Jueves, 28 de junio de 2007
Memorias de Negro Carb?n


Para mi hijo Jes?s,
con todo mi amor
y deseando que logre
lo que desee.





Los tiempos que no he sabido vivir
regresan vestidos con los colores
opacos de las noches
pintadas con holl?n.
Cuando mis manos palpan sus memorias,
quedan manchadas de negro carb?n,
que mi presente acorta
henchido de dolor
por la deuda que tengo con mi ayer
y cuya luz me alumbra en este d?a
en que pretendo hacer
lo que antes no sab?a...


TU COMPORTAMIENTO

Mirar tu comportamiento
me mueve a la compasi?n,
ya que mi discernimiento
me habla de tu frustraci?n.

Veo la tensi?n de tus manos
ansiosas por retener
lo que el tiempo se ha llevado
y que nunca ha de volver,
enrojeciendo tu cara
en volc?nica erupci?n
con tu bilis descargada
en todo tu alrededor.

Mirar tu comportamiento
me mueve a la compasi?n,
por los comunes recuerdos
de lo que fuimos los dos,

de cuando reconoc?as
acerca de tu pasi?n,
hacia qu? lado tend?as
a caer por su inclinaci?n,
y quer?as compensarlo
con tu tristeza y pesar,
sin que hicieras, al cabo,
cosa distinta a llorar.

Mirar tu comportamiento
me mueve a la compasi?n,
porque tu arrepentimiento
se ha secado sin pudor.

De mi hijo, entre sus miedos
y tus amenazas, quieres
que me haga entrar en tu juego,
con tal de que te precie;
mas, al no haberlo logrado,
depositas tu ilusi?n,
en poder hacerme da?o
para curar tu dolor.

Mirar tu comportamiento
me mueve a la compasi?n,
por ver tanto movimiento
a ra?z de tu frustraci?n.


SIENTO TU DOLOR

Siento tu dolor, hijo,
prendido de mi sangre,
porque lo que de m? has heredado
reverdece en tu grito,
desgarrando tus carnes
con las cicatrices de mi pasado.
El b?lsamo del tiempo
me lo hab?a aliviado,
libre del hechizo de la pasi?n
cre?a que me hallaba;
pero con tu dolor
se me aviva el recuerdo
y alza la voz lo que estaba callado
al fondo de la estancia.
Siento tu dolor, hijo,
mir?ndome de frente,
pregunt?ndome por qu? raz?n debes
sufrir las consecuencias
de los errores que he cometido.
A la hora del casorio,
cuando m?s fuerte ta?en las campanas
con sus sones amables,
entonces ya sab?a
que cuanto resultase
de esa relaci?n
futuro no ten?a,
porque era tan distante
del sentir de tu madre,
como grande el error
en el que me empe?aba
yendo a mi casorio.
Esta equivocaci?n
- porque conocimiento ya ten?a -,
es la que est?s pagando;
por mi falta de determinaci?n
- que haberla, la ten?a -,
mi deuda est?s saldando.
Quisiera poder darte una respuesta,
alguna soluci?n
que fuera convincente,
mas, para este problema,
no hay otra ecuaci?n
que la inscrita en tus genes.
De cuanto ten?amos bueno y malo,
juntos, tu madre y yo,
te dimos lo m?s fuerte
que sent?amos en aquel momento,
cuando te concebimos:
as? eres, porque as? te engendramos
con todo nuestro amor,
y as?, hijo, te quiero,
con la fuerza que tienes
y con la que te hicimos.
Siento tu dolor, hijo,
viendo c?mo te miente,
queri?ndote atrapar
en las profundidades de la trama
de su amor posesivo;
siento tu dolor, hijo,
viendo c?mo te mueves,
tratando de esquivar
sus ladinas palabras
y l?grimas hirvientes.
Dentro del torbellino
de centr?peta fuerza
que su mundo parece,
dif?cil resulta mantenerse derecho.
No hay rinc?n tranquilo
que cuide su entereza,
ni junto a la corriente,
pues lo anegar? su desbordamiento.
Da igual el motivo;
a veces, ni te enteras,
otras, no te convence
que, por tan poco, entre en movimiento
para imponer su sino
contra quien se mantenga,
sin seguirla, en sus trece,
ni dar satisfacci?n a su deseo.
Siento tu dolor, hijo,
y las dificultades
por las que est?s pasando,
a la b?squeda de tu propio sitio
fuera de su artima?a.
Puedo darte un alivio
si las penalidades
de mis tiempos amargos
las comparto contigo,
cual brote de casta?o en nuestras almas.
La vida que se mueve
en ese torbellino,
sintiendo lo que siente,
conocer yo quer?a,
ignorando el peligro
que entonces correr?a.
De haber sido prudente,
me habr?a retirado
una vez conocido;
pero a lo razonado
no di buen cumplimiento,
dej?ndome llevar
por el voraz momento
cada d?a algo m?s.
Aqu? estuvo mi error:
pudiendo retirarme
sin sembrar el dolor
que desgarra tus carnes,
no tuve previsi?n
para lo que por venir estuviera,
ni determinaci?n
para mover mi fuerza.
?Lejos del torbellino,
tan ileso estar?a,
sin carga que inclinara
a un lado mi consciencia!
Mas me qued? en las fauces del peligro,
vi?ndome cada d?a
llevado por las aguas
m?s lejos de mi senda.
Si dejas tu camino,
pierdes tu norte y gu?a,
por lo que te desplazas,
a otros, de su lugar, sacando fuera,
como ocurri? contigo...
Sucederme deb?an
estas cosas para que las lograra
entender en su esencia.
Siento tu dolor, hijo,
prendido en mi sangre,
el error que fue m?o
renaciendo en tus carnes,
y me duelo contigo.
acerca del momento
en que tendr?s tu sitio
entre los dos contrarios,
seg?n tu sentimiento.
Entre tu madre y yo
no hab?a equilibrio:
era mi perdici?n
o el eterno conflicto
anulando a los dos.
Si hubi?ramos seguido,
aunque fuera por lo que te queremos,
peor nos habr?a ido,
que no exist?a medio
que igualara lo que tan dispar era
como nosotros dos.
Hoy tu tienes la fuerza
de callar el dolor
sin que pase a tus hijos,
y pagar nuestra deuda
encontrando ese punto de equilibrio
que, en tu generaci?n,
entre los dos te dimos
con todo nuestro amor.





VIENTOS DEL AYER
Autor: Jes?s S?nchez Jurado
Septiembre de 1999

Tags: JESÚS SÁNCHEZ

Publicado por gala2 @ 7:12  | POEMAS
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por nombre
Jueves, 28 de junio de 2007 | 13:32
Me gust? mucho,. excelente.

http://letrasdebolsillo.blogspot.com