Félix Morales Prado
Buenos días. La razón por la que estoy aquí es que en los años 2003-2004 elaboré, por encargo de Santos Sanz Villanueva, una antología de “Poesía Experimental” que se publicó en la Editorial Marenostrum de Madrid, lo que me ha valido en ciertos medios la calificación de experto o investigador de esta vertiente literaria. Permitidme que ironice un poco y que ejerza mi más antiguo y romántico vicio: la sinceridad. A finales de los años noventa destapé una leyenda de Bécquer que había pasado desapercibida hasta entonces y no figuraba en ninguna de las compilaciones de la obra del escritor. Excuso decir que se armó un revuelo tremendo y me pusieron al pie de los caballos. Ya está olvidado. Menos mal. A raíz de aquello me endosaron el título de becquerista, especialista en Bécquer. Yo no soy especialista en nada. Soy, eso sí, un amateur, o amante, de la literatura en casi todas sus formas. Lo que aclara, creo, la cosa. No hay nada más.
Pues bien, abordemos el asunto. Cuando comencé a trabajar en la antología a la que me he referido, en mi búsqueda de poetas experimentales españoles de los años sesenta y setenta, en los que se inaugura el género, constaté una notable ausencia de mujeres con sólo dos excepciones: Elena Asins y Mari Carmen de Celis. Aún así, supe que su implicación en la Poesía Visual no fue ni intensa ni extensa. Elena Asins, pintora, participa en una sola exposición de PV en los años setenta. Mari Carmen de Celis, integrante del grupo Base-6, parece que hizo una labor de dinamización más que de creación, si bien en aquellos años en los que el anti-individualismo constituía un punto importante del programa ideológico progresista, no había un rol más importante que otro y los animadores (recuérdese a Julio Campal) estaban a la par con los creadores, cuando no eran más considerados, como en el caso del poeta uruguayo. Incluso hay que tener en cuenta que el mismo concepto de creación consagrado por la literatura burguesa estaba en entredicho. No hay más que fijarse en la técnica de la apropiación creativa.
Exceptuando a estas dos loables pioneras, no encontré ninguna otra poeta visual. Aunque Antonio Gómez, más tarde, me da noticia de que en los años setenta operaban Victoria Civera Redondo, Amelia Coloma, Teresa Mialet o Marta Cuende.
En las antologías de aquellos años y en las revistas que estuvieron a mi alcance, no figura obra de ninguna mujer española. Sí la hay, sin embargo, por ejemplo en la compilación más difundida, La escritura en libertad, de Fernando Millán, de mujeres extranjeras. Al plantearme esta ponencia he reflexionado sobre el tema, he querido explicarme o al menos hacer una primera aproximación a las causas de ausencia tan palmaria. Sería fácil atribuirla a la, por otra parte cierta, secular marginación social de la mujer. Y así podría explicarse si simplemente estuviésemos ante una menor participación femenina, como ocurre en los otros géneros: poesía discursiva o novela. Pero es que, lejos de esto, nos encontramos ante una ausencia casi absoluta. Téngase en cuenta que las pocas mujeres que he nombrado no han quedado para la historia, como es el caso de Joan Brossa, Fernando Millán, Antonio Gómez, Julio Campal o Felipe Boso. A ninguna se la puede localizar en antologías o revistas de entonces ni posteriores y a casi ninguna la nombran en ningún estudio del fenómeno. Yo he sabido de ellas por contactos personales. Es decir, que si un investigador, pasados cuarenta años, intenta analizar la época ni se entera de estos nombres.
Entre los poetas experimentales o investigadores cuya opinión he consultado, unos explican la cuestión por el machismo imperante, sin paliativos; otros, la atribuyen a un mayor conservadurismo estético en las mujeres en un país en el que los hombres tampoco han sido demasiado vanguardistas; otros, al fin, a la falta de información y a que la poesía visual se presentó como una alternativa demasiado radical y extrema, muy alejada del estereotipo intimista que se atribuye a la poesía femenina.
Cuando hace dos años comencé a preparar la antología, mi intención fue siempre construir un libro en el que, cumplido el criterio inexcusable de la calidad, primase un equilibrio relativo en cuanto a la procedencia de los seleccionados, así la generacional como la territorial y también la de sexos. Pero, si bien creo que las diferentes edades y geografías españolas han quedado más o menos representadas, la descompensación entre hombres y mujeres es mucho más que notable. De hecho, sólo figuran cinco mujeres frente a cuarenta y siete hombres. Me tranquiliza poder afirmar que, si bien no escatimé esfuerzos en la búsqueda de mujeres poetas que se dedicasen a la poesía visual o géneros paralelos, no me fue posible encontrar muchas más de las que figuran en el libro que, según mi criterio, naturalmente falible, reuniesen los mínimos de calidad que me había marcado. Atribúyase a mi ignorancia. Posteriormente, gracias a la magnífica antología de Julián Alonso, “Tod@s o casi tod@as”, publicada en formato CD, he podido saber que hay otras. Nombres como los de Belén Juarez, Clara Janés, Almudena Mora, Laura Calvarro, María Cosmes, María Gallach, María Sánchez, Marta Vega, Mertxe Manso, Olga Susana López Portela, Pilar Fernández, Pura Martínez Llarena, Regina Balbastre, Rosa Maroto, Roxana Popelka o Sara Tovar y así hasta cuarenta desfilan ante nuestros ojos con una obra notable. Diré en mi descargo, si sirve, que muy pocas de ellas tienen obra publicada en los medios que un antólogo cuyo objetivo es la divulgación masiva de un género muy minoritario, está obligado a consultar. Así y todo, algunas de todas aquellas a las que me dirigí no me respondieron. Otras no lo hicieron adecuadamente. Sus materiales no eran técnicamente reproducibles.
No creo necesario extenderme más para poder afirmar que las poetas que seleccioné constituyen una magnífica y la mejor representación que pude encontrar, sin menosprecio de las ausentes, de lo que es la Poesía Visual Femenina en España. Son, por orden alfabético del primer apellido, Isabel Jover, Julia Otxoa, Carmen Peralto, Nieves Salvador y Ángela Serna.
En lo que se refiere a las técnicas empleadas, encontramos la misma diversidad que en los operadores masculinos y la misma tendencia al sincretismo propia de las últimas generaciones. Aún guardando cada una su propio estilo, ninguna recala en una escuela específica, sea esta el letrismo, el concretismo o la poesía semiótica. Se da una mezcla de todo, aunque en algunas individualidades podemos ver una mayor utilización de la letra, como en Ángela Serna, o de objetos de la vida cotidiana, como en Julia Otxoa o un peso mayor de la formación pictórica, caso de Isabel Jover, o el uso del collage, como en Nieves Salvador o Carmen Peralto. Los temas de la incomunicación, el erotismo o la crítica social, entre otros, se dan la mano dentro de los poemas de nuestras autoras. Veámoslas ahora, una a una.
Ángela Serna nace en Salamanca en 1957. Reside actualmente en Vitoria-Gasteiz. Es profesora titular de la Universidad del País Vasco, directora y editora de la revista Texturas y autora de los libros Poétrica visualizable (poesía visual), Alfahar (poesía visual), Del otro lado del espejo, Fases de Tumiluna (poesía) y ha colaborado en libros colectivos como Esferas líquidas, Poemas abiertos o Textos para un milenio. Forma parte de varias antologías de poesía visual y ha colaborado en numerosas publicaciones nacionales y extranjeras. Participante de buen número de exposiciones colectivas de poesía visual y mail-art, su labor creativa se extiende a la traducción, en la que ha vertido al castellano libros como Description de san Marco de Michel Butor y textos poéticos de Martine Broda, Jean-Michel Maulpoix, André Laude, Amina Saïd o Marie-Claire Bancquart. Es miembro del grupo poético Xuxurlak con quien organiza recitales, coorganizadora de cuatro Congresos sobre Escritura Creativa y coeditora de libros sobre el mismo tema.
En la obra visual de Ángela, el uso de letras predomina sobre el de otro tipo de imágenes (aunque no falten éstas en composiciones como “Paisaje interior”, “Frida Kahlo homenaje 2”. “@lbatros”, “Retrato” o “Je est un autre”). Deudores del caligrama son poemas como “Raíces”, una poética, “La última cruzada” o “Fonotema timón-temor”, entre otros. El erotismo, como en el último citado, la reivindicación de los derechos de la mujer (“Día de la mujer trabajadora”) u otros temas de crítica social (“El sur también existe”, “Pesadilla”) o la poesía (“Ceci n’est pas un poème”) son asuntos presentes en su obra. Detengámonos en alguno de estos textos. En “Ceci n’est pas un poème” la autora hace uso de la intertextualidad en un guiño de carácter culturalista al cuadro “Ceci n'est pas une pipe”, de René Magritte, en el que el pintor surrealista belga indica lo que aparentemente es una paradoja pero no lo es. Efectivamente, eso no es una pipa sino la representación de una pipa. Glosándolo, Ángela Serna nos viene a decir que ni hablar de poesía ni investigar la poesía (en la composición figuran la lupa y la cachimba de investigador) es poesía ni debe suplantarla. La ironía vertebra el poema “Día de la mujer trabajadora”, donde el número 365 en el centro del círculo del símbolo femenino pregona que son 365 los días de trabajo para la mujer. “Pesadilla”, collage compuesto con recortes de la sección de anuncios por palabras de un periódico y trazos que recuerdan letras caligrafiadas, nos remite al cuadro “La gran ola” de Katsushika Hokusai, aludiendo así al maremoto de la actualidad y las malas noticias que nos envuelve.
En otra línea está Isabel Jover, nacida en Barcelona en 1951, más influida por su formación pictórica. Estudió Bellas Artes en su ciudad natal, estudios que interrumpió para desplazarse a diversas localidades europeas, estableciéndose finalmente en Bruselas durante un periodo de seis años, donde cursó y concluyó estudios de pintura, dibujo y grabado. Se desplazó entonces a Taipei donde profundiza en las técnicas de la pintura china y de la pintura zen. Después, acaba en Barcelona sus estudios en la Facultad de Bellas Artes. Huellas evidentes de su trabajo en la pintura oriental pueden rastrearse en su poesía visiva. También su afición por la música y la estética de las partituras juegan un papel importante en este sentido. Su poesía visual ha sido expuesta en muestras individuales y colectivas dentro y fuera de España. Entre sus publicaciones de poesía visual se pueden citar Laboratorio di Cromografía de Milán “Omaggio a Enrico Baj”, Laboratorio di Cromografía de Milán 3er. Simposio Internacional de Arte Contemporáneo de Verbania), Antología de la Poesía Visual española ante el nuevo milenio, así como sus colaboraciones en la revista Texturas o en Phayum.
En su obra, los grafemas, de los que aprovecha al mismo tiempo la vertiente lingüística y plástica, como ocurre en el haiku japonés, bailan dentro de un espacio compuesto a base de texturas en las que predomina un hermoso color índigo, variante del azul, lleno de connotaciones simbólicas espirituales, a veces complementado con ocres, amarillos, color solar, símbolo del intelecto. La temática abarca desde la música, que participa tanto en poemas en los que las letras de la palabra, terciadas por pentagramas, se ordenan componiendo una sinfonía visual, como en los de un erotismo altamente expresivo, en los poemas “¡Ah!, “Sii”, “Más”, pasando por la soledad, la angustia o el asombro, así en el texto “Jaque Mate”, en el que una mancha, la muerte, disuelve, destruye el terreno de juego, el espacio existencial. No faltan aquí tampoco las referencias culturalistas. Por ejemplo, en “Antes de Cristo”, donde se hace uso de la imagen de la Venus de Milo o las deudas con los más antiguos recursos de la poesía visual, como el caligrama, en el poema “Ala”.
Carmen Peralto es de Málaga, donde nace en 1967. Impresora, diseñadora gráfica y poeta experimental, ha participado en diversas revistas especializadas (Phayum, Texturas, Anfora Nova, Hilos..), homenajes, antologías y exposiciones de poesía visual nacionales e internacionales. Ha publicado Mar de Tanis, Torre Gálata, Concierto de Navidad y los trípticos Crónica de Tebas y Fragmentos de Hierápolis. Actualmente dirige la mayoría de las publicaciones de Corona del Sur.
La más joven de nuestras autoras es probablemente también la más ecléctica. Su obra transita desde el caligrama, que trabaja con acierto en poemas como los de “Tríada de Hierápolis”, probable crónica de viaje en la que reconstruye la antigua ciudad helenística a partir de sus ruinas, hasta el letrismo de “A mayúscula” donde juega tipográficamente con la paradoja, pasando por la poesía semiótica que trabaja a base de collages. En esta última está muy presente la estética del cómic. Pero para nuestra sorpresa su referente no es el cómic actual, con iconos como los personajes de “Sin City”, de Frank Miller, “El condón asesino”, de Ralf Köning o las tiras de Maitena, sino los cómics de la época de sus padres. Los personajes de “El Cachorro” o de “Hazañas del Oeste” son utilizados para la crítica social, tema preferido por la autora así en estos textos como en otros. Por ejemplo, en “Propuesta de una nueva bandera”, en el que las cincuenta estrellas de la bandera estadounidense quedan reducidas a una. Debajo puede verse Mount Rushmore con las cabezas esculpidas de los cuatro presidentes norteamericanos Washington, Jefferson, Lincoln y Theodore Roosevelt. A la derecha leemos, en dirección descendente “One Way” (“Un camino”). Hermosa y fría crítica al pensamiento único. “Belleza codificada”, donde la Afrodita de Boticcelli aparece tachada por el código de barras tan habitual en nuestra sociedad de consumo, es un sarcasmo sobre el culto al cuerpo y la imposición de un canon de belleza.
Julia Otxoa, de San Sebastián, 1953, poeta y narradora, además de ejercer su labor como escritora, extiende su creación al campo de la poesía experimental y las artes plásticas en general. Es autora, entre otros, de los poemarios La Edad de los bárbaros, La Nieve en los manzanos, Al Calor de un lápiz o Taxus baccata. Y de los libros de relatos Kískili-Káskala, Un león en la cocina o Variaciones sobre un cuadro de Paul Klee.
Dentro de su trayectoria plástica, desde los años 80 expone y colabora en revistas, libros y otras publicaciones. Seleccionada en la Muestra Internacional de Poesía Experimental Gerardo Diego, participó en una exposición homenaje a las Víctimas del Franquismo en el Museo de San Telmo en San Sebastián, participa en la Muestra Internacional de Poesía Experimental en Olerti Etxea o en la exposición colectiva de Poesía experimental Poesía visual hoy, celebrada en el Arenal Bilbaíno con motivo de la Feria del Libro de 2003. Colabora en la revistas Zurgai, Texturas, Veneno o El Fantasma de la Glorieta entre otras. Un monográfico de la revista Vértex ha sido dedicado a su poesía experimental.
Las composiciones de Julia Otxoa combinan casi siempre texto con imágenes manipuladas que producen un resultado parecido al de los antiguos calotipos, efecto utilizado para subrayar o reforzar la función poética en el sentido que la entiende Jakobson, es decir aquella que centra la atención sobre el mensaje, junto a lo que nos transmiten una idea de inversión de la realidad con las connotaciones pesimistas del color negro. Las imágenes suelen ser de objetos cotidianos o de elementos más o menos triviales que, conjugados con el texto que los acompaña, cumplen un papel metafórico o simbólico al servicio de mensajes con un fuerte contenido de crítica social por lo general. En “Diálogo”, por ejemplo, las siluetas de dos abrelatas colocados de determinada manera, con un texto como fondo que es una especie de diccionario euskera-castellano, nos recuerdan a ciertos personajes y el conjunto constituye una denuncia de la incomunicación entre otras cosas. “Piedad Férrea” muestra a un sacacorchos y una llave inglesa que por su disposición sobre el plano sugieren el tema de la “Pietá”, secular en el arte, de lo que resulta un sarcasmo de la sociedad industrial actual. En “Filosofía contemporánea”, la parte superior del poema está ocupada por un texto que simula un informe policial en el que se habla de los cuatro agujeros producidos en una víctima por los balazos. Debajo, un botón de cuatro agujeros. Los botones sirven para cerrar, igual que el informe policial cierra fríamente el caso.
Nieves Salvador nacida en Alcalá de Chivert en 1959 ha publicado cinco libros de poesía discursiva. Su obra visual está incluida en antologías como Poesía visual española ante el nuevo milenio, Phayum, poéticas visuales, Antología consultada de la poesía visual española, Poesía visual valenciana, La imagen de la palabra, Poesía para ver y La mirada llegida. Ha publicado en revistas como Texturas, Veneno, Cuadernos del Matemático, Hermes, El Paraíso, Phayum, etc… Además de en dos exposiciones individuales, “6temas para soñar” y “Momentos”, ha mostrado su obra en diversas colectivas en España y fuera de ella.
La técnica de Nieves Salvador es el collage elaborado a base de recortes de revistas y asistido en algún caso por herramientas informáticas. Aunque también en la obra de esta autora conviven letras e imágenes podemos afirmar que en este caso la imagen tiene mayor importancia que las grafías y las palabras, como podemos ver en “Medida de mujer”, “Fantasía española” o “Venenos”, composiciones en las que a través del uso de la metáfora, la ironía o la comparación, se tratan temas como la objetualización de la mujer en nuestra sociedad, los tópicos sobre España o la misma creación literaria. “La fuente del verso” es una poética en la que se equilibran letra e imagen, “Jaque al rey”, un grito de rebeldía femenina; “El pan nuestro”, una glosa de la máxima latina “Panem et circenses” con la que se denuncia la alienación y la ausencia de sentido crítico.
Tras esta somera lectura de la obra de nuestras autoras, debo matizar que se trata de una interpretación personal y, por tanto, de no más que un dedo que indica en medio de una compleja y riquísima selva de posibilidades. Pues yo creo que en la poesía, y mucho más en la poesía visual, siempre nos enfrentamos a obras abiertas cuya lectura es el resultado de la interacción entre emisor y receptor, proceso en el que ambos aportan datos configurando así el resultado final.
Espero que mi intervención no haya desagradado. Y creo que de ella podemos extraer una enseñanza. Es tiempo de que alguien se ocupe de significar el papel de las mujeres en la Poesía Experimental española. La publicación de una antología dedicada sólo a esto sería muy bienvenida. Muchas gracias por escucharme.
(Texto recogido en las ACTAS DEL VIII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MUJERES POETAS, "Voces y formas poéticas", Ed. Diputación Foral de Alava, 2006)