viernes, 09 de marzo de 2007
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Era sólo un almendro

A Lidia,
que estuvo en el origen del poema


Era sólo un almendro,
junto al camino,
pero yo me topé
de frente con la dicha.
Era sólo un puñado
frágil de flores luminosas,
sin embargo, la sangre
se me puso de golpe alborozada.

Y yo cerré los ojos
para atrapar la miel,
para guardar en la retina
la imagen del instante,
que ya era también de las abejas.

Al volver a la luz
supe que todo era un ensueño…
Pero ¿qué importa?, sé también que un día
cualquiera de mi vida,
el ensueño tendrá su realidad
en un recodo íntimo,
junto al camino.

Y yo seré la savia de ese árbol
en cuyas flores, hoy,
dieciocho de febrero
del dos mil siete,
a las doce del mediodía,
hundo con gozo la mirada.

Y siento una emoción
que me desborda
y se deshace en llanto.

¿Qué ha ocurrido? No sé,
era sólo un almendro
junto al camino.
Sus flores,
vigorosas de luz,
derramaban sonrisas de belleza.


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Desde La flor del Almendro


En las breves líneas que ilustran la solapa de mi último libro publicado, Azumbres de la noche, manifiesto que fue escrito donde tiene su aposento la luz, entre las brisas salobres de este undoso Mar llamado Mediterráneo. Lo que entonces no sabía es que el mediterráneo lo llevaba yo dentro, al menos en alguna de sus formas o interpretaciones. Lo supe al esbozar otro libro: el que ahora está en tus manos, lector, pues aparte de la luz o el mar, tan tópicos como ineludibles (tan propicios, por tanto, para la impregnación, la subyugación e incluso la dulía), aparte de "esas cosas", digo, se deja ver el paisaje: ése que yo he aprendido a amar en los 21 últimos años de mi vida: pinos y palmeras, hortales y collados, regatones, trochas, cambroneras... Y especialmente el almendro, con su tronco de vieja soledad, con su flor de luna.
Ni que decir tiene que el paisaje de mi niñez, tan otro, tan distinto, queda preservado amorosamente en los claros sin tacha de mi alma. Frente a él, y a pesar de tan honda caladura, el mediterráneo es un beso reciente. No se excluyen, no obstante; quizás se complementan; los dos habitan en mí de una forma civilizada y enriquecedora. Eso sí, me duelen ambos porque ambos corren peligro: uno por obligadas incurias, otro por excesivos hormigones.
Y entre estos dos azúcares de amor, yo, amante pródigo, confieso que un paisaje de almendros -especialmente en un lugar adecuado, como lo son ciertos valles de la Marina (Alicante)-, es de tal belleza que a mí me arrastra a las fimbrias nebulosas de la realidad o íntima frontera del ensueño. Es decir, me deja boquiabierto, desverbado, humildemente desnudo.
Lo penoso es pensar que sobre estos enclaves milenarios, cargados ya de lastres insufribles, pero bellos aún, pueda alzarse una sentencia última de mutilación o varias más sutiles de velada muerte. Por lo cuál, desde esa flor dulce de luna, cárdena o albina, con toda la belleza subsidiaria del paisaje, yo vindico el almendro no sólo como exaltación de un pasado, sino también y, sobre todo, como parte inexcusable de nuestro destino.

Mariano Estrada

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Recomendamos desde aquí la lectura del poemario HOJAS LENTAS DE OTOÑO, de Mariano Estrada e incluimos la crítica realizada por JAIME MAS FERRER, profesor de la Universidad de Alicante, publicada en DIARIO INFORMACIÓN DE ALICANTE (Sección: ARTE Y LETRAS), el Jueves, 2 de abril de 1998

POESÍA


El hogar y la lumbre


“Hojas lentas de otoño” arranca de una dolorosa experiencia personal

Mariano Estrada. “Hojas lentas de otoño”. Premio internacional de poesía “Ciudad de Torrevieja”. Alicante. Editorial Aguaclara.

JAIME MAS FERRER

La andadura poética de M. Estrada se inicia en 1984 con el poemario “Mitad de amor, dos cuartos de querencias”. Desde entonces y hasta diciembre de 1997, fecha de publicación de “Hojas lentas de otoño”, nos ha ido ofreciendo en sucesivas entregas: “El cielo se hizo de amor” (1986), Tierra conmovida” (1987), Vientos de soledad” (inédito), “Trozos de cazuela compartida” (1991), “Azumbres de la noche” (1993) y “Desde la flor del almendro” (1996). En esa ya extensa producción bibliográfica, el autor nos ofrece una visión de su mundo interior, de sus creencias y sentires, con una voz y palabra que paulatinamente y paso a paso se irán decantando y desprendiendo de retórica y adherencias literarias al tiempo que adquieren un tono auténtico y muy personal. “Hojas lentas de otoño” es el fruto sazonado de todo lo anterior, de él emerge una voz que verso a verso nos ofrece una poesía esencial, intimista, sustantiva, sencilla; poesía en la que importa más la autenticidad e intensidad del sentimiento que el oficio de orfebre.
El orfebre que reseñamos arranca de un hecho concreto: una reciente y dolorosa experiencia personal: “fluye de lumbres recordadas/ un sahumerio de amor, un vaho/ dulce que brota en la ceniza.../... Es ausencia de madre”. El dolor por una muerte lleva a su autor a realizar una reflexión que trasciende ampliamente el hecho concreto. Pero esto, con ser exacto, es insuficiente, pues lo que hace al poemario creíble y emocionante no es el trasfondo del asunto, sino la experiencia estética lograda mediante la decantación de esa historia en la forma la “palabra” y la sabia elección de versos heptasílabos (el mismo título es paradigmático) en un acompasado ritmo con acentuación en la sexta sílaba.
El autor se sitúa en el punto en que “Mis recuerdos de amor/ regresan a este otoño donde/ rompen las olas de la vida”. Momento desde el cual todo tiende al llanto. Con pulso contenido, el poeta reflexiona sobre el dolor de la muerte: “¿Por qué abonar los tallos del dolor/ si la caída de las hojas/ es el sino genético del árbol”, y acepta con serenidad que nada desaparece del todo, al igual que todo está impregnado de muerte. De esa premisa surge un sentimiento contradictorio: dolor-amor, muerte-vida recuperada por el recuerdo que revierte y se extiende en el paisaje, paisanaje, infancia, niñez simbolizada en el roble, etcétera: “Me refugio en las íntimas/ estancias del amor/ -donde persiste la memoria-/ y opongo a esta humedad/ las llamaradas de la leña”. Es la misma contraposición entre el mármol, elemento negador de vida, y el árbol, la leña, la lumbre, como recuerdo más en positivo; puesto que no se recuerda lo efímero, sino lo que permanece, y esto supone una negación de la memoria como algo estático, mientras que lo que se pretende vivificar es la asunción del pasado como algo propio de la vida: “Ahí, en ese humilde tronco/ donde ya ningún hacha se detiene/ yo he injertado la luz de la pupila/ Y me siento mejor/ porque te alumbro y amo”.
El fuego que corresponde a su poesía es el del hogar palpitante (los tizones crepitando y calentando a lo más próximo), rodeado de noche y de frío, y él es la sola brasa, consciente de que se extingue y será la próxima en apagarse: “¿Por qué ese rapto brusco/ de hogar y calentura/ si tú eres ha del fuego”?. Y el amor es su brasa. Diríamos que el poeta es otro hogar: su corazón, su amor, es la brasa en el otoño de su cuerpo, como “El árbol se derrite, la hojarasca/ vuela...”
Es ésta una poesía que busca certezas elementales, esenciales: emociones primeras, anteriores a la elaboración del matiz, irrenunciables, porque sin ellas la vida del hombre es imposible; primeras, porque no constituyen un lujo, porque son los arquetipos de la emoción, los pocos moldes mínimos sobre los que se funda la prolija vida emocional del ser humano. Lo dicho anteriormente se apoya en un vocabulario que nombra realidades de vida elemental: hogar, pan, levadura, brasa, piedra, pizarra, etcétera.
He aquí un libro hermoso, en el que su autor, con personalísima voz, logra plenamente su objetivo, y del que cabe destacar como méritos más sobresalientes su autenticidad y sencillez.
Publicado por Desconocido @ 9:00  | POEMAS
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Senocri
martes, 16 de octubre de 2007 | 17:42
Lamento no haber visto tu escrito antes. Pero he puesto demasiados blog y no me había dado cuenta de tu mensaje. Me ha parecido muy hermoso tu poema sobre el almendro al que yo tengo un gran amor. Con el almendro comenzó mi amor a la poesía y con un libro de Neruda 'Nuevas odas elentales'. Espero que tengas inspiración para seguir aun mas con tu andadura poética.