No sé si son de aire
los invisibles ojos que me miran
asomados al mundo y esparcidos.
Ni por qué esas miradas tienen voces,
como voces de aire que se clavan,
que detienen mis pasos en la lucha
o aceleran mi marcha.
No sé por qué obedezco,
sin perderme en las sombras
ateridas, heladas.