VEN EN EL VIENTO
En el lagar pequeño de mi mano
zumo de esquilas y naranjos tengo.
La vida se derrama por mis brazos.
Ven en el viento.
En el ala sombría de mi nuca
rumor de algas y de voces dejo.
Te abrirán los caminos de mi alma.
Ven en el viento.
Largos suspiros pasan. Me sacuden.
Y mis hojas son pájaros huyendo.
El tiempo va de huida y pisa y tala.
Ven en el viento.
INCLUSIONES EN UN ZAFIRO VIOLETA
Quizá en el territorio del zafiro
los puedas encontrar.
Se reconocen en la lejanía
de haber sido, sin ser jamás ni voz ni tiempo
sino sólo recuerdo que, como ciega, palpas
en la incierta pared de la memoria.
Siempre jóvenes son,
aunque las hojas de todos los otoños unidos
intenten acercárseles.
Pero nunca los tocan. Los años, con respeto, se arrodillan
en los umbrales del zafiro, que es urna y universo.
Tal vez la muerte, un día,
suprimirá el espacio en que dialogan
las sombras fieles de quienes nunca fuimos.
También, entonces, tú habrás muerto.
YO ME IRÉ COMO SI UN LARGO VIENTO ME CHUPARA HACIA ATRÁS...
Yo me iré como si un largo viento
me chupara hacia atrás,
hacia las sombras, hacia las fuentes mismas
de la vida.
Pero tú, entonces, dónde te quedarás. En qué
lejana orilla separado.
De qué verdad, de qué dolor mi lengua amarga
tendrá que convencerte.
De qué sangriento sol o qué silencios duros
me llenarán la boca.
Bajo qué ruedas de sombríos ramos
me quemarán los ojos...
Cómo podré decirlo cuando mi sangre,
inmóvil, no responda.
Si tendré que romperme en dos pedazos, yo,
la sola soledad que camina...
Y rota, qué trozo seré yo y cual no-yo.
Y dónde estarás tú. Y adónde habré de irme
no sabiendo
si junto a Dios hay pájaros o sombras.
(Del libro EN EL VIENTO HACIA EL MAR - 1959-2002. Fundación José Manuel Lara, Vandalia/maior, 2002)