Había atmósfera
perceptible al contraluz del bajo sol de invierno,
en la que flotaban ingrávidas
minúsculas notas de un piano,
que difuminaban, en la penumbra,
una figura contenida vestida de blanco.
En esa hora, sorda
en la que se ausenta el tiempo
unos pasos, madera sobre madera
pautaron como un metrónomo
la anchura de la sala
y la profundidad del momento.
Arañaron el brillante silencio
de la pátina añeja
de la tarima de rancio abolengo,
los penetrantes vibratos
de resina llorando
el machacón chicharreo
de una tarde de verano.
Los acordes del bosque
hincharon sus aletas nasales
y elevaron lentamente unos párpados
que permanecían bajos...
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Llegué aquí desde la web del grupo Sokaire. Un saludo sinestésico.
Ur.