sábado, 03 de marzo de 2007
Augusto Rodríguez

(Guayaquil, Ecuador, 1979)

Augusto Rodríguez es licenciado en Comunicación social. Entre sus poemarios están: Mientras ella mata mosquitos (2004), Animales salvajes (2005) y La bestia que me habita (2005). Varias antologías locales y en países como España, Uruguay y Argentina recogen parte de sus textos. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vásquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo (2005) y Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005). Es el fundador del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel. Editor de la revista literaria El quirófano.



BEBERÉ MI INFANCIA


La ciudad y Dios duermen

y yo solo soy un vagabundo

con horas extras que vive moribundo

en su quinta guerra mundial.

Soy un demonio de cuerpo invisible

que se sumerge en el dolor de sus asesinatos,

de sus heridas profundas, de sus úlceras.

Solo estoy en compañía de mis fantasmas

donde sólo beberé mi infancia.

Los muertos duermen, descansan en sus guaridas,

con hambre se vuelven cazadores violentos.

Lo sé porque yo también soy otro muerto,

que en cada estación va dejando un amor falso,

un hijo mal parido,

un muerto más para los obituarios.

La ciudad y Dios duermen

y yo solo soy un vagabundo

que tiene miedo de seguir viviendo

y que solo pretende cerrar los ojos

y descansar a orillas del río X

Me dicen que estoy muerto

pero que debo seguir viviendo.

Solo sé que beberé mi infancia

y desapareceré ante los millones de ojos

de buitres de esta ciudad.



ESQUELETOS ENTERRADOS


Ellos no llegarán a la cita

seguramente porque se fugaron

de la fiesta con la puta más barata.

Encontrarán alguna mesa

y beberán aguardiente

e intentarán cruzar al otro mundo.

Sé que no se escaparán

porque todavía les falta mucho por beber

por amar por copular por escribir.

Siempre los recordaré

como los pequeños magos de la miseria

que inventaron con su cuerpo desnudo

el mejor poema para ganar la victoria

como nuestros héroes,

para no quitarse las máscaras

ante los monstruos de cinco cabezas.

Pero un día no volverán

y yo tampoco volveré a verlos

como los he visto.

Sólo serán decenas

de esqueletos enterrados en este mundo.

Algun día se sentarán a la orilla del mar

a leer sus mejores poemas.

No seremos nosotros.



(Información cortesía de http://www.destiempos.com)
Publicado por gala2 @ 21:35  | TEXTOS DEL MISMO BARCO
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