S?bado, 28 de abril de 2007
Hace apenas unos d?as nos dejaba el poeta peruano Jos? Watanabe. Su amiga, que tambi?n lo es nuestra, la poeta Bego?a Abad nos daba la noticia y nos trasmit?a su pesar ante la p?rdida del amigo y del escritor. Nos unimos aqu? a su dolor y le rendimos un peque?o homenaje. Descansa en paz amigo.



POEMAS



La mantis religiosa



Mi mirada cansada retrocedi? desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanec?a inm?vil a 50 cm de
mis ojos
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del
Chanchamayo
y ella segu?a all?, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitaci?n de ramita o palo seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegr? entre mis dedos como una fina y quebradiza
c?scara.

Una enciclopedia casual me explica ahora que yo hab?a destruido
a un macho
vac?o.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue as?:
el macho, en su peque?a piedra, cantando y mene?ndose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el est?mago de ?l
y por la lengua le gotea una saliva c?ustica, un ?cido,
que va licu?ndole los ?rganos
y el tejido del m?s distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se contin?a as? de la suprema esquizofrenia de la c?pula
a la muerte
Y ya vi?ndolo c?scara, ella vuela, su lengua otra vez leng?ita.

Las enciclopedias no conjeturan. Esta tampoco supone que ?ltima
palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.

De El huso de la palabra




Poema del inocente


Bien voluntarioso es el sol
en los arenales de Chicama.
Anuda, pues, las cuatro puntas del pa?uelo sobre tu cabeza
y anda tras la lagartija in?til
entre esos ?rboles ya muertos por la sollama.
De delicadezas, la del sol la m?s cruel
que consume ?rboles y lagartijas respetando su c?scara.
Fija en tu memoria esa ense?anza del paisaje,
y esta otra:
de cuando acercaste al ?rbol reseco un fosforito trivial
y ardi? demasiado s?bito y desmedido
como si fuera de p?lvora.
No te culpes, qui?n iba a calcular tama?o estropicio!
Y acepta: el fuego ya estaba all?,
tenso y contenido bajo la corteza,
esperando tu gesto trivial, tu mataperrada.
Recuerda, pues, ese repentino estrago (su intraducible belleza)
sin arrepentimientos
porque fuiste t?, pero tampoco.
As?
en todo.


De El huso de la palabra




El maestro de kung fu


Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea
madruga y danza
frente a los arenales de Barranco
Se mueve como dibujando
una r?brica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, est? hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil a?os.
Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, ?guila o serpiente van sucedi?ndose
en la infinita coreograf?a
de evitamientos y desplantes.
Ninguno vence nunca, ni ?l ni ?l,
y ma?ana volver?n a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y s?lo dice: ?l me hace danzar a m?.


De Cosas del cuerpo


Mam? cumple 75 a?os

Cinco cuyes han ca?do
degollados, sacrificados, a tus pies de reina vieja.
Sangre celebra siempre tu cumplea?os, rec?bela
en una escudilla
donde pueda cuajar un signo brillante
adem?s del cuchillo.
La bombilla de luz coincide con tu cabeza dormida
y te aureola: Comenzamos a quererte
con cierta piedad,
pero tus ojos
tus ojos se abren r?pidos como avisados, y revive en ellos
un animal de ternura demasiado severa.
Tus ojos de ajad?simo alrededor
son el resto indemne
del personaje central que fuiste entre nosotros,
cuando alta y enhiesta
alargabas el candil hacia la oscuridad
y llamabas susurrando
a nadie. Las sombras en el muro y los gatos
detr?s de la frontera terrible
eran inocentes. T?, se?ora, eras el miedo.

Cinco cuyes pronto estar?n servidos en la mesa.
Otros eran los del rito curador, los de entra?as abiertas y sensitivas
que revelaban nuestras enfermedades.
Estos son de diente, de presa. No dir?n
que t? eres nuestra m?s antigua dolencia.


De Historia Natural


El guardi?n del hielo

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corr?a tras los p?jaros huidos del fuego
de la zafra.
Tambi?n coincidi? el sol.
En esa situaci?n c?mo negarse a un favor llano:
el heladero me pidi? cuidar su ef?mero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...
El hielo empez? a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como in?til

Diluy?ndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que s?lo un instante ten?an firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de monta?a o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan r?pido fuga.
Ama r?pido, me dijo el sol.
Y as? aprend?, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
Yo soy el guard?an del hielo.


De Cosas del cuerpo

(Cortes?a de: http://watanabe.pe.tripod.com/index.html)


Jos? Watanabe naci? en Laredo, Trujillo (norte del Per?) en 1946. Su madre, de origen serrano, fue enganchada en plena juventud para trabajar en las haciendas azucareras. Su padre era un inmigrante japon?s con una distinci?n muy especial: pose?a una gran cultura. Le?a mucho, era pintor. Sab?a hablar ingl?s y franc?s.

Por su vocaci?n pl?stica, por la Escuela de Bellas Artes de Trujillo.
Realiz? estudios de arquitectura en la universidad Federico Villarreal.

Incursion? en la televisi?n como director del programa infantil La casa de cart?n, que produc?a el INTE en los a?os setenta. A fines de los sesenta se inici? en el cine como guionista y como director art?stico (escenograf?a, vestuario y maquillaje).

Public? su primer libro, ?lbum de familia, en 1971 que mereci? el premio Poeta Joven del Per?. Su segundo libro, El huso de la palabra (1989), fue considerado por la cr?tica nacional como el poemario m?s importante de la d?cada de los ochenta. Ant?gona "lo muestra como un dramaturgo de mucha potencia".

Como cineasta es autor de varios guiones, destacando entre ellos los que escribiera para las pel?culas Maruja en el infierno, La ciudad y los perros y Alias La Gringa.


(Cortes?a de: http://www.librosperuanos.com)

Tags: José Watanabe

Publicado por gala2 @ 22:20  | POEMAS
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
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S?bado, 28 de abril de 2007 | 23:19
Puedo estar triste,
hoy te ha sllevado
las llaves de Per?.
Publicado por maria palacios
Domingo, 23 de noviembre de 2008 | 1:30
bueno miren deben poner los comentarios de las poesia de jose pues miren todo esta bien pero falte eso noma ssi como lo ven a los poemas y que quieren decir