Jueves, 14 de junio de 2007
de la antologia de poes?a
de la Patagonia

Edici?n de CONCHA GARC?A
Maremoto, Centro de Ediciones
de la Diputaci?n de M?laga,
CEDMA, 2006.





NINI BERNARDELLO

Premonitoria

Inconsolable mar escrito, detallado en su
espuma m?nima, inconsolable mar atl?ntico
letra muerta, restringida, orlada.

Un ej?rcito avanza extraviado
en un circuito de hogueras y gritos,
desde Ushuaia un guerrero atormentado
aguarda recostado en su nave.

?Qu? ser? mi voz entre esas voces
adolescentes?

Nacida entre monta?as, mi mano toma
el gesto de las letras grabadas en el aire
y escribe
todav?a
toda vida.

*

?Qu? rayo atraviesa la estepa,
qu? fulgor donde la playa es espejo
y el cielo mar de vapor formidable?

Sentada en un c?rculo de piedras
remoto tempo, defiendo la ganancia
que el nuevo dios ha tra?do.

Soy aquella y soy esta. Unida
al bloque p?treo de la historia
encuentro la sangre del sacrificio
ascendiente al cielo. Zumo de oscuro.

Remanente, de constante oraci?n
por lo que declina y asciende
sobre el inmenso altar de la tierra.


GRACIELA CROS

Cantos de la Gaviota Cocinera


1

Soy una dama que escupe en la calle Me visto simple y mi vida es un dechado de justicia Soy una Activa Yegua de la Noche Un s?cubo que expone la superstici?n y la enfermedad Tambi?n padezco de fluctuaci?n cr?tica y voy de la esquizofrenia a la lepra con la majestad de mis actos y mi rostro tallado en madera de Bebeer?.

8

Soy una dama asim?trica que paga con dolor la sumisi?n de sus v?rtebras Soy una Garza Blanca una Bandurria Mora una Cacha?a en bandada que vuela cara al viento Hablo en dialecto sudaqu?s y la gente me encuentra pintoresca Soy monoling?e sudaca argento patag?nica mapuche En otra vida fui consejera espiritual luchadora en fango gimnasta ol?mpica gata en casa de escritor mujer africana lapidada En ?sta soy lenta como semilla de bamb? Los impacientes no me soportan Ignoro si sembr? lo que esperaba cosechar Ignoro si pretendo cosechar lo que nunca sembr? Soy un personaje de ficci?n que escribe una novela en la que hay un personaje de ficci?n que escribe una novela y as? hasta aburrir Si me lo pide el editor agrego o quito un Cap?tulo Este es mi sino.

32

Soy una dama que canta Las Cuarenta Mi poes?a es de Personajes Soy un cordero patag?nico que bala en sudaqu?s desde los platos Una Avutarda un Tordo que baja al jard?n para anunciar la nieve. Nadie pide que escriba lo que escribo No se involucre a Otros Llevo una vida en el Trabajo En ocasiones los Reveses suman al Resultado.


RICARDO M. COSTA

Hip?tesis

La melancol?a es el entendimiento barato
de una filosof?a que heredamos aproximadamente
a mediana edad.
Vamos de una pasi?n a otra, de un territorio al otro
del alma, de un principio a otro del pensamiento,
sin saber si esa conducta err?tica tiene que ver
con la edad o responde a una teor?a
de la supervivencia.
Los desafortunados en el desierto, o los extraviados
en la monta?a, buscan siempre alg?n indicio
de presencia humana para recuperar la fe.
Mientras tanto, contin?an perdidos en la misma desolaci?n
pero intentando ver lo que el deseo configura
como su salvaci?n.
Yo tengo bastante de esa pobreza heredada.
Cuando la soledad se instala para obligarme a formular
una hip?tesis sobre el particular, voy al r?o y arrojo
una rama a la corriente.
All? comprendo que Her?clito no amaba las evasivas.
Entonces bebo un poco de ese r?o y s? que soy parte
de ese elemento: cuerpo de la mol?cula
que sostiene a la madera.
Espiral de remolino que desaparece todo a la vista
de quien intenta ver alguna se?al.

*

Papas y cuerdas

El hijo ha dejado de comer por mirar al padre.
La mirada del padre, perdida durante la cena,
atiende la lectura de una voluntad muerta:
su cuerpo movi?ndose (en una noche que no es
esta) contra el de una mujer desnuda
entre almohadones.
El padre reclama ese recuerdo porque es un padre
cargado de un cuerpo que flota y la memoria
le aprieta como un nudo de humo, como una
cuerda de cart?n: fr?gil al aire, la l?grima,
a la m?nima disputa por separar el cuerpo
de la memoria.
El padre resiste mientras el hijo corta la carne
y las papas caen del plato.
Ambos buscan el alimento por debajo de la mesa.
el hijo sigue las manchas de grasa para llegar
a lo que quiere.
El padre entrega el cuello a lo que ya no puede verse
y busca, amparado por las manos, lo que antes
se mostraba m?s alto.



JORGE SPINDOLA

En el camino

la pampa
animal extenso apu?alado

la ruta es un cuchillo
lamiendo los bordes de la luz

el aire azota matas, todo vuela para atr?s
todo es pasado, todo est? por suceder

el autom?vil y su sombra van flotando
sobre un paisaje amarillo
hasta el fondo de la piel

un tendal de postes infinitos
sostiene cuadros con campos de van gogh

sensuales las curvas
aves sensuales flotando por all?

todo es pasado, todo est? por suceder.

A la manera de las nubes

Y despu?s me sent?
a mirar el cielo
a dejar que la cabeza
volara sin sentido
a la manera de esas nubes
que van o vienen y dibujan
cierta forma
una cara
una liebre gris

y luego se deshacen


CRISTINA ALIAGA

Terrazas

Querida m?a
alguien ha tendido la ropa que a m? me sobra.
Hay una camisa, un sombrero,
y el p?nico es la cuerda (Lej?a)
Si tienes oscuridad

Si tienes oscuridad,
en alg?n lugar debe existir
la luz.
En tu lugar los perros duermen
como algunas personas,
convencidos de que nada pasa.
Es mejor as?:
la muerte llega por acumulaci?n,
no por impacto.
Hay evidencias
de que nada pasar?,
de que todo viento ser? vano.
La verdadera ca?da es hacia arriba
La memoria se compone

En los cuartos est? la vida,
y no en los salones.
La memoria se compone de
aquellas camas que hemos
sabido habitar:
tumbados,
tibias palabras
despu?s de haberlas dejado en el olvido.
Det?ngannos, pedimos, cuando
deseamos caer. Esas son s?lo frases,
ecos lejanos de aquello
que nunca llegaremos a contar.


MACKY CORBALAN

La Llave


La miro con detenimiento,
con fruici?n. Es diferente: brilla
con luz y oscuridad, su forma
quiso parecer un coraz?n
pero qued? a la mitad.

Sonr?e y mira.

?La llave de mi coraz?n? dec?s al
ponerla sobre mi mano,
y vuelvo a mirarla por si fuera cierto,
como si s?lo debiera
elegir el momento, el modo de la entrada.

Creer en las palabras, en el
latir que las empuja hasta la dicci?n,
que lo que dicen es cierto,
de alguna manera.
Creer en lo que se ve, en lo que el cuerpo
recibe, agradecido, y que el sudor deja
m?s que sal piel adentro.

Antes que la religi?n, el amor
es materia de fe.

*

Esa mujer

Quisiera ver la nueva casa
llenarse de colores y que ella,
la que jam?s supo de soledad
de gente, se sintiera acompa?ada.
Ahora sabe de esa soledad, pero no
de aquella que supo peg?rsele de
ni?a: con sombra, con juegos, con
amargos vientos en las piernas, se cre?a
acompa?ada, pero era nada m?s
la rojiza caricia
del sol en la siesta de la chacra.
Da pena el s?lo pensarlo. Ahora
anda por esos cuartos nuevos y
pone cosas aqu? y all?, como si
esas cosas no fueran ella. Como si
fu?ramos algo m?s all? de los objetos:
ese sill?n ara?ado de gatos, las ropas
colgando desoladas en el aire del
patio, el balde de pl?stico abandono.
Se le llena la cabeza de las voces
del miedo, por eso apela a los juegos con
animales que le saltan y ensucian, r?e
fuerte, alto, piensa en comidas que
har?, en llamar a la radio por quejas
de todos, hace y rehace la cama que
ocupa sola.



CLAUDIA PRADO

2

Se mov?a en la cocina
disfrutando a su manera
la ma?ana
y el cuerpo descansado.
Afuera
el sol ca?a puro y sin calor
sobre las piedras,
el pasto, los zanjones.
Cuando el fuego comenz?
a trepar por su vestido
no record?
que estaba sola.

Casi nunca
comentan los detalles:
el humo
detr?s suyo por la puerta,
ella corriendo por el campo.
Prefieren repetir
que los hombres
como siempre estaban lejos
y hablan de las graves
definitivas consecuencias
de un descuido.

*

El sue?o de mam?

No cuenta sue?os, menos
un sue?o de infancia
sin embargo en ese
como si hubiese sido el ?nico
se ofrec?a
para que la comieran.
Absurdo imaginarlo:
ocho hermanos
frente a una mesa vac?a
A m?, c?manme a m?.
En cambio
imagin? una res colgando,
carne cualquiera o esa foto
de un bicho inerte en un galp?n.
Para entender basta ese sue?o.
Pero ac? estamos
pidiendo liviandad
que nuestras cartas
no hablen sino del sol
que de una insignificancia
salten a otra.



RAUL MANSILLA

Camino a Jun?n de los Andes


Pensaba en el amor,
cuando par? al costado del camino.
Nevaba,
hice crujir mis botas
en el manto acumulado.

No voy a mentir,
no dibuj? tu nombre en la nieve.

Hombre a vapor, manos al bolsillo,
camin? varios metros, fui menos inseguro y feliz.

El horizonte eras vos, etc., me ment?
ya con el auto en marcha.

La nieve sigui? cayendo suavemente,
prend? la radio
cuando ya se ve?an muy cerca
las primeras casas de Jun?n.


GERARDO BURTON

Resplandores


Uno

Cuando tu cuerpo resplandece
el mar no alcanza para contenerlo

cuando la luz trasiega de tu piel al aire
no ya tus ojos son el centro
sino el breve amor que prometimos
con enardecidas palabras en habitaciones ajenas

y cuando se levantan tus pechos, cuando el asombro con vos
ya no es posible
pues el oleaje ha sido atravesado
descansan tus muslos, esos guerreros imbatibles
que preparan el pr?ximo combate

tu cuerpo es el ?nico fulgor.

(Aire de penumbras)

La luz alcanza
y sostiene
los cuerpos sin sombra
cuando el viento ondula
esas nubes que besan el cielo
entre uno y otro labio

y queda la sed

*


Desierto, bestia callada


Persigues la luz sin hallarla
en una tierra
que no miente m?s promesas

deja al cielo en su sitio
es lo m?s sensato
y que tiemblen las ventanas

dios o el viento
o ambos
llaman, y t? temes.



ARIEL WILLIAMS

6) Albergue Warnes


Mama muerte,
mama muerte
no me enllev?i agora
quel tiempo est? tan rosadito
agora
que los p?mpanos se han pueto
amar?leo,
agora
que la escarcha anda clareando
en los hocico de las cosa(s)

Mama,
mama muerte,
que las carnes del alba
andan anunciando un silencio
que no venia
?Qui?n?

Tags: poemas patagonia

Publicado por gala2 @ 7:36  | POEMAS
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