Jueves, 01 de marzo de 2007
SIESTA

Un zumbido de moscas anestesia la aldea.
El sol unta con f?sforo el frente de las casas,
y en el cauce reseco de las calles que sue?an
deambula un blanco espectro vestido de caballo.

Penden de los balcones racimos de glicinas
que agravan el aliento sepulcral de los patios
al insinuar la duda de que acaso est?n muertos
los hombres y los ni?os que duermen en el suelo.

La bondad so?olienta que trasudan las cosas
se expresa en las pupilas de un burro que trabaja
y en las ubres de madre de las cabras que pasan
con un son de cencerros que, al diluirse en la tarde,
no se sabe si a?n suena o ya es s?lo un recuerdo
?Es tan real el paisaje que parece fingido!


VUELO SIN ORILLAS

Abandon? las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles son?mbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas cat?strofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, rel?mpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero segu? volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascin? de muerte,
pero logr? evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todav?a el destino
de mundos fenecidos,
desorient? mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas par?bolas
y sus aureolas falsas;
pero segu? volando,
desesperadamente.

Me oprim?a lo fl?ido,
la limpidez maciza,
el vac?o escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero segu?a volando,
desesperadamente.

Ya no exist?a nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero segu?a volando,
desesperadamente.


?D?NDE?

?Me extravi? en la fiebre?
?Detr?s de las sonrisas?
?Entre los alfileres?
?En la duda?
?En el rezo?
?En medio de la herrumbre?
?Asombrado a la angustia,
al enga?o,
a lo verde?

No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.

No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
m?s all? de las normas,
m?s all? del misterio,
en el fondo del sue?o,
del eco,
del olvido.

No estaba.
?Estoy seguro!
No estaba.
Me he perdido.

Tags: Oliverio Girondo

Publicado por gala2 @ 7:50  | POEMAS
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