lunes, 09 de abril de 2007

Sobre vecindades del aire

TEXTOS LEÍDOS EN EL ACTO DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN LA CASA DEL CORDÓN DE VITORIA-GASTEIZ. El 23 de noviembre de 2006.

ROBERTO LUIS LASTRE: Editor

Ángela Serna nació poeta y se hizo poeta. No parece haber una fórmula que explique la autogénesis de una poeta, salvo la metáfora de la capacidad innata, aprovechada por una pasión doblegada por la disciplina del estudio y del trabajo casi delirante que se impone en el transcurso.

Ángela Serna es un ejemplo de creadora autoexigente, autocrítica, auto proyectada, autónoma, autógena, única… No es que yo quiera hacer una enumeración arbitraria con estas palabras, es una interpretación que se funde en la experiencia.

Ella es autoexigente, tan autoexigente que el proceso de revisión y corrección de un poema dura más que el proceso de crearlo, como dura la poesía alrededor de las palabras usadas, y dura su afán por superar todo límite en el camino hacia la revelación de la poesía.

Ella es autocrítica, porque asume su pasión con la humildad de quien sabe que hay más en el interior que en la superficie. Pocas veces un crítico o un editor se encuentra con la respuesta admirable de un poeta ante la crítica sobre un verso, un poema, la ordenación de los textos… Ella respeta el juicio ajeno, porque aún éste es deficiente para lo que ella misma quisiera haber logrado. Y no sólo respeta el juicio crítico, sino que aparece con una solución que supera la visión del crítico. Por eso también Ángela Serna es auto proyectada, viene de su propio volcán y va más allá de la previsión de los otros. Se supera a sí misma a velocidad de vértigo, transmitiendo una energía sublime de difícil emulación.

Ella es autónoma porque es un ser abierto, alimentado de toda la poesía, regenerando, como en este libro (“Vecindades del aire”), el aliento transmitido en otros textos, la poesía hallada que, de pronto, descubre la suya propia en la cotidianeidad que, en la urgencia, ha ido apartando espejos, tiempos, vida, enfermedad…

Un poeta debe ser autónoma, me dirán. Y sí, pero la autonomía del poeta es su libertad, poder buscar y hallar la poesía allí donde esté, sin prejuicio, con la confianza en su poder descubridor, sin censura, con la certidumbre de la precisión. Y esto no se ve, sino cuando, como en el caso de Ángela Serna, la poesía brota desenfadada, simulando ser independiente de su creadora. Sin embargo, la creadora tuvo antes que alcanzar su propia independencia.

Ángela Serna es autógena, como cuando se funden las superficies de contacto al calor de un fuego persistente sobre dos metales. Ella se forma a sí misma. Seguramente, es una de las mayores consumidoras de poesía que yo conozca: poesía en poemas, poesía en imágenes, poesía en la vida cotidiana. Y, entonces, por supuesto, su obra es autógena, fruto de fundiciones sucesivas, heredera de una antigua fórmula taoísta que veía la posibilidad de la eternidad en mezclar y fundir, en hacer circular la luz, toda la luz posible.

Y es única, porque es única como persona en su generosa vida y esto ocupa su obra, también generosa.

Cuando en enero del año 2003 presentamos en Madrid su libro “Fases de Tumiluna”, y luego en la Fundación Antonio Gala, en la Córdoba de Maimónides, los elogios a su obra fueron un gran estímulo para ella y para mí que, como incipiente editor, quería saber dónde estaba el acierto en esta dura empresa. La respuesta la tuve allí, en ambos sitios: el premio de editor es tener a autores como Ángela Serna. Así que, cuando conocí “Vecindades del aire”, escritor en pocos días como si ella hubiera encontrado una beta aurífera, me aferré al libro con el placer de la poesía y el regocijo de comprobar cómo la poeta escribía cada vez más y mejor, sorprendiéndome mucho a los pocos días con un libro magnífico: “Luego será mañana (en otra habitación)”, de hechura reciente, con el olor de la vida ante la noticia de la muerte, y escrito en un solo día. La admiración creció, como sigue creciendo, porque únicamente los grandes poetas experimentan así la poesía, como una fuente que tiene detrás manantiales abundantes. La poesía, enfundada en un buen poema, puede aparecer así, de súbito, gracias a la autoexigencia, autocrítica, auto proyección, autonomía, conocimiento profundo, estudio sistemático, cultura amplia, abierta…

“Vecindades del aire” es un triunfo de la poesía.


JUAN LÓPEZ DE AEL: poeta y artista plástico.

Quisiera comenzar mi intervención con un poema dedicado a Ángela Serna:


A Angela

I

Un día el hombre
descubrió las palabras
las hizo signo
las grabó en las cavernas
las pintó
las soñó
las hizo poesía
para salvarse con ellas
del miedo
y de la muerte.

***

II

En las vecindades del aire
yo siempre habito.

Que mi vida es un vuelo
día tras día
impulsado por ti
y tu poesía.

Angel que guías
mi inconsciente sueño,
persona amiga, hermana,
confidente
que sabes más de mí
ya que yo mismo.

Sin ti aquella bajada
a los infiernos
sería realidad aún,
mas me ayudaste
a salir con la escala
del silencio,
de ese silencio que gritas
ante el mundo
cuando ves que uno va
medio desnudo
hacia un final
cargado de suicidios.
Persona, amiga, hermana.
Gracias por existir.

22/11/2006

***

Me resulta un poco complicado hablar, a estas alturas, de Ángela Serna, tan conocida ya dentro del mundo de la poesía. Al hacerlo siento que hablo un poco de mí mismo, por esa suerte de conocerla y quererla desde hace muchos años.

Ambos tenemos una amistad casi fraterna por suerte para mí y para mi quehacer literario y artístico.

Sin ella a mi lado muchas de mis obras no se podrían haber realizado. Ella sabe de mí más que yo mismo.

Pero hablaré aquí un poco de su poesía, esa poesía tan alambicada en su ser como espontánea en muchas ocasiones. Porque la poesía está dentro de nosotros mismos, sembrada y vivida, antes de que le demos forma.

La poesía de esta poeta vuela por sí misma en una serie, ya larga, de libros y revistas por distintas partes del mundo.

Ángela Serna es, por si no lo saben, el alma y el cuerpo de una de las revistas más bellas del Estado. En ella, Ángela ha dado espacio a cantidad de colaboradores: Michel Butor, Delibes, Joan Brossa, o el tan querido por nosotros Jorge Oteiza, quien realizó una de las portadas más hermosas.

Volvamos otra vez a la poesía. En los escritos de Ángela Serna, como en tantos otros poetas, hay siempre mucho de su mundo más cercano y de ese otro mundo, menos conocido, al cual se acerca por una u otra razón. Aunque la razón más importante es la admiración y el deseo de fundirse con algo que, de alguna manera, - cosas de la poesía-, nos llega al corazón y a la razón como si fuese desde hace mucho tiempo nuestro.

Ángela Serna, sin ánimo ninguno de halagarla, es sin duda una de las voces más importantes de los últimos tiempos. Su poesía no ha dejado de ser nunca una manera de comunicarse con el mundo de forma casi mágica. Te quiero Ángela.

JOSÉ IGNACIO BESGA: poeta.

Participar en la presentación de este libro de poesía de Ángela Serna es para mí, de forma muy especial, un honor y un orgullo porque mi nombre aparece en él.

Sumergidas en el mar verde-azul de palabras mágicas, las letras que me identifican se alinean en la quilla de una embarcación llamada Acróstico.

Las Vecindades del aire navegan en ese mar que asoma en los poemas de la poeta, donde, quien los lea, podrá nadar lentamente entre sus olas cubiertas de espuma de silencio, y bucear en el agua profunda de su poesía para encontrar, palabra tras palabra, el sentido más profundo de las preguntas y de sus respuestas.

Vecindades del aire mezcla lo esencial con su reverso, es decir, lo esencial con lo no esencial, lo que hace que, sin serlo, exista el núcleo. Porque la esencia de las cosas necesita de la no esencia para alcanzar su sentido.

Ángela siente el peso de un aliento, el perfume y la voz, sin duda, de algún Dios invasor de su sueño, aferrado al segundo veintitrés de una serie de tres, en la promesa infinita de un periodo ilimitado.

Ángela, una Diosa cuya poesía se va incrustando, capa a capa, como una perla de nácar, en la antología de las Diosas Blancas, -las otras poetas que ya han alcanzado el Olimpo de la poesía-, busca sus palabras en el viento, en la voz que tal vez la visita por la tarde, cuando se ausenta sin saberlo de sí misma. Se ausenta de su mundo.

Pero ¿cuál es el mundo de Ángela Serna? ¿Es acaso el mundo concreto de Fases de Tumiluna, en “riesgo de amar”? o ¿el de “cuarentena”, Del otro lado del espejo?, o ¿es, tal vez, el mundo esencial de Vecindades del aire?

¿Se expande el universo de nuestra poeta? O ¿se va vaciando de la no esencia cuando escribe “No sé quién eras. Quien eres ahora / más no importa, tampoco se quién soy / quién he sido hasta aquí”, y se despoja, “en un instante que no es / mañana ni ayer ni tal vez hoy”, de todo equipaje para, “con el viento a favor / [atravesar] las estancias del silencio / [porque] del otro lado no hay nada: más viento y más silencio”?

En las razones del náufrago que Julia Otxoa intenta descubrir sobre la arena mojada de Ángela Serna, aparece la interesante búsqueda de lo absoluto, la apasionada maniobra de aproximación a unas palabras: “Una sola palabra / clave de todos los misterios”. Porque, como Caballero Bonald, el Dios poético intuido desde el principio, ha escrito: “Dentro de cada palabra hay otra / que no se dice nunca /… que amaga la verdad… / que se anula a medida que se emite.”

Con el tiempo, Ángela ha aprendido que ninguna palabra puede hacer reales los sueños. Y sin embargo, leyendo este gran libro de poesía, verso a verso, en las Vecindades del aire se puede asegurar que dentro de la palabra Diosa hay otra que se puede decir: Poeta.

Tags: vecindades angela serna

Publicado por gala2 @ 4:32 | RESEÑAS | 0 Comentarios | Enviar

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