Así, de rodillas y masticando tierra, me postro ante ti, oh rey de breves cafés y maestro de apresuradas cervezas, así, decía, como cuando tenía quince años y te enseñaba mis pequeños poemas, como cuando tenía diecisiete años y te enseñaba mis largos poemas, como cuando tenía diecinueve años y te mostraba mis oscuros poemas, como cuando tenía ventiún años y te enseñaba mis desarraigados poemas, como cuando tenía veintitrés años y te enseñaba mis desesperanzados poemas, como cuando, ahora, con veinticinco años te enseño poemas y poemas, así, digo, me postro ante tus pies, que llevan tanto tiempo postrados, tan abajo, años y antes también de conocernos, agradecido, agradecido por tu sonrisa y tu palabra.
Antonio.