Domingo, 18 de febrero de 2007
A BLAS DE OTERO

Amigo Blas de Otero: Porque s? que t? existes,
y porque el mundo existe, y yo tambi?n existo,
porque t? y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.

Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un coraz?n podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los d?as cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia ?un residuo?,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.

Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y tambi?n por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ?cidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
todo esto ?t? sabes?, todo esto y lo otro.

T? sabes. No perdonas. Est?s ardiendo vivo.
La llama que nos duele quer?a ser un ala.
T? sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
T?, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes tambi?n por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.

Nuestra pena es tan vieja que quiz? no sea humana:
ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las monta?as convulsas, el ?ter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.

Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en s? mismo se pierde,
el coraz?n que insiste tartamudo afirmando.

Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que a?n dura.
He asumido en mi cuerpo la pasi?n, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
Soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.

Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy ni?o y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.

?Si fuera yo quien sufre! ?Si fuera Blas de Otero!
?Si s?lo fuera un hombre peque?ito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aqu? desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.

Invoco a los amantes, los m?rtires, los locos
que salen de s? mismos busc?ndose m?s altos.
Invoco a los valientes, los h?roes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y d?a a d?a ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.

Invoco a los que asaltan, hiri?ndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condici?n finita del hombre que en s? acaba,
la consecuencia estricta, los da?os absolutos.
Invoco a los que sufren rompi?ndose y amando.

T? tambi?n, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con l?mites absurdos,
con tu ciudad, tus d?as y un caer gota a gota,
con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Ir?nicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.

A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta incre?ble y remoto.
Hablo aqu? y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Son?mbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por l?cido ya loco.

Detr?s de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
id?ntica y distinta, real y a un tiempo extra?a.
Detr?s de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detr?s de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quiz? me da la vuelta y viene por mi espalda.

Hace a?n pocos d?as camin?bamos juntos
en el fr?o, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me dec?a: ?Ese es otro, un misterio.?

Habl?bamos distantes, in?tiles, correctos,
distantes y vac?os porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: ?Yo, t?, ?l, hoy, ma?ana?,
en esto que separa y es dolor sin remedio.

Tuvimos a?n que andar, cruzar calles vac?as,
desfilar ante casas quiz? nunca habitadas,
saber que una escalera por s? misma no acaba,
traspasar una puerta ?lo que es siempre asombroso?,
saludar a otro amigo tambi?n raro y humano,
esperar que dijeras ?era un milagro?: Dios al fin escuchaba.
Todo el dolor del mundo le atra?a a nosotros.

Las iras eran santas; el amor, atrevido;
los ?rboles, los rayos, la materia, las olas,
sal?an en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice ?s??, dije Dios sin pensarlo.

Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria med?a
como una boca hambrienta, qu? grande es la esperanza.

Con los cuatro elementos, m?s y menos que hombre,
sent? que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en ?l, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.

Por eso, amigo m?o, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordi?ndome las u?as,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.
Publicado por gala2 @ 3:08  | POEMAS
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios