lunes, 22 de enero de 2007
A TODO RIESGO


INCLUÍMOS AQUÍ LA RESEÑA QUE EN SU DÍA HICIMOS AL LIBRO DE NUESTRO AMIGO JOSÉ CARLOS BELTRÁN, fallecido el pasado mes de abril de 2006.


A todo riesgo de José Carlos Beltrán


Angela Serna


El pasado 27 de octubre de 2000, Francisco Pérez Belda presentó el libro A todo riesgo del poeta benicarlando José Carlos Beltrán en el Museo de Arqueología de Benicarló, de cuyas paredes sobresalía una muestra de poesía para ver de 24 poetas visuales.

Este libro de poemas visuales es el reflejo de un hombre, nacido hace 47 años, que sabe compaginar a la perfección su trabajo como Corredor de Seguros, la poesía en sus vertientes discursiva y visual, y su faceta de dinamizador cultural en el sentido más amplio, pues es fundador del grupo poético Espinela de Benicarló, editor de la revista de creación poética visual Phayum, junto con María Jesús Montía, director de la colección de libros de poesía y poesía visual Candela ... entre otras muchas cosas.

Amante de la poesía y de la poesía visual, José Carlos Beltrán tiene en su haber un buen número de libros entre los que cabe destacar El espejo en el olvido, Plumas de paloma, La voz y el fervor, Río de luz, Crisol de lunas, Transparente memoria... y ha participado en numerosas exposiciones de poesía visual y mail-art en España, Italia, Portugal, Alemania o Bélgica, apareciendo reseñado en varias antologías.

A todo riesgo es un libro que desde la portada, ilustrada con un poema visual del autor que muestra un barco velero surcando un mar de números con todas las velas desplegadas, invita al lector-receptor a lanzarse a la aventura. A partir de ahí, el autor intenta situarnos y sumergirnos en sus poemas por medio de una introducción en la que expone sus presupuestos sobre la poesía visual en general y sobre el libro que tenemos entre las manos en particular.

La distribución de los poemas, así como sus títulos, va trazando poco a poco la trayectoria personal del poeta y su acercamiento a la poesía visual. Partiendo de una declaración de intenciones: "Hay una poesía que se lee y otra poesía que simplemente se mira y llega...", José Carlos Beltrán asume que "la poesía visual es el ojo por el que vemos la vida en sus múltiples manifestaciones...", ojo crítico, irónico, tierno, y en ocasiones incierto, pero siempre consciente de que "la poesía visual es el encuentro de todas las voluntades", un encuentro destinado a "cambiar la trayectoria de la sociedad...": esa sociedad que a menudo no gusta al poeta y que le lleva a hacer afirmaciones categóricas: " Quien se encuentra satisfecho con su propio ego, nunca podrá llegar a ser un poeta visual por la falta de ansiedad de cambio..., por una saturación de conformismo interior que tan sólo puede desembocar en la autodestrucción ..."

Se puede estar o no de acuerdo con estas declaraciones del autor, pero lo que si parece quedar claro tras la lectura-contemplación del libro es que para José Carlos Beltrán la poesía visual es algo más que un modo de expresión y de comunicación con el mundo. Para él la poesía visual es un bote salvavidas, esa "respuesta a muchos de los interrogantes que la experiencia nos brinda".

En su libro, José Carlos Beltrán se muestra como un romántico que sigue creyendo en la paz y en la unión de las gentes a través del arte y la poesía, por eso piensa que "toda obra ignorada está inconclusa porque le falta esa razón de contacto intentando la unión entre creador (poeta) y receptor (lector) como un medio unificador en pro de la paz en toda su dimensión, desde el interior hacia lo universal."

Su relación con la poesía es casi una cuestión de fe que le hace sentirse, en cierta medida, responsable de la sociedad y del tiempo que le ha tocado vivir; de ahí que piense que "el poeta visual es un artista rasgando las fronteras de su imaginación para ofrecer obras de arte-testigos."

El libro va deshojando momentos de la vida del poeta en un intento de comunión con el universo. Por eso se abre con un autorretrato (los ojos del poeta) y se cierra, no podía ser de otro modo, con un balance (en el debe: los sueños, la paz, el amor, las ilusiones, la amistad, el trabajo, la verdad; en el haber: la poesía, la poesía, la poesía, la poesía. Todo ello rubricado con la huella del poeta en rojo). Entre ambos, la vida y la visión de la vida: una visión irónica, tierna, desgarrada, mística en ocasiones, dejando ver el otro lado de este hombre-poeta que no escatima energía ni tiempo para recrear el mundo desde la poesía visual. Y es que José Carlos Beltrán es capaz de todo por un poema o, mejor dicho, por hacer de la poesía un modus vivendi, pues la poesía es el refugio que le permite no caer en la tentación de cada día y le obliga a cuadrarse frente a la vida cada noche.

A todo riesgo está repleto de recurrencias formales, matéricas y temáticas que el poeta explora de manera casi obsesiva. En cuanto a la forma, por un lado, todos sus poemas se sitúan en el eje de la verticalidad, con una fuerte tendencia a lo elevado frente a lo subterráneo, incluso en los poemas más prosaicos y profanos: ¿necesidad de elevar la expresión hacia un punto en el espacio que comunique con lo más espiritual del universo?

Por otro lado, buen número de sus poemas aparecen enmarcados, siendo el rectángulo el más frecuente: ¿necesidad de acotar la expresión; de retener en un instante la visión poética; de detener el tiempo?

Los materiales utilizados por el poeta son también recurrentes, una suerte de obsesión que, probablemente, le ayude a liberarse de ataduras: ¿catarsis? Así, los ojos, los relojes, la cinta métrica, la baraja, la música: partituras, instrumentos musicales... constituyen los recursos más frecuentes del libro, en el que tiempo y espacio se dan la mano en un intento de descubrir el equilibrio que procura la felicidad. Poemas como "Autorretrato", "la poesía brinda por ti", "tiempo de lectura","inicio del filometro de la amistad", "música visual", "poética flamenca"... hasta un total de 13 poemas, dan muestra de las preferencias del poeta por los materiales citados.

En lo que se refiere a los temas, observamos que, con matices y connotaciones diferentes, la temática abordada por el poeta se centra en el tiempo: el paso del tiempo ("el tiempo en las manos"...), el tiempo que vivimos ("ese que nos ata"...), el tiempo de la amistad ("el filometro de la amistad"...), la música y su tempo ("música visual")... Lo que nos permite hablar nuevamente de obsesión. Es como si el poeta tuviese prisa para ver, para decir y, lo que es más importante, para vivir con intensidad cada momento de su vida.

En su conjunto, y en cada uno de los tramos del libro, se observa una coherencia y una lucidez propias de un hombre que vive intensamente y que toma partido ante la vida.
Desde el mirón-espectador del primer poema, acompañado por la poesía de la página siguiente personalizada en una sota de copas con una gran P por cabeza, asistimos, a través de una serie de alternancias y contrastes ("Tiempo de lectura"/"El tiempo en las manos"; "Amor nobel"/"La falsa inspiración", etc.) a la puesta en escena de las vivencias de un hombre que afirma que " la poesía visual es la llave que abre todas las puertas que el corazón se atreve a traspasar".

Espero que el lector-espectador se deje atrapar por esta propuesta visual que el poeta dedica a aquellos "creadores que con su amistad y el mensaje de su obra han abierto en mí un hombre nuevo, capaz de ilusionarse...".
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A todo riesgo, José Carlos Beltrán, Babilonia (Aula de Cultura), col. Pliegos de la visión 12, Navarres, 2000. e-mail: babilonia@xatired.com

Tags: iN MEMORIAM

Publicado por gala2 @ 13:49  | poesia visual
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