Mi?rcoles, 28 de marzo de 2007
ROMANCE DE ABEN?MAR

-?Aben?mar, Aben?mar, moro de la morer?a,
el d?a que t? naciste grandes se?ales hab?a!
Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace no debe decir mentira.

All? respondiera el moro, bien oir?is lo que dir?a:
-Yo te lo dir?, se?or, aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro y una cristiana cautiva;
siendo yo ni?o y muchacho mi madre me lo dec?a
que mentira no dijese, que era grande villan?a:
por tanto, pregunta, rey, que la verdad te dir?a.
-Yo te agradezco, Aben?mar, aquesa tu cortes?a.
?Qu? castillos son aqu?llos? ?Altos son y reluc?an!

-El Alhambra era, se?or, y la otra la mezquita,
los otros los Alixares, labrados a maravilla.
El moro que los labraba cien doblas ganaba al d?a,
y el d?a que no los labra, otras tantas se perd?a.
El otro es Generalife, huerta que par no ten?a;
el otro Torres Bermejas, castillo de gran val?a.
All? habl? el rey don Juan, bien oir?is lo que dec?a:
-Si t? quisieses, Granada, contigo me casar?a;
dar?te en arras y dote a C?rdoba y a Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan, casada soy, que no viuda;
el moro que a m? me tiene muy grande bien me quer?a.

ROMANCE XIII EN QUE DO?A URRACA

-?Afuera, afuera, Rodrigo, el soberbio castellano!
Acord?rsete debr?a de aquel buen tiempo pasado
que te armaron caballero en el altar de Santiago,
cuando el rey fue tu padrino, t?, Rodrigo, el ahijado;
mi padre te dio las armas, mi madre te dio el caballo,
yo te calc? espuela de oro porque fueses m?s honrado;
pensando casar contigo, ?no lo quiso mi pecado!,
cas?stete con Jimena, hija del conde Lozano;
con ella hubiste dineros, conmigo hubieras estados;
dejaste hija de rey por tomar la de un vasallo.
En o?r esto Rodrigo volvi?se mal angustiado:
-?Afuera, afuera, los m?os, los de a pie y los de a caballo,
pues de aquella torre mocha una vira me han tirado!,
no tra?a el asta hierro, el coraz?n me ha pasado;
?ya ning?n remedio siento, sino vivir m?s penado!

BUEN CONDE FERN?N GONZ?LEZ

-Buen conde Fern?n Gonz?lez, el rey env?a por vos,
que vayades a las cortes que se hacen en Le?n,
que si vos all? vais, conde, daros han buen galard?n:
daros han a Palenzuela y a Palencia la mayor,
daros han las nueve villas, con ellas a Carri?n;
daros han a Torquemada, la torre de Mormoj?n;
buen conde, si all? no ides, daros h?an por traidor.
All? respondiera el conde y dijera esta raz?n:
-Mensajero eres, amigo; no mereces culpa, no;
que yo no he miedo al rey, ni a cuantos con ?l son;
Villas y castillos tengo, todos a mi mandar son:
de ellos me dej? mi padre, de ellos me ganara yo;
las que me dej? el mi padre pobl?las de ricos hombres,
las que me ganara yo pobl?las de labradores;
quien no ten?a m?s que un buey, d?bale otro, que eran dos;
al que casaba su hija doile yo muy rico don;
cada d?a que amanece por m? hacen oraci?n,
no la hac?an por el rey, que no lo merece, no,
?l les puso muchos pechos y quit?raselos yo.

ENTREVISTA DE BERNARDO CON EL REY

Con cartas sus mensajeros el rey al Carpio envi?:
Bernardo, como es discreto, de traici?n se recel?:
las cartas ech? en el suelo y al mensajero habl?:
-Mensajero eres, amigo, no mereces culpa, no,
mas al rey que ac? te env?a d?gasle t? esta raz?n:
que no le estimo yo a ?l ni aun a cuantos con ?l son;
mas por ver lo que me quiere todav?a all? ir? yo.
Y mand? juntar los suyos, de esta suerte les habl?:
-Cuatrocientos sois, los m?os, los que comedes mi pan:
los ciento ir?n al Carpio para el Carpio guardar,
los ciento por los caminos, que a nadie dejen pasar;
doscientos ir?is conmigo para con el rey hablar;
si mala me la dijere, peor se la he de tornar.
Por sus jornadas contadas a la corte fue a llegar:
-Dios os mantenga, buen rey, y a cuantos con vos est?n.
-Mal vengades vos, Bernardo, traidor, hijo de mal padre,
dite yo el Carpio en tenencia, t? t?maslo en heredad.
-Mentides, el rey, mentides, que no dices la verdad,
que si yo fuese traidor, a vos os cabr?a en parte;
acord?seos deb?a de aquella del Encinal,
cuando gentes extranjeras all? os trataron tan mal,
que os mataron el caballo y aun a vos quer?an matar;
Bernardo, como traidor, de entre ellos os fue a sacar.
All? me diste el Carpio de juro y de heredad,
promet?steme a mi padre, no me guardaste verdad.
-Prendedlo, mis caballeros, que igualado se me ha.
-Aqu?, aqu? los mis doscientos, los que comedes mi pan,
que hoy era venido el d?a que honra habemos de ganar.
El rey, de que aquesto viera, de esta suerte fue a hablar:
-?Qu? ha sido aquesto, Bernardo; que as? enojado te has?
?Lo que hombre dice de burla de veras vas a tomar?
Yo te d? el Carpio, Bernardo, de juro y de heredad.
-Aquestas burlas, el rey no son burlas de burlar;
llam?steme de traidor, traidor, hijo de mal padre:
el Carpio yo no lo quiero, bien lo pod?is vos guardar,
que cuando yo lo quisiere, muy bien lo sabr? ganar.

DE FRANCIA PARTI? LA NI?A

De Francia parti? la ni?a, de Francia la bien guarnida,
?base para Par?s, do padre y madre ten?a.
Errado lleva el camino, errada lleva la gu?a,
arrim?rase a un roble por esperar compa??a.
Vio venir un caballero que a Par?s lleva la gu?a.
La ni?a, desque lo vido, de esta suerte le dec?a:
-Si te place, caballero, ll?vesme en tu compa??a.
-Pl?ceme, dijo, se?ora, pl?ceme, dijo, mi vida.
Ape?se del caballo por hacerle cortes?a;
puso la ni?a en las ancas y ?l subi?rase en la silla.
En el medio del camino de amores la requer?a.
La ni?a, desque lo oyera, d?jole con osad?a:
-Tate, tate, caballero, no hag?is tal villan?a,
hija soy de un malato y de una malat?a,
el hombre que a mi llegase malato se tornar?a.
El caballero, con temor, palabra no respond?a.
A la entrada de Par?s la ni?a se sonre?a.
-?De qu? vos re?s, se?ora? ?De qu? vos re?s, mi vida?
-R?ome del caballero y de su gran cobard?a:
?tener la ni?a en el campo y catarle cortes?a!
Caballero, con verg?enza , estas palabras dec?a:
-Vuelta, vuelta, mi se?ora, que una cosa se me olvida.
La ni?a, como discreta, dijo: -Yo no volver?a,
ni persona, aunque volviese, en mi cuerpo tocar?a:
hija soy del rey de Francia y la reina Constantina,
el hombre que a m? llegase muy caro le costar?a.

ROMANCE X DE LA MUERTE DEL REY DON FERNANDO

Doliente estaba, doliente, ese buen rey don Fernando;
los pies tiene cara oriente y la candela en la mano.
A su cabecera tiene arzobispos y perlados;
a su man derecha tiene los sus hijos todos cuatro:
los tres eran de la reina y el uno era bastardo.
Ese que bastardo era quedaba mejor librado:
abad era de Sahagund, arzobispo de Santiago,
y del Papa cardenal, en las Espa?as legado.
-Si yo no muriera, hijo, vos fu?rades Padre Santo,
mas con la renta que os queda, bien podr?is, hijo, alcanzarlo

EL INFANTE ARNALDOS

?Quien hubiera tal ventura sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos la ma?ana de San Juan!
Andando a buscar la caza para su falc?n cebar,
vio venir una galera que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas, la ejarcia de oro terzal,
?ncoras tiene de plata, tablas de fino coral.
Marinero que la gu?a, diciendo viene un cantar,
que la mar pon?a en calma, los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo, arriba los hace andar;
las aves que van volando, al m?stil vienen posar.
All? hablo el infante Arnaldos, bien oir?is lo que dir?:
-Por tu vida, el marinero, d?gasme ora ese cantar.
Respondi?le el marinero, tal respuesta le fue a dar:
-Yo no canto mi canci?n sino a qui?n conmigo va.

ROMANCE DE ROSAFLORIDA

En Castilla est? un castillo, que se llama Rocafrida;
al castillo llaman Roca, y a la fonte llaman Frida.
El pie ten?a de oro y almenas de plata fina;
entre almena y almena est? una piedra zafira;
tanto relumbra de noche como el sol a mediod?a.
Dentro estaba una doncella que llaman Rosaflorida;
siete condes la demandan, tres duques de Lombard?a;
a todos les desde?aba, tanta es su lozan?a.
Enamor?se de Montesinos de o?das, que no de vista.
Una noche estando as?, gritos da Rosaflorida;
oy?rala un camarero, que en su c?mara dorm?a.
-"?Qu'es aquesto, mi se?ora? ?Qu'es esto, Rosaflorida?
"O tenedes mal de amores, o est?is loca sand?a."
-"Ni yo tengo mal de amores, ni estoy loca sand?a,
"mas llev?sesme estas cartas a Francia la bien guarnida;
"di?seslas a Montesinos, la cosa que yo m?s quer?a;
"dile que me venga a ver para la Pascua Florida;
"darle he siete castillos los mejores que hay en Castilla;
"y si de m? m?s quisiere yo mucho m?s le dar?a:
"darle he yo este mi cuerpo, el m?s lindo que hay en Castilla,
"si no es el de mi hermana, que de fuego sea ardida."

ROMANCE VIII CARTA DE DO?A JIMENA AL REY

En los solares de Burgos a su Rodrigo aguardando,
tan encinta est? Jimena, que muy cedo aguarda el parto;
cuando dem?s dolorida una ma?ana en disanto,
ba?ada en l?grimas tiernas, escribe al rey don Fernando:
"A vos, el mi se?or rey, el bueno, el aventurado,
el magno, el conquistador, el agradecido, el sabio,
la vuestra sierva Jimena, fija del conde Lozano,
desde Burgos os saluda, donde vive lacerando.
Perdon?desme se?or, que no tengo pecho falso,
y si mal talante os tengo, no puedo disimulallo.
?Qu? ley de Dios vos otorga que pod?is, por tiempo tanto
como ha que finc?is en lides, descasar a los casados?
?Qu? buena raz?n consiente que a mi marido velado
no le solt?is para m? sino una vez en el a?o?
Y esa vez que lo solt?is, fasta los pies del caballo
tan te?ido en sangre viene, que pone pavor mirallo;
y no bien mis brazos toca cuando se duerme en mis brazos,
y en sue?os gime y forcejea, que cuida que est? lidiando,
y apenas el alba rompe, cuando lo est?n acuciando
las esculcas y adalides para que se vuelva al campo.
Llorando vos lo ped? y en mi soledad cuidando
de cobrar padre y marido, ni uno tengo, ni otro alcanzo.
Y como otro bien no tengo y me lo habedes quitado,
en guisa lo lloro vivo cual si estuviese enterrado.
Si lo fac?is por honralle, asaz Rodrigo es honrado,
pues no tiene barba, y tiene reyes moros por vasallos.
Yo finco, se?or, encinta, que en nueve meses he entrado
y me pueden empecer las l?grimas que derramo.
Dad este escrito a las llamas, non se fega de ?l palacio,
que en malos barruntadores no me ser? bien contado."

ROMANCE DE DO?A ALDA

En Par?s est? do?a Alda, la esposa de don Rold?n,
trescientas damas con ella para la acompa?ar:
todas visten un vestido, todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa, todas com?an de un pan,
si no era do?a Alda, que era la mayoral;
las ciento hilaban oro, las ciento tejen cendal,
las ciento ta?en instrumentos para do?a Alda holgar.
Al son de los instrumentos do?a Alda dormido se ha;
enso?ando hab?a un sue?o, un sue?o de gran pesar.
Record? despavorida y con un pavor muy grande;
los gritos daba tan grandes que se o?an en la ciudad.
All? hablaron sus doncellas, bien oir?is lo que dir?n:
-?Qu? es aquesto, mi se?ora? ?qui?n es el que os hizo mal?
-Un sue?o so??, doncellas, que me ha dado gran pesar:
que me ve?a en un monte en un desierto lugar:
do so los montes muy altos un azor vide volar,
tras d?l viene una aguililla que lo ah?nca muy mal.
El azor, con grande cuita, meti?se so mi brial,
el aguililla, con gran ira, de all? lo iba a sacar;
con las u?as lo despluma, con el pico lo deshace.
All? habl? su camarera, bien oir?is lo que dir?:
-Aquese sue?o, se?ora, bien os lo entiendo soltar:
el azor es vuestro esposo que viene de all?n la mar,
el ?guila sedes vos, con la cual ha de casar,
y aquel monte es la iglesia, donde os han de velar.
-Si as? es, mi camarera, bien te lo entiendo pagar.
Otro d?a de ma?ana cartas de fuera le traen:
tintas ven?an por dentro, de fuera escritas con sangre,
que su Rold?n era muerto en caza de Roncesvalles.

ROMANCE DEL JURAMENTO QUE TOM? EL CID AL REY DON ALONSO

En santa ?gueda de Burgos, do juran los hijosdalgo,
le toman jura a Alfonso por la muerte de su hermano;
tom?basela el buen Cid, ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo
y con unos evangelios y un crucifijo en la mano.
Las palabras son tan fuertes que al buen rey ponen espanto;
-Villanos te maten, Alonso, villanos, que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo, que no sean castellanos;
m?tente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos, no con pu?ales dorados;
abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo;
capas traigan aguaderas, no de contray ni frisado;
con camisones de estopa, no de holanda ni labrados;
caballeros vengan en burras, que no en mulas ni en caballos;
frenos traigan de cordel, que no cueros fogueados.
M?tente por las aradas, que no en villas ni en poblado,
s?quente el coraz?n por el siniestro costado;
si no dijeres la verdad de lo que te fuere preguntando,
si fuiste, o consentiste en la muerte de tu hermano.
Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado.
All? habl? un caballero que del rey es m?s privado:
-Haced la jura, buen rey, no teng?is de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor, ni papa descomulgado.
Jurado hab?a el rey que en tal nunca se ha hallado;
pero all? hablara el rey malamente y enojado:
-Muy mal me conjuras, Cid, Cid, muy mal me has conjurado,
mas hoy me tomas la jura, ma?ana me besar?s la mano.
-Por besar mano de rey no me tengo por honrado,
porque la bes? mi padre me tengo por afrentado.
-Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado,
y no vengas m?s a ellas dende este d?a en un a?o.
-Pl?ceme, dijo el buen Cid, pl?ceme, dijo, de grado,
por ser la primera cosa que mandas en tu reinado.
T? me destierras por uno, yo me destierro por cuatro.
Ya se parte el buen Cid, sin al rey besar la mano,
con trescientos caballeros, todos eran hijosdalgo;
todos son hombres mancebos, ninguno no hab?a cano;
todos llevan lanza en pu?o y el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas con borlas de colorado.
Mas no le falt? al buen Cid adonde asentar su campo.

ROMANCE DE FONTEFRIDA

Fontefrida, Fontefrida, Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas van tomar consolaci?n,
si no es la tortolica que est? viuda y con dolor.
Por ah? fuera pasar el traidor del ruise?or,
las palabras que ?l dec?a llenas son de traici?n;
-Si tu quisieses, se?ora, yo ser?a tu servidor.
-Vete de ah?, enemigo, malo, falso, enga?ador,
que ni poso en ramo verde, ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara, turbia la beb?a yo;
que no quiero haber marido, porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos, ni menos consolaci?n.
D?jame, triste enemigo, malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no.

ROMANCE DE GERINELDO

Levant?se Gerineldo, que al rey dejara dormido,
fuese para la infanta donde estaba en el castillo.
-Abr?isme, dijo, se?ora, abr?isme, cuerpo garrido.
-?Qui?n sois vos, el caballero, que llam?is a mi postigo?
-Gerineldo soy, se?ora, vuestro tan querido amigo.
Tom?rala por la mano, en un lecho la ha metido,
y besando y abrazando Gerineldo se ha dormido.
Recordado hab?a el rey de un sue?o despavorido;
tres veces lo hab?a llamado, ninguna le ha respondido.
-Gerineldo, Gerinaldo, mi camarero pulido;
si me andas en traici?n, tr?tasme como a enemigo.
O dorm?as con la infanta o me has vendido el castillo.
Tom? la espada en la mano, en gran sa?a va encendido,
fu?rase para la cama donde a Gerineldo vido.
El quisi?ralo matar, mas criole de chiquito.
Sacara luego la espada, entrambos la ha metido,
porque desque recordase viese c?mo era sentido.
Recordado hab?a la infanta y la espada ha conocido.
-Recordados, Gerineldo, que ya ?rades sentido,
que la espada de mi padre yo me la he bien conocido.

ROMANCE XI DE LA INFANTA DO?A URRACA

-Morir vos queredes, padre, ?San Miguel vos haya el alma!
Mandastes las vuestra tierras a quien se vos antojara:
diste a don Sancho a Castilla, Castilla la bien nombrada,
a don Alfonso a Le?n con Asturias y Sanabria,
a don Garc?a a Galicia con Portugal la preciada,
?y a m?, porque soy mujer, dej?isme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra como una mujer errada;
mi lindo cuerpo dar?a a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, har? bien por vuestra alma.
All? preguntara el rey: -?Qui?n es esa que as? habla?
Respondiera el arzobispo: -Vuestra hija do?a Urraca.
-Calledes, hija, calledes, no digades tal palabra,
que mujer que tal dec?a merec?a ser quemada.
All? en tierra leonesa un rinc?n se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre, Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero, del otro pe?a tajada.
?Quien vos la quitare, hija, la mi maldici?n le caiga!
Todos dicen: "Amen, amen", sino don Sancho que calla.

P?RTESE EL MORO ALICANTE

P?rtese el moro Alicante v?spera de Sant Cebri?n;
ocho cabezas llevaba, todas de hombres de alta sangre.
S?belo el rey Almanzor, a receb?rselo sale;
aunque perdi? muchos moros, piensa en esto bien ganar.
Manda hacer un tablado para mejor las mirar,
mand? traer un cristiano que estaba en captividad.
Como ante s? lo trujeron empez?le de hablar,
d?jole: -Gonzalo Gustos, mira qui?n conocer?s;
que lidiaron mis poderes en el campo de Almenar:
sacaron ocho cabezas, todas son de gran linaje.
Respondi? Gonzalo Gustos: -Presto os dir? la verdad."
Y limpi?ndoles la sangre, asaz se fuera a turbar;
dijo llorando agramente: -?Con?scolas por mi mal!
la una es de mi carillo, ?las otras me duelen m?s!
de los Infantes de Lara son, mis hijos naturales.
As? razona con ellos como si vivos hablasen:
-?Dios os salve, el mi compadre, el mi amigo leal!,
?Ad?nde son los mis hijos que yo os quise encomendar?
Muerto sois como buen hombre, como hombre de fiar.
Tomara otra cabeza del hijo mayor de edad:
-S?lveos Dios, Diego Gonz?lez, hombre de muy gran bondad,
del conde Fem?n Gonz?lez alf?rez el principal:
a vos amaba yo mucho, que me hab?ades de heredar.
Alimpi?ndola con l?grimas volvi?rala a su lugar,
y toma la del segundo, Mart?n G?mez que llamaban:
-Dios os perdone, el mi hijo, hijo que mucho preciaba;
jugador era de tablas el mejor de toda Espa?a,
mesurado caballero, muy buen hablador en plaza.
Y dej?ndola llorando, la del tercero tomaba:
-Hijo Suero Gustos, todo el mundo os estimaba;
el rey os tuviera en mucho, s?lo para la su caza:
gran caballero esforzado, muy buen bracero a ventaja.
?Ruy G?mez vuestro t?o estas bodas ordenara!
Y tomando la del cuarto, lasamente la miraba:
-?Oh hijo Fern?n Gonz?lez, (nombre del mejor de Espa?a,
del buen conde de Castilla, aquel que vos baptizara)
matador de puerco esp?n, amigo de gran compa?a!
nunca con gente de poco os vieran en alianza.
Tom? la de Ruy G?mez, de coraz?n la abrazaba:
-?Hijo m?o, hijo m?o! ?qui?n como vos se hallara

ROMANCE I DICE C?MO EL CID VENG? A SU PADRE

Pensativo estaba el Cid - vi?ndose de pocos a?os
para vengar a su padre - matando al conde Lozano;
miraba el bando temido - del poderoso contrario
que ten?a en las monta?as - mil amigos asturianos;
miraba c?mo en la corte - de ese buen rey Don Fernando
era su voto el primero, - y en guerra el mejor su brazo;
todo le parece poco - para vengar este agravio,
el primero que se ha hecho - a la sangre de Lain Calvo;
no cura de su ni?ez, - que en el alma del hidalgo
el valor para crecer - no tiene cuenta a los a?os.
Descolg? una espada vieja - de Mudarra el castellano,
que estaba toda mohosa, - por la muerte de su amo.
"Haz cuenta, valiente espada, - que es de Mudarra mi brazo
y que con su brazo ri?es - porque suyo es el agravio.
Bien puede ser que te corras - de verte as? en la mi mano,
mas no te podr?s correr - de volver atr?s un paso.
Tan fuerte como tu acero - me ver?s en campo armado;
tan bueno como el primero, - segundo due?o has cobrado;
y cuando alguno te venza, - del torpe hecho enojado,
hasta la cruz en mi pecho - te esconder? muy airado.
Vamos al campo, que es hora - de dar al conde Lozano
el castigo que merece - tan infame lengua y mano."
Determinado va el Cid, - y va tan determinado,
que en espacio de una hora - mat? al conde y fue vengado.

ROMANCE DE LA DONCELLA GUERRERA

Pregonadas son las guerras de Francia para Arag?n,
?C?mo las har? yo, triste, viejo y cano, pecador!
?No reventaras, condesa, por medio del coraz?n,
que me diste siete hijas, y entre ellas ning?n var?n!
All? habl? la m?s chiquita, en razones la mayor:
-No maldig?is a mi madre, que a la guerra me ir? yo;
me dar?is las vuestras armas, vuestro caballo trot?n.
-Conocer?nte en los pechos, que asoman bajo el jub?n.
-Yo los apretar?, padre, al par de mi coraz?n.
-Tienes las manos muy blancas, hija no son de var?n.
-Yo les quitar? los guantes para que las queme el sol.
-Conocerante en los ojos, que otros m?s lindos no son.
-Yo los revolver?, padre, como si fuera un traidor.
Al despedirse de todos, se le olvida lo mejor:
-?C?mo me he de llamar, padre? -Don Mart?n el de Arag?n.
-Y para entrar en las cortes, padre ?c?mo dir? yo?
-Besoos la mano, buen rey, las cortes las guarde Dios.
Dos a?os anduvo en guerra y nadie la conoci?
si no fue el hijo del rey que en sus ojos se prend?.
-Herido vengo, mi madre, de amores me muero yo;
los ojos de Don Mart?n son de mujer, de hombre no.
-Conv?dalo t?, mi hijo, a las tiendas a feriar,
si Don Mart?n es mujer, las galas ha de mirar.
Don Mart?n como discreto, a mirar las armas va:
-?Qu? rico pu?al es ?ste, para con moros pelear!
-Herido vengo, mi madre, amores me han de matar,
los ojos de Don Mart?n roban el alma al mirar.
-Llevarasla t?, hijo m?o, a la huerta a solazar;
si Don Mart?n es mujer, a los almendros ir?.
Don Mart?n deja las flores, un vara va a cortar:
-?Oh, qu? varita de fresno para el caballo arrear!
-Hijo, arr?jale al regazo tus anillas al jugar:
si Don Mart?n es var?n, las rodillas juntar?;
pero si las separase, por mujer se mostrar?.
Don Mart?n muy avisado hubi?ralas de juntar.
-Herido vengo, mi madre, amores me han de matar;
los ojos de Don Mart?n nunca los puedo olvidar.
-Conv?dalo t?, mi hijo, en los ba?os a nadar.
Todos se est?n desnudando; Don Mart?n muy triste est?:
-Cartas me fueron venidas, cartas de grande pesar,
que se halla el Conde mi padre enfermo para finar.
Licencia le pido al rey para irle a visitar.
-Don Mart?n, esa licencia no te la quiero estorbar.
Ensilla el caballo blanco, de un salto en ?l va a montar;
por unas vegas arriba corre como un gavil?n:
-Adi?s, adi?s, el buen rey, y tu palacio real;
que dos a?os te sirvi? una doncella leal!.
?yela el hijo del rey, tr?s ella va a cabalgar.
-Corre, corre, hijo del rey que no me habr?s de alcanzar
hasta en casa de mi padre si quieres irme a buscar.
Campanitas de mi iglesia, ya os oigo repicar;
puentecito, puentecito del r?o de mi lugar,
una vez te pas? virgen, virgen te vuelvo a pasar.
Abra las puertas, mi padre, ?bralas de par en par.
Madre, s?queme la rueca que traigo ganas de hilar,
que las armas y el caballo bien los supe manejar.
Tras ella el hijo del rey a la puerta fue a llamar

EL INFANTE ARNALDOS

?Quien hubiera tal ventura sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos la ma?ana de San Juan!
Andando a buscar la caza para su falc?n cebar,
vio venir una galera que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas, la ejarcia de oro terzal,
?ncoras tiene de plata, tablas de fino coral.
Marinero que la gu?a, diciendo viene un cantar,
que la mar pon?a en calma, los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo, arriba los hace andar;
las aves que van volando, al m?stil vienen posar.
All? hablo el infante Arnaldos, bien oir?is lo que dir?:
-Por tu vida, el marinero, d?gasme ora ese cantar.
Respondi?le el marinero, tal respuesta le fue a dar:
-Yo no canto mi canci?n sino a qui?n conmigo va.
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