S?bado, 24 de febrero de 2007
COPLAS POR LA MUERTE DE SU PADRE


Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
c?mo se pasa la vida,
c?mo se viene la muerte
tan callando,
cu?n presto se va el placer,
c?mo, despu?s de acordado,
da dolor;
c?mo, a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
c?mo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se enga?e nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
m?s que dur? lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los r?os
que van a dar en la mar,
que es el morir;
all? van los se?or?os
derechos a se acabar
y consumir;
all? los r?os caudales,
all? los otros medianos
y m?s chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Invocaci?n:

Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;
A aqu?l s?lo me encomiendo,
aqu?l s?lo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conoci?
su deidad.

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
as? que cuando morimos
descansamos.

Este mundo bueno fue
si bien us?ramos de ?l
como debemos,
porque, seg?n nuestra fe,
es para ganar aqu?l
que atendemos.
Aun aquel hijo de Dios,
para subirnos al cielo
descendi?
a nacer ac? entre nos,
y a vivir en este suelo
do muri?.

Ved de cu?n poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdamos:
de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los m?s altos estados
desfallecen.

Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
el color y la blancura,
cuando viene la vejez,
?cu?l se para?
Las ma?as y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

Pues la sangre de los godos,
y el linaje y la nobleza
tan crecida,
?por cu?ntas v?as y modos
se pierde su gran alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
?por cu?n bajos y abatidos
que los tienen!
otros que, por no tener,
con oficios no debidos
se mantienen.

Los estados y riqueza
que nos dejan a deshora,
?qui?n lo duda?
no les pidamos firmeza,
pues son de una se?ora
que se muda.
Que bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.

Pero digo que acompa?en
y lleguen hasta la huesa
con su due?o:
por eso nos enga?en,
pues se va la vida apriesa
como sue?o;
y los deleites de ac?
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de all?,
que por ellos esperamos,
eternales.

Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores,
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando nuestro da?o,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el enga?o
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

Si fuese en nuestro poder
hacer la cara hermosa
corporal,
como podemos hacer
el alma tan glor?osa,
angelical,
?qu? diligencia tan viva
tuvi?ramos toda hora,
y tan presta,
en componer la cativa,
dej?ndonos la se?ora
descompuesta!

Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
por casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
as? que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,
as? los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque o?mos y le?mos
sus historias.
No curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
qu? fue de ello;
vengamos a lo de ayer,
que tambi?n es olvidado
como aquello.

?Qu? se hizo el rey don Juan?
Los infantes de Arag?n
?qu? se hicieron?
?Qu? fue de tanto gal?n,
qu? fue de tanta invenci?n
como trajeron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
?fueron sino devaneos?
?qu? fueron sino verduras
de las eras?

?Qu? se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
?Qu? se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
?Qu? se hizo aquel trovar,
las m?sicas acordadas
que ta??an?
?Qu? se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que tra?an?

Pues el otro, su heredero,
don Enrique, ?qu? poderes
alcanzaba!
?Cu?n blando, cu?n halag?e?o
el mundo con sus placeres
se le daba!
Mas ver?s cu?n enemigo,
cu?n contrario, cu?n cruel
se le mostr?;
habi?ndole sido amigo,
?cu?n poco dur? con ?l
lo que le dio!

Las d?divas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan febridas,
los enriques y reales
del tesoro;
los jaeces, los caballos
de sus gentes y atav?os
tan sobrados,
?d?nde iremos a buscallos?
?qu? fueron sino roc?os
de los prados?

Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor
se llam?,
?qu? corte tan excelente
tuvo y cu?nto gran se?or
le sigui?!
Mas, como fuese mortal,
meti?le la muerte luego
en su fragua.
?Oh, ju?cio divinal,
cuando m?s ard?a el fuego,
echaste agua!

Pues aquel gran Condestable,
maestre que conocimos
tan privado,
no cumple que de ?l se hable,
sino s?lo que lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
?qu? le fueron sino lloros?
?Qu? fueron sino pesares
al dejar?

Y los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
que a los grandes y medianos
trajeron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
que tan alta fue subida
y ensalzada,
?qu? fue sino claridad
que cuando m?s encendida
fue amatada?

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y varones
como vimos tan potentes,
di, muerte, ?d? los escondes
y traspones?
Y las sus claras haza?as
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando t?, cruda, te ensa?as,
con tu fuerza las aterras
y deshaces.

Las huestes innumerables,
los pendones, estandartes
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
?qu? aprovecha?
que si t? vienes airada,
todo lo pasas de claro
con tu flecha.

Aqu?l de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
y tan valiente;
sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros
pues que el mundo todo sabe
cu?les fueron.

Amigo de sus amigos,
?qu? se?or para criados
y parientes!
?Qu? enemigo de enemigos!
?Qu? maestro de esforzados
y valientes!
?Qu? seso para discretos!
?Qu? gracia para donosos!
?Qu? raz?n!
?Cu?n benigno a los sujetos!
?A los bravos y da?osos,
qu? le?n!

En ventura Octaviano;
Julio C?sar en vencer
y batallar;
en la virtud, Africano;
An?bal en el saber
y trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad
con alegr?a;
en su brazo, Aureliano;
Marco Tulio en la verdad
que promet?a.

Antonia P?o en clemencia;
Marco Aurelio en igualdad
del semblante;
Adriano en elocuencia;
Teodosio en humanidad
y buen talante;
Aurelio Alejandro fue
en disciplina y rigor
de la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el gran amor
de su tierra.

No dej? grandes tesoros,
ni alcanz? muchas riquezas
ni vajillas;
mas hizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
y sus villas;
y en las lides que venci?,
muchos moros y caballos
se perdieron;
y en este oficio gan?
las rentas y los vasallos
que le dieron.

Pues por su honra y estado,
en otros tiempos pasados,
?c?mo se hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos y criados
se sostuvo.
Despu?s que hechos famosos
hizo en esta misma guerra
que hac?a,
hizo tratos tan honrosos
que le dieron a?n m?s tierra
que ten?a.

Estas sus viejas historias
que con su brazo pint?
en juventud,
con otras nuevas victorias
ahora las renov?
en senectud.
Por su grande habilidad,
por m?ritos y ancian?a
bien gastada,
alcanz? la dignidad
de la gran Caballer?a
de la Espada.

Y sus villas y sus tierras
ocupadas de tiranos
las hall?;
mas por cercos y por guerras
y por fuerza de sus manos
las cobr?.
Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obr?
fue servido,
d?galo el de Portugal
y en Castilla quien sigui?
su partido.

Despu?s de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero;
despu?s de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero:
despu?s de tanta haza?a
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Oca?a
vino la muerte a llamar
a su puerta,

diciendo: "Buen caballero,
dejad el mundo enga?oso
y su halago;
vuestro coraz?n de acero,
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
y pues de vida y salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfu?rcese la virtud
para sufrir esta afrenta
que os llama.

No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esper?is,
pues otra vida m?s larga
de la fama glor?osa
ac? dej?is,
?aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera?;
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.

El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable
en que moran los pecados
infernales;
mas los buenos religiosos
g?nanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos y aflicciones
contra moros.

Y pues vos, claro var?n,
tanta sangre derramasteis
de paganos,
esperad el galard?n
que en este mundo ganasteis
por las manos;
y con esta confianza
y con la fe tan entera
que ten?is,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera
ganar?is."

No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad est?
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura.

Tags: Jorge Manrique

Publicado por gala2 @ 9:56  | POEMAS
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