generosos,
Hagamos de nuestro amor
Frutal palacio en el desierto,
Hibernal jardín de peregrino.

Dibujemos de nuevo
El mapa que nos atesoró,
Para que abra caminos
A quien busca que un día
El sol que lleva adentro
Amanezca bien alto
En otros ojos.




NOTAS

Las ilustraciones de este libro son puertas simbólicas de belleza plástica, abiertas a sus contenidos poéticos.

El bellísimo grabado El bosque de los sueños, de Antonio Hervás Amezcua, es afín al tema del bosque y de la noche del que hablan mis versos y los versos de algunas de las poetas a quienes está dedicada esta primera parte del libro, como es el caso de Alejandra Pizarnik. Me recuerda también el fragmento de la pintura titulada Magdalena en el bosque del amor, de Émile Bernard (1868-1941), que figura en la portada de una edición de 1992 de Seix Barral, Biblioteca de Bolsillo, en mi poder, de la inolvidable novela El bosque de la noche, de Djuna Barnes.

Releyendo un día el libro de poemas Tarot, de Federico Gallego Ripoll, me prendé de sus versos y de sus dibujos. Me fijé especialmente en dos Arcanos, que generosamente el autor me permite ahora reproducir en este libro. El primero de ellos es el Arcano II “La Sacerdotisa”; la Gran Sacerdotisa, según el fabuloso Diccionario de Símbolos de Juan Eduardo Cirlot, está relacionada con la figura femenina de Isis, como deidad de la noche. Según la descripción de esta carta del Tarot que allí se hace, la Sacerdotisa aparece sentada sosteniendo en la mano derecha un libro entreabierto, y en la izquierda dos llaves, una de oro (que representa sol, verbo, razón) y otra de plata (simbolizando luna, imaginación). En cambio, si os fijáis, la figura que Federico ha pintado hunde sus dos manos en el libro completamente abierto, a mi entender como una interpretación suya de ese libro simbólico, en donde parecen fusionarse un mar y un cielo lunar azulados, que bien pudiera ser la literatura o la misma poesía, amalgamando a través de la palabra poética todos esos elementos citados que corresponden a este Arcano.

El Arcano XI “La Fuerza”, con el que se abre la tercera parte, titulada “Las siete amantes”, también según el Diccionario de Símbolos de Juan Eduardo Cirlot, representa a una reina que sin aparente esfuerzo, doma un furioso león y cuyas mandíbulas mantiene separadas. En el sentido zodiacal significa Leo vencido por Virgo. El triunfo de la inteligencia vinculada al principio femenino que no destruye sino que intenta transformar la fuerza bruta, la insensibilidad o el furor. También me llamó mucho la atención, en el dibujo de Federico, la maravillosa sensualidad de esa lucha, de esa tensión que mantiene sobre todo la figura femenina enlazada a su oponente.

En la cuarta y última parte de este libro se reproduce una fotografía, captada por mi cámara, de la flor de un hibisco en el momento de su máximo esplendor. La magnífica planta de mi terraza de donde procede esta flor hasta ahora no ha dejado de ofrecerme, casi a diario, una como la que aquí trato de liberar del irreversible paso del tiempo.

La autora






Tags: Goya Gutiérrez

Publicado por gala2 @ 6:54  | POEMAS
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