I
CUNNUS
¿Si una flor sola, sólo un ramillete,
un susurrar de rubio se desliza,
si sólo en este pliegue un oro iza
el vértice de luz de tu florete?
¡Si no puedo decirte "Ven" o "Vete",
si con mirarte mi ojo ya agoniza,
si tu pubis me borra como tiza,
si mi mástil navega ya sin flete!
¡Si sé decir que quiero que me digas
qué inflamarán en mí tus chimborazos,
de qué debo morir entre tus brazos
por la luz de los nardos y las higas,
de qué debo morir si en mí perdonas
la cortesía al aire que coronas
con la fulguración de tus espigas!
II
BROWN EYES
Me decías que el viento no tenía tus ojos.
En los altos del aire, la luz estremecida
arde con dos diamantes que me incendian la vida:
en tu mirada el sol ha encendido sus rojos.
De mi vida me quedan inflamados despojos
y porque tú me miras ha vuelto a ser mi vida:
por tus ojos no vivo la noche derruida
y no veo la muerte si me miro en tus ojos.
Así el tigre acosado, así la noche en llamas
se salvan si los miras y hacia tu luz los llamas,
como yo me he salvado del collar de la muerte:
en tus ojos me salvas y en tus ojos me amas,
voy entero al imán de tus ojos al verte;
dame, para vivir, esta luz que proclamas.
III
MA LIGNE DE CHANCE
Con el llavín del viento destejido,
con el aprendizaje de la luz,
me enseñas avivir: yo dispersaba
el oleaje del conocimiento
aquí y allá, por pálidas bahías
o bahías de fuego renegrido,
y, en las esquinas del deslumbramiento,
hacia mí mismo me raptó tu luz;
llegaré a ser quien soy porque tú quieres,
llegaré a ser quien soy porque tú eres,
como si hubiera muerto por nacer
en la resurrección de los estribos,
el jinete de plata, el bailarín
aquel que nunca fui, mas pude ser,
quien se dice al decir el que no era,
la primavera del que ya seré,
la primavera del resucitado
(Del poemario Amor en vilo, Seix Barral)