Espacio para la poesía de todos los tiempos: poemas, autores, libros, artículos... Todo lo que tenga que ver con el bello arte de decir con la palabra...
Mis viejas heridas
y mis sinrazones,
con muchas caídas
en pocos errores
1
Las difusas formas
que adopta la niebla
cuando imita una nebulosa
de nacientes estrellas,
con sus jirones
malformados
en la gélida noche,
cuando mis manos,
ciegas, mudas,
eran más torpes,
con sus hambrientas uñas
de espectros disconformes,
demandaron
un trozo de mi vida
asaltando
y horadando mis heridas.
¡Ay, mi corazón!
¿Qué hice con mi vida?
¡Cuán poca razón
puse en lo que hacía,
ay, si, corazón,
que perdí mi risa!
¡¡Ay, mi corazón,
tierra empobrecida
donde creces, flor
de mi triste vida,
ay, sí, corazón,
entre mil espinas!
2
“Todo ha lugar
dentro de la mente,
que todo lo crea
y lo sostiene.
Yo soy mi propio atributo,
cuanto de mí sale,
y mientras no halla
una acabada correspondencia
entre los dos extremos,
el juego de lo creado
continúa...”
(“El Juego de lo Creado”, I, comienzo)
Esta voraz hambre
que anida en mis entrañas,
donde se prende, arde
y sube hasta mi mirada,
queriendo buscar fuera
de los límites de mi cuerpo
ese objeto que tanto desea
para avivar su fuego;
al pasar por mi garganta
resquebraja la arcilla
sedienta de fresca agua
para mis viejas heridas,
dejándola como la chimenea
de un ronco cañón
que ya apenas si sueña
con recuperar su voz;
desde mis manos agrietadas
extiende el desierto
de mis dolorosas yagas
por todo mi cuerpo
y lo envejecen...
alzo la vista a mi cielo
y no hallo ninguna gota de agua que acierte
a paliar este hambriento fuego.
La ventana está empañada.
La niebla llena la plaza
de una transpiración fría
que es insalubre y dañina;
la mar quiere amamantarla
para colarse en mi casa
a través de los cristales
y conseguir abrazarme.
Indolente, la miro,
¿acaso me da lo mismo?
Su transpiración salada
deja mi piel exudada.
Me he quedado todo vacío
como el oleaje marino
que va de una en otra playa
porque, lo que busca, no halla.
3
“...buscando
la unión esencial;
mientras así no sea,
lo creado demandará
aquello que le fue dado”
( “El Juego de lo Creado”, I, final)
La noche
me muestra
jirones
de niebla:
creaciones
saladas,
visiones
amargas...
Canciones
compuestas
en noche
desierta
de amores
y estrellas,
con voces
inciertas
y acordes
que alegran...
Amada mía:
Solo pude darte
muchas mentiras
y alguna parte
de mi alegría;
¿cómo pude dotarte
de tanta menudencia
y tranquilo quedarme
en mi locura?
4
“Mis ojos, boca y manos
perciben, ordenan y realizan
mi mundo personal
midiéndolo con mi propia vara...”
(“El Juego de lo Creado”, II)
Mi pensamiento
toma porciones
buscando efectos
de nebulosa.
¡Cuántos deseos
con poco amor
he satisfecho!
Mis manos dan
su forma al sueño
de la neblina,
sin un reflejo
vivo en mis ojos
y sin el peso
que tras sí deja
mi sentimiento,
al crear un mundo
que nace yerto,
caudal del río
de mis adentros
que ni un cauce halla
que llegue lejos,
más que la niebla
que rodea el cuerpo
de mis delitos.
Blandas arterias
marcan el ritmo
con el que el cauce
de mi destino
inunda el cuerpo
de mi delito
con el caudal
del veloz río
de mis deseos.
5
“Son pocos, pero cambian
de aspecto,
de figura
en cada ocasión,
según sea la oportunidad
que se les presente...”
(el Juego de lo Creado!, III, inicio)
El pujante mercado de la vida,
con su incesante movimiento
atrae mi mirada y la fija,
se despereza en mi recuerdo
el sabor que añoraba
y mi estómago le responde
haciendo mi boca agua...
Y yo me muestro conforme.
Tus ojos, tus hermosos ojos,
tienen otro color,
¿te has puesto lentillas
tintadas en rojo,
o es el reflejo del sol
de tus labios?
Antes se parecían
al azul del cielo trillado
en la flor
de tu sonrisa;
pero también en tus labios,
¡ay, amor!
los he extraviado.
6
“para hacerse amar
profundamente,
mezclando su farsa
con la realidad”
(“El Juego de lo Creado”, III, final)
Las viejas heridas
de mi nacimiento
ya me son queridas
al cabo del tiempo.
Me estoy enamorando.
Si este sentimiento
quieres comprobarlo,
pon sobre mi pecho
tu cálida mano;
verás cómo tiemblo
no más tu contacto
se acerca a mi cuerpo
abriéndose paso.
7
“Dentro de mi propia ilusión
experimento
un modo de ser
según el atributo
por el que me muevo:
voy degustándolo
en todos sus grados y matices,
hasta aborrecerlo...
Y entonces siento el dolor
del que se aborrece a sí mismo.”
(“El Juego de lo Creado”, IV)
No, no era más que un sueño
lo que tenía contigo,
porque a tal hermosura
solo llega la locura.
No, no era más que un sueño,
pues solo era mío,
ya que vivía en el engaño
que levantaron mis manos
y que ahora aborrezco
porque no lo tengo contigo.
Tan lejos legué
en la falsedad que alcé,
que ahora me duelo
de ser un vulgar espejismo
que solo engaña
a mi propia mirada.
Tú sigues tan lejos
que te he perdido,
ya que a tu hermosura
solo llega mi locura.
Amada mía:
¿Cómo explicarte
que esta locura
de tanto amarte,
sin que tú lo hagas,
a poco sabe?
8
“Exploran mis ojos el exterior,
cada uno se inclina a su lado,
mi boca desea lo que uno percibe
y mi mano lo atrae;
y yo participo en el juego...”
(“El Juego de lo Creado”, V)
Creación mía.
mi imperfección
otra mentira,
otro incorpóreo jirón
de la niebla
que me sigue retornando...
¿Cuántos me rodean
y qué pretenden con su abrazo?
Así regresa.
Sus manos vacías,
la boca abierta,
la mirada perdida
lejos del cuenco de mis ojos.
Así regresa.
Como mi hijo lo reconozco.
De mi mala cabeza
salió un día
y ahora regresa
por si algún trozo de comida
quedó sobre la mesa.
Pero, si así no fuera,
en mi misma sangre
encontraría su despensa
hasta saciarse.
Si ya se comió mis ojos,
¿qué le daré
un día tras otro,
ahora de qué prescindiré?
Mi voz ciega
expulsarlo no puede
porque se quiebra
ante lo que de ella procede,
y mis mudas manos,
que así lo hicieron
de desordenado,
no saben recomponerlo.
9
“Siento el alto vuelo
que tiene mi dolor
y me duele
el retorno de sus garras,
aunque siempre me duele más
que se vaya
y enajenado me deje”
(“El Juego de lo Creado”, VI)
No,
no puede ser;
lo que pretendes,
alimentarte de mi carne,
beberte mi sangre
y respirar mi aliento,
no puede ser,
no,
porque tu,
hijo mío,
no eres tu, sino que soy yo,
un atributo de mi locura
que regresa
demandando
un trozo más de mi vida,
pretendiendo
que loco siga...
No,
no puede ser,
¡no!,
debo sacarte, alejarte de mí
si quiero ser yo,
sin atributos,
y no tú,
aunque me duela
irte arrancando
de mis entrañas...
Entonces,
cuando pueda afirmar
yo soy,
entonces
seré todo y nada.
No me demandes,
amada mía,
lo que tú sabes,
siempre supiste,
no puedo darte:
seguir contigo,
como matarme
resultaría.
10
“Cuando obro con determinación,
mis ojos reconocen lo que miran,
mi voz afirma lo que acepta
y mis manos le dan continuidad...”
(“El Juego de lo Creado”, VII)
Cada acción
que por debajo
de mi razón
he realizado,
es un error,
y los errores
se suman y refuerzan
en los corazones
que ojos les prestan.
Otra vez,
una vez más,
mis viejas heridas,
los besos
que se helaron en el aire,
las manos
que cerradas se marchitaron,
reclaman mi atención;
otra vez,
una vez más,
con su niebla,
la mar consigue llegar
donde sus mareas
no pueden,
y el pasado
toma cuerpo
en los jirones
que asolan
los poros de mi futuro,
cambiando
lo que podría ser,
¡lo que yo quisiera!,
al hacerme confundir
su farsa
con mi realidad,
para que siga viviendo,
otra vez,
una vez más,
desde mis heridas,
¡Ay, mi corazón!
las viejas heridas
que sembré, ¡qué error!,
ahora fructifican,
¡ay, sí, corazón!,
en mi triste vida.
¡Ay, mi corazón!
Sanar mis heridas
con algo de amor,
¿cómo lograría?
¡Ay, sí, corazón!
¿Dónde lo hallaría?
JIRONES DE NIEBLA
Autor: Jesús Sánchez Jurado Email: jesan.sevilla@gmail.com
Diciembre-2002 a Enero-2003