S?bado, 21 de abril de 2007
C?NTICO

?Ad?nde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habi?ndome herido;
sal? tras ti clamando y eras ido.

Pastores, los que fueres
all? por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo m?s quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores
ir? por esos montes y riberas;
no coger? las flores,
ni temer? a las fieras,
y pasar? los fuertes y fronteras.

?Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!,
?oh prado de verduras
de flores esmaltado!,
decid si por vosotros ha pasado.

Mil gracias derramando
pas? por estos sotos con presura;
y, y?ndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dej? de su hermosura.

?Ay!, ?qui?n podr? sanarme?
Acaba de entregarte ya de veras;
no quieras enviarme
de hoy m?s mensajero
que no saben decirme lo que quiero.

Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos m?s me llagan,
y d?janme muriendo
un no s? qu? que quedan balbuciendo.

Mas, ?c?mo perseveras,
?oh vida!, no viendo donde vives,
y haciendo por que mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti concibes?

?Por qu?, pues has llagado
aqueste coraz?n, no le sanaste?
Y, pues me le has robado,
?por qu? as? le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacedlos,
y v?ante mis ojos,
pues eres lumbre de ellos,
y s?lo para ti quiero tenerlos.

Descubre tu presencia,
y m?teme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

?Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entra?as dibujados!

?Ap?rtalos, Amado,
que voy de vuelo!
Vu?lvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu vuelo, y fresco toma.

Mi Amado las monta?as,
los valles solitarios nemorosos,
las ?nsulas extra?as,
los r?os sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,

la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la m?sica callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

Cogednos las raposas,
que est? ya florecida nuestra vi?a,
en tanto que de rosas
hacemos una pi?a,
y no aparezca nadie en la campi?a.

Detente, cierzo muerto;
ven, astro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran tus olores,
y pacer? el Amado entre las flores.

?Oh ninfas de Judea!,
en tanto que en las flores y rosales
el ?mbar perfumea,
poblad los arrabales,
y no quer?is tocar nuestros umbrales.

Esc?ndete, Carillo,
y mira con tu faz a las monta?as,
y no quieras decidlo;
mas mira las compa?as
de la que va por ?nsulas extra?as.

A las aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, aires, ardores,
y miedos de las noches veladores:

Por las amenas liras
y canto de sirenas os conjuro
que cesen vuestras iras
y no toqu?is al muro,
porque la esposa duerma m?s seguro.

Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado.

Debajo del manzano,
all? conmigo fuiste desposada;
all? te di la mano,
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada.

Nuestro lecho florido,
de cueva de leones enlazado,
en p?rpura te?ido,
de paz edificado,
de mil escudos de oro coronado.

A zaga de tu huella
las j?venes recorren el camino,
al toque de centella,
al adobado vino,
emisiones de b?lsamo divino.

En la interior bodega
de mi Amado beb?, y, cuando sal?a
por toda aquesta vega,
ya cosa no sab?a,
y el ganado perd? que antes segu?a.

All? me dio su pecho,
all? me ense?? ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a m?, sin dejar cosa;
all? le promet? de ser su esposa.

Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal, en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya s?lo en amar es mi ejercicio.

Pues ya si en el ejido
de hoy m?s no fuere vista ni hallada,
dir?is que me he perdido,
que, andando enamorada,
me hice perdediza y fui ganada.

De flores y esmeraldas,
en las frescas ma?anas escogidas,
haremos las guirnaldas,
en tu amor florecidas
y en un cabello m?o entretejidas.

En s?lo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste,
mir?stele en mi cuello
y en ?l preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.

Cuando t? me mirabas,
su gracia en m? tus ojos imprim?an;
por eso me adamabas,
y en eso merec?an
los m?os adorar lo que ve?an.

No quieras despreciarme,
que si color moreno en m? hallaste,
ya bien puedes mirarme,
despu?s que me miraste,
que gracia y hermosura en m? dejaste.

La blanca palomica
al arca con el ramo se ha tornado,
y ya la tortolica
al socio deseado
en las verdes riberas ha hallado.

En soledad viv?a,
y en soledad ha puesto ya su nido,
y en soledad la gu?a
a solas su querido,
tambi?n en soledad de amor herido.

Goc?monos, Amado,
y v?monos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos m?s adentro en la espesura.

Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos
que est?n bien escondidas,
y all? nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.

All? me mostrar?as
aquello que mi alma pretend?a,
y luego me dar?as
all? t?, vida m?a,
aquello que me diste el otro d?a.

El aspirar el aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena.

Que nadie lo miraba,
Aminadab tampoco aparec?a
y el cerco sosegaba,
y la caballer?a
a vista de las aguas descend?a.

Tags: Juan de la Cruz

Publicado por gala2 @ 7:21  | POEMAS
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