Jueves, 22 de febrero de 2007
AUSENCIA

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un ?leo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

?Se te va todo, se nos va todo!
Se va mi voz, que te hac?a campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.

Se van mis gestos, que se devanaban,
en lanzaderas, delante tus ojos.

Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.

Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.

Me voy de ti con vigilia y con sue?o,
y en tu recuerdo m?s fiel ya me borro.

Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre ser?a y me fuese en las palmas
de tu labor y en tu boca de mosto.

Tu entra?a fuese y ser?a quemada
en marchas tuyas que nunca m?s oigo,
?y en tu pasi?n que retumba en la noche,
como demencia de mares solos!

?Se nos va todo, se nos va todo!

LOS SONETOS DE LA MUERTE

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajar? a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de so?ar sobre la misma almohada.

Te acostar? en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de ni?o dolorido,

Luego ir? espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvoreda de luna,
los despojos livianos ir?n quedando presos.

Me alejar? cantando mis venganzas hermosas,
?porque a ese hondor rec?ndito la mano de ninguna
bajar? a disputarme tu pu?ado de huesos!

II

Este largo cansancio se har? mayor un d?a,
y el alma dir? al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada v?a,
por donde van los hombres, contentos de vivir...

Sentir?s que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperar? que me hayan cubierto totalmente...
?y despu?s hablaremos por una eternidad!

S?lo entonces sabr?s el por qu? no madura
para las hondas huesas tu carne todav?a,
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

Se har? luz en la zona de los sinos, oscura:
sabr?s que en nuestra alianza signo de astros hab?a
y, roto el pacto enorme, ten?as que morir...

III

Malas manos tomaron tu vida desde el d?a
en que, a una se?al de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florec?a.
Malas manos entraron tr?gicamente en ?l...

Y yo dije al Se?or: - "Por las sendas mortales
le llevan ?Sombra amada que no saben guiar!
?Arr?ncalo, Se?or, a esas manos fatales
o le hundes en el largo sue?o que sabes dar!

?No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad.
Ret?rnalo a mis brazos o le siegas en flor".

Se detuvo la barca rosa de su vivir...
?Que no s? del amor, que no tuve piedad?
?T?, que vas a juzgarme, lo comprendes, Se?or!

LA CASA

La mesa, hijo, est? tendida,
en blancura quieta de nata,
y en cuatro muros azulea,
dando relumbres, la cer?mica.

Esta es la sal, ?ste el aceite
y al centro el Pan que casi habla.
Oro m?s lindo que oro del Pan
no est? ni en fruta ni en retama,
y da su olor de espiga y horno
una dicha que nunca sacia.

Lo partimos, hijito, juntos,
con dedos duros y palma blanda,
y t? lo miras asombrado
de tierra negra que da flor blanca.

Baja la mano de comer,
que tu madre tambi?n la baja.

Los trigos, hijo, son del aire,
y son del sol y de la azada;
pero este pan "cara de Dios"
no llega a mesas de las casas;

y si otros ni?os no lo tienen,
mejor, mi hijo, no lo tocar?s,
y no tomarlo mejor ser?a
con mano y mano avergonzadas.

* En Chile, el pueblo llama
al pan "cara de Dios."

LA FLOR DEL AIRE

Yo la encontr? por mi destino,
de pie a mitad de la pradera,
gobernadora del que pase,
del que le hable y que la vea.

Y ella me dijo: "Sube al monte.
Yo nunca dejo la pradera,
y me cortas las flores blancas
como nieves, duras y tiernas."

Me sub? a la ?cida monta?a,
busqu? las flores donde albean,
entre las rocas existiendo
medio dormidas y despiertas.

Cuando baj?, con carga m?a,
la hall? a mitad de la pradera,
y fui cubri?ndola fren?tica,
con un torrente de azucenas.

Y sin mirarse la blancura,
ella me dijo: "T? acarrea
ahora s?lo flores rojas.
Yo no puedo pasar la pradera."

Trepe las penas con el venado,
y busqu? flores de demencia,
las que rojean y parecen
que de rojez vivan y mueran.
Publicado por gala2 @ 11:32  | POEMAS
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
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Jueves, 22 de febrero de 2007 | 20:35
Me gustar?a que los olores, gustos, sensaciones y sentimientos hacia una persona nunca se ausentaran
Publicado por luis
Domingo, 25 de febrero de 2007 | 21:54
Una poes?a maravillosa.
Tan poca importancia que se da a Gabriela Mistrar comparada con Pablo Neruda es incomprensible.....
Publicado por daniel
Lunes, 05 de abril de 2010 | 1:48
son muym pocos