Espacio para la poesía de todos los tiempos: poemas, autores, libros, artículos... Todo lo que tenga que ver con el bello arte de decir con la palabra...
“Y ahora soy espuma de trigo, resplandor de mares” Sylvia Plath
ESPUMA ESPUMA
Tragarse el mar respirar agua azul limpiar con su sal los pulmones enfermos de ese alquitrán del tedio que atrapa a algunos seres que se escriben y pactan con la muerte y has de estar en el mismo saliente de piedra en la misma grieta del cristal para comprenderlo
pero dejan su estela enrojecida sólo para los otros para muchas de ellas de ellos no hay tragedia sólo hay ese deseo de cortar la última hebra salir de la jaula del mundo sólo el pulso final el instante febril de desenmascararla de mirarle a los ojos
sólo querer ser un mar silente las olas cercenando las púas de la angustia entregando la raíz de la voz a la gruta de las palabras sólo ser píldora enrocada del reposo disolver la conciencia inundar la memoria ser nada
espuma espuma
Homenaje a Alejandra Pizarnik
“Las palabras no hacen el amor hacen la ausencia si digo agua ¿beberé?” A. Pizarnik
ETERNIDAD FRONTERA
No comprendía yo tu amor por el hueco del viento ni tu preñez de viuda ni tus sílabas deshiladas
y he bajado hasta tus abismos a las profundas simas de tus palabras negras por no querer nombrar los frutos tras el cristal del espejo ensombrecidos de opacos vapores de un bosque al que evocabas con voz de ausencia presentida y te he hallado viva
palabra acrisolada por esa espada de tu noche eternidad frontera
Homenaje a Frida Kahlo
DEL DOLOR Y DEL TIEMPO
Humana y vulnerable llora sangre mientras se hunde con las manos el vientre retuerce sus pezones con rabia remueve recuerdos envenenados que la erizan
no sabe si fue un mal sueño pero es testigo en aquella tarde de los parques sobre el lago de los espejos de la imagen de la mujer de los mil ojos
profundos pozos de mirada congelada rostro carnoso que no tiembla ni se enturbia sobre el agua diosa azabache de un bosque sin quejidos
de exuberantes plantas devoradoras del dolor y del tiempo
Homenaje a MªMercè Marçal
Y LA REGRESA
Será tu hiedra nació silvestre será la okupa de tu jardín
desde la fronda será tu amante contra los muros convencionales quiebra el letargo tus soledades tiñe de verde ama su sed sorberá en la raíz ceniza aire no lleva bridas mano que poda sin fundamento renacerá dedos que marcan la inclinación ya se rebela como la pluma que no secunda ninguna moda
ella es la hiedra nació silvestre azar de ese brote acude asciende por capiteles hacia tu arcada disipa nieblas leal a un sueño imaginario se desarraiga siempre hacia arriba por descubrir nuevos caminos aunque la lleven al mismo muro
Hidra que engulle todo su ser y la regresa
Homenaje a Anna Ajmátova
UNA NUEVA VACUNA PARA EL ALMA
San Petersburgo luce sus colores en la portada de madera de un libro que estaba abandonado en un viejo desván de mi memoria
por el lado izquierdo de la penumbra veo salir un ángel de alas negras y traspasar intrépido con ellas el helado espejo de la noche en el Neva florecen al instante obscenas amapolas como sangre escanciada en los labios de un niño
paso página y otro día amanece ante un sol mortecino y allí las yemas de las ramas tiemblan los troncos alineados y lánguidos ante un nuevo destino porque saben que alguien ha vendido ya el jardín de los cerezos sin esperar a que florezcan
en la contraportada la carcoma penetra hasta los huesos llegó el tiempo de inventar
una nueva vacuna para el alma
Homenaje a Alfonsina Storni
“Ah un encargo: si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido” A. Storni
AQUÉL NO ERA TU TIEMPO
Tenme prestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados
le esperaste al final de todos los caminos con la mente y los ojos bien despierta como mujer que cree en la tierra prometida libaste de las flores ofreciste tus mieles y en las manos te crecieron las yemas de esas plantas silvestres que viven de otro cuerpo
quizás te adelantaste posiblemente aún no había nacido y es fácil no conformarse sabiendo que a través de la tierra estercolada puede brotar el néctar y es cierto que entre la paja a veces te sorprende un primer trigo
y te quedas con él como un tesoro pero tú lo sabías aquél no era tu tiempo
(Versos en cursiva de Alfonsina Storni incorporados al poema)
Homenaje a Marina Tsvietáieva
EL PAN NO SABE A NADA
Muerte con los vencidos y con los vencedores muerte muerte en el paraíso de los artistas y en los mercados de las pulgas muerte muerte en la Rusia roja y en la Siberia muerte
la casa no nos cabe por la boca-muerte nosotros no cabemos en la casa-muerte el sembrado es rastrojo hiela la muerte-segadora en tu cabeza-muerte
ya la nieve no es blanca el pan no sabe a nada
(Versos en cursiva, de M. Tsvietáieva incorporados al poema y traducidos del ruso)
CANTARES
(Dibujo en color de Federico Gallego Ripoll “La Sacerdotisa”)
A UNA ROCA SIN VOZ NI ECO
Si celebrar tu cuerpo en el atrio de mi casa en ruinas fuera posible
si un sueño transformara las palabras que como aves enjauladas no olvidan
si resueltas se liberaran de la impostura de sus sílabas y acudieran desnudas a los conjuros de la amante
pero desposeídas del aire que las completaría se prostituyen al vacío que no responde
a una roca sin voz ni eco
HACIA LO IGNOTO
Navego por sombras de paisajes donde unos dioses escribieron leyendas de afligidas diosas
hoy quedan en esa tierra signos de otras ficciones con verdades inamovibles como losas
reina aún la voz por la fuerza que ignorante no deja crecer
la hiedra arbórea la tela delicada la mano que explora la raíz fértil
hacia lo ignoto
DE TUS DEDOS
Yemas de pétalos enraizadas en mis pechos en la misma hendidura desde donde se yerguen se rebelan
ante la indiferencia estéril de tus dedos
PARA TRAZAR OLVIDOS
Ayer te amé mañana está llegando y no me reconozco hoy soñaré que el buen ladrón vacía boca y ojos
que aborda blanca y lisa tela para trazar olvidos
EL GRAN SECRETO
Dardos restituidos como cascadas y oleajes posos de ese licor envenenado cáliz dulce sabor efímero de la misma ebriedad
escanciar beber gozar con el placer y retorcer el cuello a este lamento ahogarlo y respirar muy hondo la inmediata realidad
pues lo peor está aún por llegar la palidez del amarillo la mirada de losa la verdadera soledad después orina y barro y flor de almendros
atesorando el gran secreto
EL ÁRBOL DE LA LLUVIA
Te esperaré como el árbol espera al ave que desde el norte viajó un día y anidó en sus ramas desnudas más tarde por la ausencia en medio del verdor de aquel tiempo de las lluvias
que se abre en este otoño estrenando presagios
LA ROSA
Posiblemente ellate habría amado
hasta deshojarte un acto más
de placer prohibido
el miedo se ha hecho adulto
y ya camina solo
y a veces recuerda
aquel tiempo de la infancia
cristalinas lagunas en donde se transforman
todos aquellos pétalos que las horas arrancan
para ser sueños de agua
nenúfares latiendo
ESBELTAS y de frondosos miembros habitan los rincones de mi espacio
de noche oigo el zru-zru de sus talles sedosos retozando veo en sueños sus pieles relucientes que ayer mis dedos húmedos palparon y el haz imperturbable de esa luz que atraviesa el cristal verdea rebosantes sus facciones alimenta su deseo de amar sobre el trozo de tierra que en mi casa les ha sido asignado
¡malvasía para anunciar su nombre! otra hija incorporada al gran racimo después de esos rumores de amor lésbico
mis amigas las plantas mis amantes
LAS SIETE AMANTES
(Dibujo en color de Federico Gallego Ripoll “La fuerza”)
“Pereceré deslizándome en el abismo del que huyo” Fedra
“Hipólito”, de Eurípides
I
Me quemaba En los turbios racimos de mi vientre.
Mis miembros prisioneros De sus alhajas nobles no podían Correr hacia los bosques E impúdica saciarme de tus fuentes Y de pronto, tropezaron mis labios En tu carne de mármol, Se desató volando el mal agüero De esa palabra en llamas Oprimida, que engañó al Cancerbero De mi hueco doliente, Para abrir sus puñales.
«¡Ay de mí, cuanto deseo y dulce pensamiento a estas dolientes almas trajo aquí!»
“La Divina Comedia”, Dante Alighieri
II
Y mientras nuestros labios Pronunciaban el verbo Escrito en la mirada De Lancelot amante, El mar se ha desbordado De sus cauces inmensos Y ha entrado en nuestros sexos Y es torrente furtivo.
Fuera, desde el silencio Oscuro de la nieve, Oyes voces que claman Y exhortan al regreso A un seno artificial.
Pero sientes más firmes Los rumores en la raíz de un ansia Que se obstina y se niega a domeñarse, Aunque una mano opaca Te señale el abismo.
III
Tantos abismos como cielos terrestres:
El temor a ese fuego infernal No quema a aquellas almas Ofrecidas en sus carnosos búcaros De esquina o curva sinuosa Como un lascivo oasis de los siglos A tanto paraíso desierto.
IV
Quema la muerte el último rastrojo: (*) Mujer silvestre de romero e hinojo, Belladona, mandrágora, estramonio.
Danza que serpentea y que se adentra En el claro del bosque primigenio Para invocar el vientre de la tierra.
Comunión de infinitas voluntades De ahuyentar el dolor con el placer ¡Soy maestra de la fiesta lunar!
Segada por las sangres abrasadas En el miedo a aflorar.
*(Verso en cursiva de Ma.Mercè Marçal, incorporado al poema y traducido del catalán)
V
Ofelias como nenúfares en flor Flotando en el lago de la muerte:
No soporté la huida de tus pasos Avanzando hacia tu desmemoria de mí. El no saber desató cielos negros Llenos de pajarracos que cegaron mis ojos. Creció la herrumbre por los débiles muros De aquella casa nuestra pintada de locura. El no saber me anegó en los abrojos Que ahora brotan de mi boca.
Nadie me detuvo la mano, Y ejecutora y víctima a la vez Se dispuso a ofrecerme en sacrificio De un rito irreversible.
VI
Sin embargo, Me niego a ser Desdémona:
Amarilla caléndula De aquella sinrazón, De la costumbre absurda del tiempo Al dar la venia a la mano de un hombre Y escribir que era el dueño De todo lo viviente Y creérselo, Pasados tantos siglos.
VII A Lara Vengo de un país sumergido en el lago Materno Y cuando el hada buena y su varita Mágica Tocaron mi vientre, emergió todo:
Brazos como sauces, pies como retamas, Estrellados ojos, labios de granadas Y largos oídos como caracolas. Yo sentí tu aliento, la escama de plata Rozar mis paredes, la pulsión de anfibio Queriendo surgir de nuestro microcosmos.
Brotaste de dentro como aquella dama Señora del lago, y con tu belleza Impregnaste el aire, secaste mis aguas Llenaste mis pechos de blanco ciclamen. Afloró en tu piel un jardín de frescura Con rumor de fuentes y tacto de pétalos. Y mis ojos vieron ese gran milagro:
Mientras dormitabas crecían tus pasos Y se transformaba la vida en tu rostro Hasta reencontrarnos.
LA FLOR DEL HIBISCO
How the boat drew homeward filled with flowers! ¡Y llenos de flores al hogar regresamos!
“Songs of travel” – Robert Louis Stevenson
I
Ya traspasamos juntos la edad de los geranios Que superó el invierno. Vivir como volcanes incandescente amor, Sosegar con ternura el fuego desbocado, Y regar cada día nuestros ojos Como vistosas plantas, Y tenernos cada noche Desnudos, sin pecado Bajo un árbol frondoso del edén.
II
Puede que en estas horas, colmadas De esa fuerza que induce a nuestros cuerpos A amarse, en las raíces más hondas de la tierra, Al erguirnos y germinar las hojas Del tallo que a los dos nos sostiene, Queramos ser ingenuos y ver la eternidad.
III
Quizás llegará un día en que aprendidos Los más íntimos pliegues de los rostros, Que ahora nos ofrecemos Como inmensas ventanas abiertas Hacia el fondo de un largo laberinto, Perdidos en el juego de recorrer Espacios que los años devuelven Otra vez a la playa, envejecidos ya, Nos busquemos de nuevo Como si fuéramos otros.
IV
Ahora que la luz permite reencontrar Los silencios que en el grito hibernaban, Ahora que la lluvia crece irreversible Bajo el resplandor del trigo y sus espigas No quiero Que el tiempo en que dudé de mí Y de tu existencia Trace sus redes de telaraña inhóspita.
V
Pero, sin el certificado de amar, Sin bendición ni hipoteca que obligue, He mezclado mi sangre con tu sangre. Mi saliva a través de tus labios Se entrega como espuma De ola a las arenas. Tierra y carne Preñadas del olor a magnolia Y del color del ámbar. Las lenguas, En aquel hechizarse, olvidan Los recuerdos de sombras de aves negras Que traspasan el aire y llegan Hasta el rayo fatal, Con cuya claridad abrasa El espectro más ínfimo.
VI
Cualquier morir de amar se me presenta Ahora, artificial, ajeno, Cuando enlazo mis miembros al tallo De tu cuerpo e infinitud de ramas No quieren poner a los abrazos Límite.
Cualquier cantar de amor se me traduce Con el perfil desdibujado De aquel danzar de máscaras Que jamás desnudarán su rostro.
Qué máscara de raíces amargas, De deseos ajados y carencias Provocó en ti un reto En este páramo habitable De derechos estériles.
VII
Hay túneles cerrados Como ataúdes negros Que en la memoria habitan Archivados a su libre albedrío, Y si una ráfaga de viento roza Cualquier mínimo extremo, Se desatan como cajas de truenos Y rayos que amenazan Vampirizar tu nombre Tu calle, tu puerta, este distrito, Dejarte a la intemperie, Borrar todos los signos Que en tu rostro fue dibujando el tiempo, Y robarte los hijos Que pudieran dar de ti testimonio.
Y allí en la oscuridad, Despojada e inerme, De impotencia pletórica y de rabia Quisieras, con espadas De gladiolos de fuego, Rasgar todos los lazos Que amordazan tu mente.
VIII
En la habitación contigua Ella escucha a la muerte. El sonido del agua que baja Desde el cuarto de baño Hacia la alcantarilla Es su helado mensaje:
Disuélvete en la nada, Acabará la lucha, Ellos quieren que arranques La baldosa que guarda tu secreto, Y despeñada desde el acantilado Te absorberán las olas.
Pero la vida que aún la estira En buen agrimensor la ha convertido, E inspecciona el terreno Y no halla en sí la kulpa, ni el kastillo, Y mide, con mano temblorosa La frialdad del agua… De pronto
El timbre alborotado del teléfono, El trajinar cotidiano de unos pasos Y aquella voz amada Regalo diario: flor de hibisco, Que le recuerda el nombre enrojecido De ese medicamento Y juntos
La reintegran al mundo de los vivos.
IX
He viajado como átomo invisible
Por las venas del tiempo
Hasta desembocar en tu latido.
Haz que mi sangre vibre de plenitud
Y regresemos desde nuestro presente,
Embarquemos
Hacia ese porvenir que nos espera.
X
Como flor de heliotropo Queriendo absorber toda la luz, Me siento yo de ti avariciosa, Y tengo a veces miedo Si no de dividirnos, Sí, de que un azar ingrato O un accidente absurdo, -Aquél a quien llaman el destino- Imponga la tiranía ciega, Y sus celdas oscuras De aislamiento.
Por eso enciendo velas En toda nuestra casa, Acaricio el color de las maderas Y viajo a través de nuestros cuadros Esperando a que llegues, Sentada en un viejo balancín, Y lleno todos los huecos y rincones De blanca sal marina.
XI
Y cuánto durará, nos preguntamos, Esta pulsión universal que engendra El gozo imperturbable de adentrarnos, Ser uno, en cada anochecer, Y desde lo abisal del mar surgir Para reconocernos A la luz de otro día.
XII
Dicen los estudiosos de la ciencia Que estos sólidos cuerpos Y también nuestra mente son agua En el instante en que la química fenece, Deja inerte ese juego amatorio de insertarse Y mezclarse y producir la vida, Y así, del mismo modo Dicen que un día el combinado químico Que hace que nos amemos, se disipe Como el final de una simple efervescencia.
Pero, yo no lo puedo creer.
XIII
Eros siempre es un niño Que se nutre de amnesia.
No hay amor sin su sombra y su dolor Lo sé. Y también sé que el mar borra las huellas De las horas clavándose en la arena Y los ojos llenándose de azul, Que a veces miran glaucos y poblados De niebla Las espumas, desde otoñales playas.
Por eso, Cuando desvanecidas las estrellas Que alumbraron estos primeros pasos Del amor, Quedemos solitarios una noche De Octubre Bajo débiles luces de neón….
Aun sabiendo Que el tiempo seguirá con sus estragos ¡Cómo quisiera envejecer contigo Y en los rescoldos del invierno amarnos!
XIV
Y cuando hagan acopio las cenizas Y amanezcan los primeros fríos:
Juntos indagaremos otras fuentes, Nuevas formas de amar y de ternura, Juntos rescribiremos estos versos Con la sabia mesura de quien llega De ese viaje del tiempo y la memoria.
Juntos avivaremos con caricias Los recuerdos De aquellos días que en ciernes entramos En la selva por explorar de nuestras Vidas.
XV
Y cuando de los ojos de la memoria Se aleje la flor de los almendros Y las ramas colmadas de los cerezos:
Sin ninguna inocencia Quisiera que la bondad triunfara, Poder reconocerla en la mirada De las fotografías que guardemos, Y una pequeña sombra de misterio, Como cuando la abuela me contaba Historias De endiabladas y hechiceras al calor Del fuego, En los tiempos que las flores sucumben Tras el rocío, a las fuertes heladas De un invierno.
XVI
Pero sella ahora Con tus dedos mis labios, Bañémonos en el ancho silencio De nuestro regocijo, Y seamos austeros En presumir la dicha, ¡Es tanta la soledad, que deja En los seres el olvido…!
No tentemos la envidia De esos dioses menores Que ni al cielo ni al infierno Pudieron acceder, Y como aves nocturnas Con su mirada oculta Acechan la belleza, Acobardados De todo lo que libremente aflora Y sigue persistiendo.
XVII
Seamos generosos, Hagamos de nuestro amor Frutal palacio en el desierto, Hibernal jardín de peregrino.
Dibujemos de nuevo El mapa que nos atesoró, Para que abra caminos A quien busca que un día El sol que lleva adentro Amanezca bien alto En otros ojos.
NOTAS
Las ilustraciones de este libro son puertas simbólicas de belleza plástica, abiertas a sus contenidos poéticos.
El bellísimo grabado El bosque de los sueños, de Antonio Hervás Amezcua, es afín al tema del bosque y de la noche del que hablan mis versos y los versos de algunas de las poetas a quienes está dedicada esta primera parte del libro, como es el caso de Alejandra Pizarnik. Me recuerda también el fragmento de la pintura titulada Magdalena en el bosque del amor, de Émile Bernard (1868-1941), que figura en la portada de una edición de 1992 de Seix Barral, Biblioteca de Bolsillo, en mi poder, de la inolvidable novela El bosque de la noche, de Djuna Barnes.
Releyendo un día el libro de poemas Tarot, de Federico Gallego Ripoll, me prendé de sus versos y de sus dibujos. Me fijé especialmente en dos Arcanos, que generosamente el autor me permite ahora reproducir en este libro. El primero de ellos es el Arcano II “La Sacerdotisa”; la Gran Sacerdotisa, según el fabuloso Diccionario de Símbolos de Juan Eduardo Cirlot, está relacionada con la figura femenina de Isis, como deidad de la noche. Según la descripción de esta carta del Tarot que allí se hace, la Sacerdotisa aparece sentada sosteniendo en la mano derecha un libro entreabierto, y en la izquierda dos llaves, una de oro (que representa sol, verbo, razón) y otra de plata (simbolizando luna, imaginación). En cambio, si os fijáis, la figura que Federico ha pintado hunde sus dos manos en el libro completamente abierto, a mi entender como una interpretación suya de ese libro simbólico, en donde parecen fusionarse un mar y un cielo lunar azulados, que bien pudiera ser la literatura o la misma poesía, amalgamando a través de la palabra poética todos esos elementos citados que corresponden a este Arcano.
El Arcano XI “La Fuerza”, con el que se abre la tercera parte, titulada “Las siete amantes”, también según el Diccionario de Símbolos de Juan Eduardo Cirlot, representa a una reina que sin aparente esfuerzo, doma un furioso león y cuyas mandíbulas mantiene separadas. En el sentido zodiacal significa Leo vencido por Virgo. El triunfo de la inteligencia vinculada al principio femenino que no destruye sino que intenta transformar la fuerza bruta, la insensibilidad o el furor. También me llamó mucho la atención, en el dibujo de Federico, la maravillosa sensualidad de esa lucha, de esa tensión que mantiene sobre todo la figura femenina enlazada a su oponente.
En la cuarta y última parte de este libro se reproduce una fotografía, captada por mi cámara, de la flor de un hibisco en el momento de su máximo esplendor. La magnífica planta de mi terraza de donde procede esta flor hasta ahora no ha dejado de ofrecerme, casi a diario, una como la que aquí trato de liberar del irreversible paso del tiempo.