Domingo, 01 de abril de 2007
MAR?A ANTONIA BLESA O EL ALBA LUMINOSA

F?lix Morales Prado

Con toda seguridad, el nombre de esta ponencia habr? evocado al auditorio aquel verso inigualable de Alejandra Pizarnik: ?Mi ?ltima palabra fue yo pero me refer?a al alba luminosa?. Y lo he elegido como parte del t?tulo de mi intervenci?n por dos razones. Una, que Alejandra era posiblemente la poeta favorita de la autora de la que voy a hablar. La segunda es que el verso en cuesti?n, con sus resonancias c?smicas y m?sticas, define a las mil maravillas la personalidad de Mar?a Antonia. Y si bien el verso se habr? reconocido al instante, quien probablemente no sonar? de nada es nuestra protagonista. Normal es que as? sea puesto que el ?nico libro de una cierta difusi?n en el que figuran poemas suyos es la antolog?a de Jaime D. Parra ?Las poetas de la b?squeda?, publicada en el a?o 2002 por la editorial de Zaragoza ?Libros del innombrable?, para la que fue seleccionada junto a autoras como Blanca Andreu, Clara Jan?s o Chantal Maillard, entre otras. Aparte de ?ste, de un libro p?stumo de muy corta tirada publicado y financiado por su hermana Carmen y de algunas intervenciones en revistas como El fantasma de la glorieta o Con dados de niebla, nuestra poeta no tiene en su haber ninguna otra publicaci?n. Lo cual nada dice sobre la calidad de sus textos ni sobre su altura po?tica. S?lo hay que fijarse en casos como, por ejemplo, el de Emily Dickinson, que s?lo public? en vida unos cuantos versos en alguna revista y que pensaba, como Cirlot y como muchos de los grandes, que el ser escritor no est? relacionado necesariamente con el hecho de publicar. Mar?a Antonia no solamente opinaba igual sino que dar sus textos a la estampa le supon?a una decisi?n tremendamente problem?tica, tanto que a sus amigos nos cost? dios y ayuda sacarle los dos o tres poemas que conseguimos que publicase en vida. Resultado de esta actitud, que no era fruto de la altivez sino de la modestia y de una autocr?tica implacable e impecable, es que hoy esta gran poeta sea pr?cticamente desconocida. Y si no para remediar tal situaci?n al menos para paliarla estoy yo aqu?. No tanto por ser amigo de Mar?a Antonia, que lo fui y lo sigo siendo, como para intentar que textos tan hermosos no dejen de llegar a su p?blico.
De condici?n herida, en expresi?n de la propia Mar?a Antonia, la vida breve y dolorosa que le toc? en suerte tuvo como contrapartida y quiz? como causa su exquisita sensibilidad. Ella lo dice: ?Mi belleza son las estribaciones de mi dolor./ Unos dijeron: ser? perfecta para el amor/ otros dijeron: no, ser? perfecta para la muerte/ que la suerte decida y el viento que trastorna/ cu?l de id?nticos amantes/ ha de llevarla en prenda?. Naci? en Sanl?car la Mayor un d?a de primavera de 1956. Desde muy ni?a revela su car?cter dulce en un intenso amor y simpat?a por los que la rodean. Todos los juegos, masculinos y femeninos, le gustaban, esp?ritu l?dico que conservar? siempre y que se trasluce en su poes?a. Su ansia de independencia, su entereza ante la adversidad, su talante aventurero y caballeresco, rasgos atribuidos hasta hace bien poco al hombre, conviven en ella con una gran feminidad y con una vocaci?n maternal que no pudo realizar. Su sed de vida estaba condenada al constante asedio del dolor. Pronto, a los once a?os, ingresa en un internado de religiosas. All? estudiar? hasta los diecis?is. La separaci?n de su familia, aliada con problemas de crecimiento, hace ya de ?sta una ?poca triste.
Es durante el COU cuando comienza a interesarse por la poes?a y el arte y a escribir sus primeros textos. La convivencia con amigos conocidos ese a?o, como el pintor Ricardo Naise, o la cercan?a y complicidad de su hermano, el poeta Francisco Blesa Herrera, propiciar?n el desarrollo de una tendencia innata a la creaci?n. Entre sus lecturas, Schopenhauer, Nietszche, Heiddegger, Hegel, la llevan a elegir la carrera de Filosof?a, que cursar? con una cierta desgana, pues no era muy afecta al ambiente academicista de la Facultad. La mayor parte del tiempo lo pasaba leyendo, paseando, conversando, absorbiendo con avidez el conocimiento que brinda esa gran universidad que es la vida. Se sumerge tambi?n con pasi?n en la lectura de los poetas. He hablado con los hombres/ que llaman poetas/ que encontraron oro en su dolor, escribe. Holderlin, Coleridge, Blake, Yeats, Baudelaire, Rimbaud, junto a Pessoa, Poe, Wilde, Lautremont, Pavese, Artaud, Rilke, Cernuda, Borges, Safo o, por supuesto, la Pizarnik, forman parte de sus autores preferidos.
Esta elecci?n de lo rom?ntico, lo dionis?aco, lo sagrado versus lo cl?sico, lo apol?neo, lo profano, hay que verla, m?s que como una pose est?tica caprichosa o gratuita, actitud muy frecuente en nuestro mundo posmoderno, como una consecuencia profunda del fatalismo que ti?? su vida. Siendo muy joven se le declara una enfermedad cardiaca que, despu?s de prolongadas etapas de sufrimiento, se la llevar?a prematuramente. Desde aquel momento, siente a la muerte como compa?era inseparable, tal como se refleja constantemente en sus poemas. Probablemente tras una de sus crisis de salud escribe en su libro De la Gracia:

?Necesito la prisi?n. El singular estado del prisionero. La afectaci?n de los muros. La probidad de la enfermedad o la locura. La alegr?a efervescente de no ser visto ni o?do, de no interesar a nada ni a nadie: este no existir, este dulce no existir?
Todo lo que pienso o siento ahorcado en este espacio es liberador, absolutamente, sin concesiones.
Algo que aprend? muy pronto: a la vida hay que cazarla como a un animal. Dentro y fuera a la vez de sus l?mites. Adoptando un gesto aparente que la niegue. S?, con la vida hay que hacerse el dormido. Llegu? a esto de un modo natural, por la gratificaci?n inmediata de los sue?os.

La Torre. La Torre herida por el rayo. La casa de Dios o el Hospital, el lugar donde me han dejado como un p?jaro atado al infinito.

Se lo dije a ellos: nada tengo que ver con los iluminados. Nada tengo que ver con esa absurda generosidad del alma. Mi condici?n es m?s sobria y reflexiva, m?s semejante a la del fil?sofo o el ahorcado. Mi condici?n son claves para no morir o morir inmediatamente. No busco razones esenciales, ni siquiera im?genes esenciales, busco esencias, penetrabilidad, rebosamientos. La infinita nostalgia que encierra el Mundo tendi? las pistas: hab?a una cualidad distinta del ser, algo que no es claramente percibido, pero que arde en la memoria, quema en la memoria y me obliga a so?ar.
La conciencia maltrata lo posible. Amo esa arbitrariedad de la conciencia. La ahondo; mientras otros la usan, yo la medito: as? empec? a ir contra ella.

A la vida, toda la Confianza y todo el Poder.
Aqu? tienes, vida, toda la confianza y todo el poder. Ahora mu?strame lo que m?s ac? o m?s all? de este pantano, de este bullir de semillas y lechosa propensi?n a las formas, es resplandor e incendio.

Se lo dije a ellos: lo que da a mi pensamiento esta apariencia de desorden es su dolorosa intensidad. Carezco de voluntad por hostigaci?n en el conocimiento. Carezco de ese conocimiento porque es real. Algo as? no puede poseerse.
Todo lo aprend? del sue?o: la movilidad, la suspensi?n, el alboroto de los l?mites en una ?nica Naturaleza sin arbitrariedad ni enga?o. Pura versatilidad. Lo que llam?is imaginaci?n es pura versatilidad de la materia. Esta torre ?acaso no es una imagen que yo habito? Una imagen que me expande en todos los sentidos de una vasta alianza.
Ah? afuera enloquec?a de evidencia. Enloquec?a de tanta torpe evidencia. A menudo hu?a a las dunas o pensaba en las dunas? y todo mi cuerpo se hund?a en el brillante espacio de la tierra. Mi cuerpo. A ?l me dedico. Como un alquimista trabajo en sus leyes. He de volverlo a su virtualidad. Fascinarlo de esp?ritu.

A la vida, toda la Confianza y todo el Poder.

Definitivamente estoy en el mundo. Entre mi mano que corta este rayo de luz que entra por el hueco del muro y la fuente de este rayo de luz me recreo, me abismo. Definitivamente estoy en mis sentidos, como el so?ador en su sue?o estoy en mis sentidos. El deseo sin que medie un h?lito se recompensa con una exhuberancia inaudita: mi historia ya no es esa gran ferocidad. Y el nombre de Dios se hace real y espl?ndido y f?cil como una palabra f?cil al o?do de un ni?o. Definitivamente estoy en el mundo. Me aovillo en su fresca sombra y, ahora s?, me domestico.

Tras los muros he o?do sin ver moverse nada. He o?do la gran cabeza del buey rozar la orilla. Y el lienzo blanco que cubre el mar y desata la tormenta.

La Torre. La Torre herida por el rayo. La casa de Dios o el Hospital. El lugar donde al fin me han dejado como un p?jaro atado al infinito.?

La muerte, el amor, la naturaleza en su vertiente sagrada, son temas recurrentes en sus textos. Un fondo m?tico presente siempre en su obra y coherente con su visi?n del mundo, es veh?culo, ya en sus ?ltimos a?os, para la expresi?n de convicciones feministas de las que, por otra parte, nunca hizo alarde. El libro Lilit retoma al oscuro personaje b?blico para expresar la amargura de la mujer injustamente tratada:

?Una tarde de invierno al l?mite de la noche cuando los hombres invad?an las luces de sus casas e iban y ven?an por esa calma tibia protegidos por muros m?s fuertes que ning?n encantamiento, Lilitu vagaba por los caminos como piedra en el centro de una invisible tormenta; una pendiente tras otra, como quien persigue a su coraz?n que se le escapa, respira agitadamente, como quien persigue algo mal atado desde las entra?as, liviano y nunca suyo. ?mbito de Lilitu: el exterior inh?spito y el temor receloso de los hombres que bien guarecidos la quieren ah? fuera: signo o advertencia de un mal extranjero: ?Oh mundo, r?sgala en tu ?vido diente! R?sgala como pa?o viejo y ajuar que no se cumple en bodas ni dulces quehaceres. D?jala tiritando elevada sobre el horizonte y no la devores del todo, no ya que acabe su torpe sufrimiento. Que a?n el sol y la luna mil veces se alternen en ella, que los vientos del mar la resequen, la salen como carne de pescado. D?jala enfrentada a ese infinito que se at? como piedra de molino, d?jala puesto que quiso condenarse y abrumarnos con su condena, que lance al aire toda su rancia sabidur?a y su dolor sin que la oigamos?.

Esta visi?n terrible, tratada no sin sentido del humor, contrasta con otros momentos en los que la poeta declara sin ambages su desvalimiento de ni?a golpeada por la realidad:

??Qu? han hecho conmigo!
Me han puesto zapatitos para andar por cent?metros.
Han llenado mi coraz?n de tristeza y mis pelos est?n mojados de nostalgia.
Me han vestido de hojas de oto?os.
Han querido dormirme con canciones de miedo y no dejan que pasee descalza por la noche.?

La ternura impregna sus textos, donde a menudo se revela amante y defensora de lo peque?o, lo inocente, lo puro. Como en el poema A Rufo, dedicado a la muerte de su perro b?xer:

?Mi amor, el m?s lindo caballito que vio el verano rompi?ndose las alas detr?s de la maravilla siendo uno con ella sin saberlo. Feroz con todo lo que acechaba el peque?o jard?n que era tu reino, oh pr?ncipe encantado del instinto, cubierto del m?s hermoso manto del silencio cuyo entramado nunca entender?, ll?vame sobre ti ahora que tu muerte rompe el muro de tuyas verde y negro que nos encerr? a ti y a m? y a todo lo que amamos, ll?vame sobre ti como un esp?ritu fuerte gu?a y conduce a otro m?s d?bil a la vasta extensi?n de lo que no conocen y les aguarda. Trota, mi amor, el m?s dulce caballito que vio el verano, conv?nceme de la necesidad de vivir loco de amor por las estrellas y firme en el suelo entre la grama y el malicioso ir y venir de las avispas. Si ahora no me oyes, mi amor, si el aire ni nada m?s sutil es un camino para llegar a ti en esta noche en que la muerte quiere clavar su fino diente en tu alma y todo su veneno, si tienes miedo, mi amor, de no poder huir y toda tu ferocidad y el m?s ronco de tus ladridos no la espanta, si tus patitas ya no te responden y el jard?n se ha vuelto oscuro y la luna no lo cruza con su eje de cristal, si no sientes mi hocico tan cerca de tu hocico, mezclados los alientos como un Ad?n y Eva al comienzo del mundo, due?os de id?ntica inocencia y expuestos a id?ntica voracidad bajo la apariencia de un gran ?rbol con frutos, si no puedo llegar ahora hasta ti porque todo es mentira el esp?ritu y su sue?o y el ?ngel de tu guarda, si t? no eres eterno, volver? la copa del rev?s y esparcir? el l?quido sagrado sobre el suelo y toda la savia la del n?spero, las adelfas, la palmera y la yuca envejecer?, ser? la bruja que soy y nunca he sido por amor a ese Dios que brillaba en tu frente, que era ley simple y profunda y alta libertad, si todo es mentira cerrar? el c?rculo de una vez y encender? la hoguera?.

El amor, ese amor que no la trat? demasiado bien (?Del amor / s?lo s? / que me ha matado?, dice en un peque?o y perfecto poema), ocupa un lugar sustancial en su obra, a veces formando parte de un universo on?rico o m?gico:

?Deshojemos sue?os, amor, deshojemos tempestades y r?fagas de estrellas.
Arropemos las penas con falsas esperanzas.
Dormiremos sobre suaves mimosas de olvido, el regreso es la locura.
Vamos antes de que conciba el hijo del tiempo.
Bebamos el zumo de la vida, amor, ese extra?o zumo de ausencias.
En el valle hay lechos de algas plateadas.
No corras por el huerto, he plantado sue?os.?

En otros casos, elementos er?ticos de fina factura enmarcan un dibujo realista de la pasi?n desde donde se reprocha al objeto amado, tal vez a la propia concepci?n amorosa, su actitud de fuga y de nostalgia. La poeta se lamenta del amor imposible.

?C?mo desear?a tener ese p?jaro que ahogas tibiamente entre las manos.
Vivir en esos bosques de fresas que t? apenas rozas?
Prefiero no estrechar estos verticales planetas, una cruda primavera espera.
La cris?lida sonr?e maliciosamente, su vida interpreta mudas a?oranzas; le pertenezco de igual manera que a la noche.
Posee un encanto especial para el durmiente, ?lo comprendes?
S?lo el humo morder? los vertiginosos frutos de mi hoy, eternamente llorar? por esas playas desiertas, eternamente.
?Con qu? facilidad emborronas la luz y acunas el ayer!, te dejo en tu c?rcel de recuerdos, es tarde ya y a?n tengo que desmadejar la luna.?

La poes?a de Mar?a Antonia Blesa se caracteriza por su profundidad reflexiva aunada con un pasmoso dominio del lenguaje que explota en una fiesta de ritmo, juegos y met?foras para conducirnos a una visi?n que renueva nuestra gastada y gris percepci?n de la realidad y devolv?rnosla palpitante de vida, como filtrada por los ojos de un ni?o. Gui?os surrealistas te?idos de un fino humor: ?No puedo perdonar que te hayas ba?ado en el mar de ma?ana vestida de buzo? o ?En el Polo Norte los ping?inos llevan abrigos, igual que nosotros llevamos esperanzas?. Una musicalidad que no es esclava de ning?n canon sino hija de un p?lpito interior. Y todo un universo simb?lico que no resulta de un eruditismo vano, a pesar de sus abundantes lecturas, sino que es fruto de una vivencia interior, de la que derivan los s?mbolos como cuando se sue?a. Porque nuestra poeta escrib?a como se sue?a, como se ama, como se respira. No hab?a impostaci?n alguna en su gesto. Al crear, nada le importaba aparte de la creaci?n. Ni la fama, ni la gloria. El deseo de publicar, esa angustia que sumerge en el marasmo a tantos poetas, no formaba parte no ya de sus preferencias sino ni siquiera de sus expectativas. Con pudor y cierto disgusto public? en vida unos cuantos poemas en revistas literarias a instancias y bajo presi?n de sus amigos. No consideraba que tuviesen suficiente calidad. Lo expongo a vuestro juicio:

??Es preciso ir m?s lejos?
A?n el primer d?a, ?fue preciso ir m?s lejos?
?No ?ramos ya vencidos con ser?
En la blanca, parpadeante llanura
que la vista ocupara
una a una, d?ciles, las cosas se instalaban
?urgidas quiz?s por nuestro amor?
?O todo estaba all?
bendecido y fatal?

Y nos cercaron rosas, pozas de luz, espejos
y p?jaros de alma azul sulfato y oro
y tigres que sal?an al son de los tambores del sol
reci?n amaneciendo


Lejos, lejos?
Verdaderas caravanas cruzaban nuestros pensamientos:
otros olores, otros nombres, otros sue?os
y todos tan semejantes en ser ?nicos
en abrirse paso por los desfiladeros de lo eterno
por los surcos ilegibles de la mano abierta del destino.
Entonces, verdadero agasajo la lluvia y la tormenta
y el viento fuerte sobre nuestra desnuda voluntad:
nunca ?esto o lo otro? sino ?esto y lo otro?
y el tallo largo y curvo de una flor como cimitarra.
?Pudo m?s la belleza que el instinto?

La gran comba de fuego
nos sub?a a lo alto
y luego nos bajaba hasta rozar el suelo:
desmadejados perros de la Concordia

?Es preciso ir m?s lejos??

A estas alturas, dig?moslo con toda honestidad, no sabemos muy bien qu? es un poeta. ?Lo ser? quien escribe rimando, o a?n sin rima, un discurso bonito adobado de met?foras? ?Tal vez el que elabora textos con loables mensajes que nos conmueven y afean o elogian nuestro comportamiento, directa o sesgadamente, como edificante serm?n dominical o mitin pol?tico? ?O quien es elegido, con abstrusos motivos, por el profesor universitario o por el cr?tico, que lo se?alan y dictaminan: este, esta es poeta, modelando as? el canon en funci?n de una autoridad que le ha sido conferida igual que al clero el carisma? Si nos movi?semos en esos territorios sacar?amos inmediatamente a Mar?a Antonia de ellos. Como yo, los detestaba. Ahora bien, si la figura del poeta responde a la descripci?n de Juan Eduardo Cirlot:

?Ese hombre de cabellera dispersa, no es otra cosa que el exhumador de un mundo antes irredento. Ha aprendido, sufriendo, f?rmulas m?gicas que los otros desconocen: conjuros para evocar y recrear las danzas interiores.
Razas sordomudas, perdidas en sus parajes profundos, cobran voz bruscamente y, desde el valle dormido bajo la niebla, ese coral suena iluminando regiones desoladas o magn?ficas.
As? hasta que toda la tierra se convierte en eco?.

Si, repito, eso es para nosotros el poeta, Mar?a Antonia Blesa era, sin duda, una de las mejores. Ella se fue para siempre en la primavera de 1991, a los treinta y cinco a?os de edad, en la misma estaci?n en la que vino, como si por esas fechas entrase en contacto con nuestro mundo el t?nel que la comunicaba con el otro, dej?ndonos, a cambio de nada, el regalo impagable de su obra.


(Art?culo del libro ACTAS DEL VIII ENCUENTRO DE POETAS, Diversidad de voces y formas, editado por Diputaci?n Foral de Alava, 2006)

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Publicado por gala2 @ 7:37  | POETAS
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